El Jubileo de los Jóvenes, uno de los actos centrales del Año Santo convocado por el papa León XIV, quedó marcado por la muerte de una joven egipcia de 18 años que perdió la vida de forma repentina a causa de un paro cardíaco mientras se encontraba en un autobús que la trasladaba, junto a otros peregrinos, hacia la parroquia de Artena, en la provincia de Roma, donde iba a hospedarse durante el evento.
La noticia, confirmada por medios italianos y fuentes vaticanas, generó una profunda conmoción entre los miles de jóvenes congregados en la capital italiana para participar en las celebraciones jubilares. El ambiente festivo se vio empañado por el dolor ante la inesperada pérdida de una de las peregrinas.
El papa León XIV expresó su «profundo dolor» y se reunió con los peregrinos egipcios
La Santa Sede informó mediante un comunicado que el papa León XIV recibió la noticia «con profundo dolor» y manifestó de inmediato su cercanía espiritual a los familiares de la joven fallecida. Para transmitir personalmente su mensaje de condolencias, el pontífice contactó con monseñor Jean-Marie Chami, obispo titular de Tarso y auxiliar de la Iglesia Patriarcal de Antioquía de los Greco-Melkitas, responsable pastoral de las comunidades católicas de Egipto, Sudán y Sudán del Sur.
“El Santo Padre asegura oraciones de sufragio e invoca del Señor consuelo para los familiares, amigos y todos aquellos que lloran su pérdida”, recogía la nota oficial difundida por la Oficina de Prensa de la Santa Sede.
En la tarde de ayer, el papa León XIV recibió en audiencia privada al grupo de peregrinos egipcios que acompañaban a la joven en su viaje a Roma. Durante el encuentro, el Papa dirigió unas palabras de consuelo profundamente emotivas, subrayando que la repentina muerte de su compañera de peregrinación es “una tristeza muy humana y comprensible” y “un poderoso recordatorio de que no tenemos control sobre nuestras vidas”.
El pontífice recordó a los jóvenes que, al igual que Marta y María ante la muerte de Lázaro, “aprendemos que Jesús es vida y resurrección”, y que esta verdad es la fuente última de nuestra esperanza, especialmente en este Año Jubilar de la Esperanza: «Nuestra esperanza está en Jesucristo resucitado».
“De alguna manera, al celebrar este año jubilar de esperanza, recordamos con mucha fuerza cuánto nuestra fe en Jesucristo debe ser parte de quiénes somos, de cómo vivimos, de cómo nos valoramos y respetamos unos a otros y, sobre todo, de cómo seguimos avanzando a pesar de experiencias tan dolorosas”, dijo León XIV.
El Papa citó a san Agustín para recordar que es natural llorar la pérdida de un ser querido, pero añadió: “No llorar como los paganos, porque hemos visto a Jesucristo morir en la cruz y resucitar”. E insistió en que Cristo resucitado “nos llama a renovar nuestra fe, a ser amigos, hermanos y hermanas, a sostenernos mutuamente”.
“También vosotros debéis ser testigos de ese mensaje evangélico”, exhortó el Papa a los jóvenes, reconociendo que este suceso les ha tocado “de una manera muy personal y directa hoy”. Por ello, invitó a convertir el dolor en una ocasión para reunirse, orar y pedir a Dios tanto el descanso eterno para la joven como el consuelo y el fortalecimiento de la fe de sus amigos.
“Como Iglesia, como hermanos y hermanas, nos hemos reunido por este motivo”, concluyó.
