Una iglesia cisterciense convertida en escenario para un concierto profano

Una iglesia cisterciense convertida en escenario para un concierto profano

La Iglesia Monasterial de Santa María de Meira, templo cisterciense del siglo XIII y joya del patrimonio religioso gallego, fue escenario el pasado 7 de agosto de un concierto del grupo Luar Na Lubre, referente de la música folclórica gallega y celta. El evento, promovido por el Concello de Meira y otras entidades, instaló en pleno presbiterio un montaje con teclados, percusión, micrófonos, focos de colores y proyecciones lumínicas, transformando el altar mayor en un escenario.

Las imágenes publicadas por el propio Concello muestran a los músicos actuando frente al retablo mientras el público, sentado en los bancos, grababa con sus móviles en un ambiente propio de un auditorio, pero dentro de un espacio consagrado.

Música folclórica y celta: cultura, pero profana

Fundado en La Coruña en 1986, Luar Na Lubre ha llevado la música gallega y celta a más de 35 países, colaborando con artistas internacionales como Mike Oldfield —quien versionó su tema O Son do Ar (El sonido del aire)— y recibiendo en 2025 la Medalla Castelao, uno de los máximos reconocimientos culturales de Galicia.

Su nombre significa “resplandor de la luna en el bosque sagrado” en gallego, pero su repertorio está formado por canciones populares, melodías celtas y piezas festivas sin contenido litúrgico, lo que las sitúa en el ámbito de la música profana. Su calidad artística no está en discusión; la cuestión es si resulta apropiado interpretarla en un templo católico.

Lo que manda la Iglesia

El Canon 1210 del Código de Derecho Canónico establece que:

“En un lugar sagrado sólo puede permitirse aquello que sirva para ejercer o favorecer el culto, la piedad o la religión; se prohíbe lo que no esté en consonancia con la santidad del lugar, salvo autorización expresa del Ordinario en casos concretos.”

La instrucción para conciertos en las Iglesias (1987) de la Congregación para el Culto Divino señala que los conciertos en templos deben ser preferentemente de música sacra o, al menos, no contraria a la fe y la moral, y que el altar y el presbiterio no pueden utilizarse como escenario ni alterarse con elementos propios de un espectáculo mundano. Toda excepción requiere la aprobación formal del Ordinario (obispo) y debe preservar siempre la dignidad del templo.

La reacción de los feligreses

Entre los católicos de la localidad, las opiniones están divididas. Un feligrés denunció:

“En la iglesia parroquial de Meira… se celebran con cierta frecuencia conciertos profanos. No sé si es con permiso expreso del obispo… pero no es de recibo que se utilice un lugar sagrado para estos eventos.”

Por el contrario, otros aplaudieron la iniciativa. En redes sociales, una feligresa agradeció:

“¡Gracias ó noso señor párroco por deixarnos vivir, na nosa igrexa, estos inolvidables momentos!!” (¡Gracias a nuestro señor párroco por dejarnos vivir, en nuestra iglesia, estos inolvidables momentos!)

La propia página oficial de Turismo de Meira calificó la noche como “memorable” y prometió repetir la experiencia.

El Magisterio es claro

San Juan Pablo II recordó en Spiritus et Sponsa (El Espíritu y la Esposa, 2003) que “el templo cristiano es lugar de presencia de Cristo en el Santísimo Sacramento y debe reflejar esa verdad en su uso y disposición”. El Catecismo de la Iglesia Católica (n. 1180) enseña que la iglesia es casa de oración y signo de la Iglesia que vive en un lugar, no un recinto polivalente. Cuando se convierte el altar en escenario para un concierto profano, por muy cultural que sea, se corre el riesgo de vaciar el templo de su verdadero sentido.

Cultura sí, pero no a costa de lo sagrado

El caso de Meira no es un ataque a la música ni a la cultura gallega, sino una advertencia sobre la banalización de los lugares consagrados. El patrimonio eclesial no se preserva convirtiéndolo en un auditorio, sino manteniendo viva la razón por la que fue creado: dar gloria a Dios. Un templo no es un escaparate cultural, sino la casa de Cristo, y usarlo para fines ajenos al culto es, cuanto menos, una grave falta de discernimiento pastoral.

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