Planellas contra Sanz Montes, o la cansina mentira de la Sinodalidad
por Jaime Gurpegui |
Los obispos progres llevan años recitando el mantra de la “sinodalidad”. Una palabra mágica que, según ellos, significa apertura, escucha, caminar juntos, pluralidad de voces… todo muy bonito, hasta que aparece alguien que osa discrepar. Entonces, la sinodalidad se convierte en un garrote.
Joan Planellas, arzobispo de Tarragona, entrevistado en El País, nos deja una perla sobre su hermano en el episcopado, monseñor Jesús Sanz Montes, que llamó “moritos” a los musulmanes. Planellas sentencia: “No fue muy correcto. Él sabrá qué tiene que decir, pero disiente de la visión mayoritaria de la Conferencia Episcopal”.
Traduzcamos: la sinodalidad consiste en escuchar a todos, menos al que no repite el discurso de apertura migratoria. A ese se le señala, se le margina y se le desautoriza públicamente. Bienvenidos al nuevo régimen de pensamiento único dentro de la Iglesia.
El mismo Planellas que pide “rebajar la polarización” y recuperar “la capacidad de dialogar” muestra que ese diálogo solo es válido mientras nadie toque los dogmas progresistas: migración, ecología, feminismo e ideología de la acogida ilimitada.
En cuanto alguien plantea una visión distinta —aunque sea otro obispo, con décadas de ministerio—, se activa la trituradora: no está en la “visión mayoritaria”, ergo queda fuera del juego.
Esto no es sinodalidad, es totalitarismo clerical con olor a incienso barato. Se invoca la pluralidad para imponer la unanimidad, se habla de escuchar para luego tapar bocas, se predica el respeto mientras se humilla al que piensa distinto.
La sinodalidad de la que presume Planellas no es caminar juntos, sino marchar en fila detrás del discurso único. Y cuando un obispo como Sanz Montes se atreve a hablar con libertad, la respuesta no es diálogo, sino marginación. Así se fabrica, bajo capa de Evangelio, una Iglesia monocolor donde el único pecado es discrepar del mundo.