En un nuevo episodio que refleja el creciente clima de hostilidad contra los cristianos en la India, Gopichand Padalkar, miembro de la Asamblea Legislativa de Maharashtra y representante del Bharatiya Janata Party (BJP) —la misma formación política del primer ministro Narendra Modi—, ha ofrecido recompensas económicas por actos de violencia contra el clero católico.
Según denunció Catholic Arena en la red social X, Padalkar habría prometido 350.000 rupias (unos 3.800 euros) a quien agreda físicamente a un sacerdote católico y 1 millón de rupias (cerca de 10.800 euros) a quien lo asesine. Estas palabras, que por sí mismas constituyen un llamamiento directo al odio y al crimen, se suman a una larga lista de declaraciones públicas en las que el político ridiculiza los fundamentos de la fe cristiana.
Mentiras repetidas: el pretexto de las “conversiones forzadas”
Padalkar no se limita a incitar a la violencia; también ha recurrido a una vieja táctica propagandística en la India: acusar a la Iglesia de realizar “conversiones forzadas”. En un mitin celebrado en Kupwad, Sangli, llegó a vincular el suicidio de una mujer en Jalna con supuestas actividades de misioneros cristianos.
Estas acusaciones son tan graves como infundadas. En un país donde la libertad religiosa está reconocida en la Constitución, la Iglesia católica no obliga a nadie a recibir el bautismo. Quienes se convierten lo hacen tras un proceso de formación y discernimiento que puede durar años, movidos por su encuentro personal con Cristo y no por coacciones externas. Sin embargo, ciertos grupos protestantes radicales y sectores nacionalistas hindúes repiten estas imputaciones para justificar persecuciones y leyes discriminatorias.
El cinismo de burlarse de la fe
En uno de sus comentarios más blasfemos, Padalkar retó públicamente a Jesucristo:
Si Jesús realmente puede hacer milagros, que me destituya de mi cargo, entonces les escucharé. Pero Él no hace nada. Entonces, ¿por qué todas estas protestas?
Este tipo de desafío no es solo una provocación, sino un intento deliberado de ridiculizar la fe para humillar públicamente a sus creyentes. Quien mide la verdad de Dios por criterios políticos o por conservar un cargo público no entiende el Evangelio: Cristo no vino para destronar legisladores, sino para salvar almas.
Una respuesta tibia de las autoridades
A pesar de las protestas pacíficas de más de 5.000 cristianos y ciudadanos de otras religiones en todo Maharashtra, incluidas concentraciones en Mumbai, las autoridades no han actuado de oficio contra Padalkar. El Tribunal Superior de Mumbai ha admitido un litigio de interés público (PIL) presentado por el activista Melwyn Fernandes, que exige la apertura de un Primer Informe Informativo (FIR) por incitación al odio y a la violencia, en virtud de los artículos 153A, 196, 351, 74 y 352 del Bharatiya Nyaya Sanhita, 2023.
La inacción de la magistratura hasta ahora refuerza la percepción de que existe un amparo político a este tipo de discursos, debilitando la confianza de los fieles en la justicia y alentando la impunidad.
Un clima político que margina a los conversos
Esta escalada contra la comunidad cristiana se produce en paralelo a una medida del ministro principal de Maharashtra, Devendra Fadnavis, que priva a los dalits convertidos al cristianismo o al islam de los beneficios reservados a las castas registradas. Esta política, respaldada por un fallo del Tribunal Supremo de noviembre de 2023, mantiene los privilegios solo para dalits budistas, hindúes y sijs. En la práctica, es un castigo legal a la libertad de conciencia y un intento de disuadir a quienes, por convicción personal, deciden abrazar el cristianismo.
La Iglesia ante la persecución
El caso Padalkar revela una verdad incómoda: en la India de hoy, ser católico implica un riesgo real de sufrir violencia, difamación y discriminación institucional. Frente a las calumnias sobre “conversiones forzadas” y las amenazas a los sacerdotes, la respuesta de la Iglesia no es la venganza, sino la fidelidad al mandato de Cristo: anunciar el Evangelio con amor, incluso a quienes lo rechazan.
El mundo debería preguntarse qué pasaría si un político europeo ofreciera dinero por matar a imanes o rabinos. La condena sería unánime. Pero cuando las víctimas son sacerdotes católicos, las reacciones internacionales suelen ser tibias. Callar ante esto es aceptar que la sangre de un cristiano vale menos que la de otros
Fuentes: AsiaNews, Catholic Arena (X)
