Cinco riesgos de confundir libertad religiosa con equiparación de estatus entre religiones

Cinco riesgos de confundir libertad religiosa con equiparación de estatus entre religiones
En los últimos días, la Conferencia Episcopal Española y prelados como José Ignacio Munilla o el obispo de Tarragona, separatista y ferviente proucraniano, han hablado de la libertad religiosa como si implicara una igualdad plena de todas las confesiones. Este planteamiento omite un hecho esencial: en España, el catolicismo no es una religión más, sino la fe que ha dado forma a su historia, su cultura y sus instituciones.
Confundir libertad con equiparación es un error peligroso, que puede derivar en cambios profundos en nuestra vida pública. Estos son a modo de ejemplo cinco riesgos directos e inminentes si se aplicase la forma de entender la libertad religiosa de los prelados españoles:

1. Transformación del paisaje urbano

El horizonte de nuestras ciudades se dibuja con campanarios, espadañas y cruces. La equiparación plena permitiría la instalación de minaretes en condiciones idénticas y la emisión del adhan (llamada a la oración) por altavoces cinco veces al día. Esto no sería anecdótico: modificaría la sonoridad habitual de barrios enteros y alteraría una fisonomía urbana forjada durante siglos.

2. Reconfiguración del espacio público

Calles, plazas y parques de España están presididos por imágenes marianas, cruces, santos y monumentos que narran nuestra historia. En un régimen de igualdad estricta, habría que autorizar placas coránicas en árabe, esculturas con motivos islámicos o elementos arquitectónicos inspirados en mezquitas. Esto produciría un espacio simbólico fragmentado, donde ya no existiría una identidad visual predominante.

3. Alteración del calendario festivo

El calendario laboral y escolar está anclado en festividades cristianas: Navidad, Semana Santa, patronos nacionales y locales. Con la equiparación, habría que secularizar las fiestas para no discriminar o repartir el calendario, sustituyendo, por ejemplo, Santiago Apóstol por el Eid al-Adha o el Eid al-Fitr. Se perdería así la continuidad cultural y la cohesión que aportan las celebraciones compartidas.

4. Igualdad plena en educación y servicios públicos

El concierto educativo con instituciones católicas reconoce una labor histórica y una red consolidada. La equiparación obligaría a financiar centros islámicos en las mismas condiciones. Lo mismo sucedería en hospitales, cárceles y otros servicios públicos, donde se debería integrar imanes junto a capellanes, adaptando espacios y recursos a ritos y necesidades específicas.

5. Uniformización en ceremonias oficiales y vida castrense

En inauguraciones, fiestas patronales o actos institucionales, la tradición católica está presente en bendiciones, procesiones y referencias litúrgicas. En las Fuerzas Armadas y Cuerpos de Seguridad, el culto católico ha acompañado históricamente la vida militar y policial, con capellanes, patronos y ceremonias propias. La equiparación exigiría incorporar oraciones islámicas en actos públicos y presencia regular de imanes en las unidades, transformando símbolos y protocolos que hasta ahora reforzaban la cohesión cultural. ¿El desfile de la hispanidad debería empezar con una breve oración mirando a la Meca?

El ejemplo ponderado no es difícil. En la España de Franco se construyeron mezquitas y cementerios musulmanes cuando había comunidades que lo necesitaban, pero sin renunciar a la primacía católica en la vida pública. Hoy se echa en falta una jerarquía formada como el sacerdote y arabista Miguel Asín Palacios, profundo conocedor del Islam que nunca confundió la libertad de culto con una igualdad simbólica que diluyera nuestra raíz católica. La libertad se ejerce mejor cuando se protege el marco cultural que la ha hecho posible y las expresiones de fe ajenas a España deben ser protegidas, pero nunca se pueden equiparar ni desarrollar sin límites que pongan en peligro la identidad de nuestras ciudades.

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