La mañana del 21 de agosto, la Vía della Conciliazione fue testigo de una procesión imponente: cientos de sacerdotes de la Fraternidad Sacerdotal de San Pío X, seguidos por miles de fieles, caminaron hacia la basílica de San Pedro para atravesar la Puerta Santa. Con ello culminaba la peregrinación jubilar que, durante varios días, ha congregado a miembros de la Fraternidad en distintos actos de oración y devoción en Roma.
El momento tuvo una carga simbólica de primer orden. No se trató solo de un gesto de sus superiores, sino de toda la institución: sacerdotes, religiosos, seminaristas y fieles que, con fe y disposición, manifestaron públicamente respeto, adhesión y fidelidad a la Iglesia. Entre los presentes estuvieron los obispos Bernard Fellay y Alfonso de Galarreta, dos de los prelados consagrados en 1988 por Mons. Marcel Lefebvre, cuya sola presencia subraya la importancia del acto para la historia reciente de la Fraternidad.
El relato de estos días ha sido claro: no hubo confrontación, ni gestos de desafío, sino una peregrinación marcada por la oración y el respeto. La FSSPX quiso mostrarse no como un cuerpo ajeno, sino como parte de la Iglesia que peregrina, con una identidad propia pero con una voluntad explícita de unidad.
La procesión hacia San Pedro fue el broche de una peregrinación que evidenció dos realidades: la tradición y la Misa de siempre son fuente viva de vocaciones y comunidades, y el pueblo fiel que sigue a la Fraternidad no camina en rebeldía, sino en fidelidad y deseo de comunión.
En un tiempo en que documentos como Traditionis Custodes han generado división y desconfianza, la marcha de hoy mostró un camino distinto: el de la adhesión desde la tradición. Ese gesto, realizado en pleno corazón de la cristiandad, merece una respuesta integradora de Roma.
La unidad no se logrará marginando a quienes han conservado la liturgia de los siglos, sino reconociendo que allí florece vida. La imagen de hoy en la Vía della Conciliazione no es solo una fotografía impactante: es una llamada a la Iglesia universal a volver a la comunión desde sus raíces más profundas.
