El Papa León XIV ha dirigido un enérgico mensaje a los participantes del Tercer Congreso de la Red Católica Panafricana de Teología y Pastoral, que se celebra en Abiyán, Costa de Marfil. En su videomensaje, el Pontífice animó a obispos, teólogos, pastores y fieles a “caminar juntos en la esperanza” y a convertir la Iglesia africana en un “faro para las naciones”.
El encuentro —que se desarrolla del 5 al 10 de agosto en la Universidad Católica de África Occidental— ha reunido a cientos de líderes eclesiales de todo el continente con el objetivo de reflexionar sobre el futuro de la Iglesia en África, su papel evangelizador y su capacidad de irradiar esperanza en medio de las dificultades que azotan a muchas de sus regiones.
La Iglesia como faro en medio de la oscuridad
Lejos de ofrecer una visión complaciente, el Papa ha reconocido sin ambigüedades que África “enfrenta una serie de dificultades particulares”, que van desde conflictos armados y crisis económicas hasta la expansión de ideologías secularistas que amenazan el tejido cultural y religioso del continente. Sin embargo, ha insistido en que no hay espacio para el desánimo: es precisamente en medio de las pruebas donde la Iglesia está llamada a ser “la luz del mundo, una ciudad asentada sobre una colina”.
Construir redes entre Iglesias locales
Uno de los ejes más concretos del mensaje papal fue su llamado a “construir la familia de las Iglesias locales”, promoviendo redes de apoyo entre diócesis, comunidades y realidades eclesiales. Este tejido fraterno —afirmó— es esencial no sólo para la vida interna de la Iglesia, sino también como testimonio social ante un mundo fragmentado.
“La familia —recordó— es el primer lugar donde aprendemos a amar, a superar las pruebas y a perseverar. Por eso, las Iglesias deben funcionar como verdaderas familias espirituales, especialmente para quienes viven en las periferias”.
La unidad entre teología y pastoral, clave para la misión
Antes de concluir su mensaje, el Papa invitó a los participantes a no separar la reflexión teológica del trabajo pastoral. “Debemos vivir lo que creemos”, advirtió. Y exhortó a implementar programas que muestren cómo las enseñanzas de la Iglesia pueden “abrir los corazones y las mentes a la verdad y al amor de Dios”.
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Dejamos a su disposición el mensaje completo y traducido del papa:
Queridos amigos,
Envío un cordial saludo a todos ustedes que participan en el tercer Congreso Católico Panafricano sobre Teología, Sociedad y Vida Pastoral. Agradezco a los organizadores su arduo trabajo en la preparación de este importante encuentro. También ofrezco mis oraciones a los obispos, teólogos, líderes pastorales, jóvenes y todos los fieles laicos que se han reunido para reflexionar sobre el futuro de la Iglesia en África.
Hace tres años, con motivo del segundo Congreso, el papa Francisco habló de la importancia de la fe. Ahora, en el marco del Jubileo de este año, celebramos otra virtud teologal: la esperanza. Quizás a veces se da más importancia a las virtudes de la fe y la caridad; sin embargo, la esperanza tiene un papel vital en nuestra peregrinación terrenal. De hecho, puede considerarse la virtud que une a las otras dos. En cierto sentido, la fe y la teología proporcionan la base para conocer a Dios, mientras que la caridad es la vida de amor que disfrutamos con él. Sin embargo, es por la virtud de la esperanza que deseamos alcanzar la plenitud de esta felicidad en el cielo. Así, nos inspira y nos sostiene para acercarnos más a Dios incluso cuando nos enfrentamos a las dificultades de la vida.
Como bien saben, África, como cualquier otra parte del mundo, se enfrenta a sus propias dificultades particulares. Ante estos desafíos y la percepción de que las cosas no cambian, es fácil desanimarse. Sin embargo, es precisamente el papel de la Iglesia ser la luz del mundo y una ciudad situada en una colina, para ser un faro de esperanza para las naciones.
En este sentido, el tema de su Congreso es particularmente relevante: «Caminar juntos con esperanza como Iglesia Familia de Dios en África». Si bien cada uno de nosotros está llamado a cultivar su propia relación personal con Dios, al mismo tiempo, a través de nuestro bautismo, estamos unidos como hijos e hijas de nuestro Padre Celestial. Por lo tanto, tenemos cierta responsabilidad de cuidarnos unos a otros. De hecho, la familia es normalmente el primer lugar donde recibimos el amor y el apoyo que necesitamos para avanzar y superar las pruebas que se nos presentan en la vida. Por esta razón, les animo a seguir construyendo la familia de las Iglesias locales en sus diversos países y zonas, para que existan redes de apoyo disponibles para todos nuestros hermanos y hermanas en Cristo, y también para la sociedad en general, especialmente para los que se encuentran en las periferias.
Por último, queridos amigos, quisiera subrayar la importancia de ver la unidad entre la teología y el trabajo pastoral. Tenemos que vivir lo que creemos. Cristo nos dijo que no vino simplemente para darnos la vida, sino para dárnosla en plenitud. Por lo tanto, es tarea suya trabajar juntos para poner en práctica programas pastorales que demuestren cómo las enseñanzas de la Iglesia ayudan a abrir los corazones y las mentes de las personas a la verdad y al amor de Dios.
Encomiendo a ustedes y a su trabajo a la intercesión de la Santísima Virgen María, Madre de la Iglesia, para que guíe e inspire sus esfuerzos. Y que la bendición de Dios Todopoderoso, Padre y Hijo, y del Espíritu Santo descienda sobre ustedes y permanezca con ustedes para siempre. Amén.
