A veces uno piensa que la teología es el estudio de Dios, de su misterio, de su acción en el mundo.
Luego aparece un profesor de la Universidad Pontificia Comillas —esa cantera de teología aguada y progresista—
y confirma que, en realidad, lo que algunos practican no es teología, sino
ateísmo subvencionado con dinero eclesial.
El profesor Pedro Castelao, director de la revista Encrucillada,
se ha permitido el lujo de burlarse públicamente de la oración cristiana.
En su cuenta de X, ridiculizó a quienes rezan a Dios para pedir lluvia o el fin de los incendios,
asegurando que esa “mala teología hace absurda y ridícula la fe”.
Como si el problema de la fe fueran los que rezan, y no los que enseñan sin creer.
Un teólogo que no cree en la eficacia de la oración es como un médico que niega la existencia de la salud,
o un juez que reniega de la justicia. Castelao no se limita a expresar una duda personal:
mina directamente la fe de los fieles y convierte su cátedra en un púlpito de escepticismo barato.
De la burla a la herejía cotidiana
Que un teólogo progresista cuestione los dogmas ya no sorprende. Que se ría de la plegaria cristiana, tampoco.
Lo nuevo es que lo haga con una suficiencia altanera, revestida de título universitario,
y que todavía se le permita seguir enseñando a jóvenes seminaristas y estudiantes de teología.
¿De verdad alguien cree que un alumno puede salir fortalecido en la fe después de pasar por las clases
de un profesor que considera absurdo rezar?
Lo que Castelao no entiende —o no quiere entender— es que la oración no es magia,
ni se mide en eficacia utilitarista. Pedir lluvia no es encender una manguera celestial,
sino reconocer la dependencia del hombre frente a Dios.
Pero claro, para ver eso hace falta fe, y a algunos les queda solo el sueldo a fin de mes.
Hora de actuar: retirar licencias
La Iglesia española y la Universidad Pontificia Comillas tienen aquí una responsabilidad clara.
No se puede tolerar que un profesor de teología ridiculice la oración cristiana y siga formando a futuros sacerdotes o teólogos.
La teología sin fe se convierte en filosofía barata con sotana prestada.
Por eso, pedimos que se le retiren las licencias para enseñar teología.
Que siga escribiendo en su revista progresista, que dé charlas en asociaciones laicistas si quiere,
pero no en nombre de la Iglesia ni con el aval de una universidad pontificia.
La fe de los sencillos no merece este desprecio; y la teología, si todavía significa algo, exige al menos un mínimo de coherencia:
no enseñar contra lo que uno debería creer.

