Por Mn. Jaime Mercant Simó
(Adaptado para InfoVaticana a partir de su conferencia en YouTube)
El bien común es mayor y más divino que el bien particular. He dicho.
La gran reducción: de la República al Estado
La política moderna ha reducido escandalosamente la res publica, es decir, la comunidad política natural, a un mero aparato de poder llamado “Estado”. Este Estado contemporáneo, en cualquiera de sus formas, es siempre totalitario. Lo quiere abarcar todo: nuestras conciencias, la educación de nuestros hijos, nuestra moral. Es el monstruo de Hobbes, un Leviatán.
Las constituciones modernas, como la española, no están fundadas en el derecho natural. Redactadas con lenguaje ambiguo, son instrumento de una presión legislativa insoportable: leyes incontables y contradictorias que generan caos.
Pueblo o masa
La degeneración de la política ha convertido el pueblo en masa: individuos anónimos reducidos a votar cada cuatro años. El voto de un sabio vale lo mismo que el de un criminal. Lo cualitativo ha sido sustituido por lo cuantitativo.
Vuelta a los principios: Santo Tomás como antídoto
Frente a esta decadencia, Santo Tomás de Aquino ofrece una medicina: una doctrina política natural y profundamente humana. Según él, toda ley que contradiga el derecho natural no es ley, sino iniquidad. El orden jurídico tomista se basa en:
- El derecho natural (expresión de las tendencias esenciales del hombre).
- La costumbre.
- La ley positiva, subordinada a las anteriores.
Política y moral: una sola cosa
La política es un saber moral, perfeccionamiento colectivo de la vida moral del hombre. Relegar la fe de la vida pública es suicida. El cristianismo debe reinar en la sociedad y aspirar a un orden político católico orientado al cielo.
La comunidad política: una unidad de orden
Para Santo Tomás, la república es una unidad de orden, con una estructura metafísica basada en las cuatro causas aristotélicas:
- Causa eficiente: el hombre, por su naturaleza social.
- Causa material: la multitud de ciudadanos.
- Causa formal: el poder que actúa como alma del cuerpo político.
- Causa final: el bien común, cuyo vértice es Dios mismo.
El poder no es malo; el desorden lo es
El tomismo no considera que el poder sea malo. Es necesario y natural. Lo importante es que esté ordenado al bien común. La virtud clave del gobernante es la prudencia.
Ley, derecho y justicia
El ius (derecho) es lo justo, la cosa justa en sí, derivada de la naturaleza. La justicia es la virtud de dar a cada uno lo suyo. La ley, para ser legítima, debe ser:
- Una ordenación de la razón.
- Promulgada por la autoridad legítima.
- Dirigida al bien común.
- Promulgada con claridad y justicia.
Formas de gobierno: más allá de etiquetas
Según Santo Tomás, hay tres formas legítimas de gobierno:
- Monarquía: gobierno de uno virtuoso.
- Aristocracia: gobierno de los mejores.
- Politeia: gobierno de la parte más noble del pueblo.
Y tres formas corruptas:
- Tiranía: gobierno para beneficio particular.
- Oligarquía: dominio de los ricos.
- Demagogia: manipulación de la masa.
La verdadera comunidad política se funda en cuerpos intermedios: familia, parroquias, municipios, universidades, gremios. El arquetipo natural es la familia.
El modelo hispánico: un orden católico posible
La monarquía templada que propone Santo Tomás inspiró el modelo político de la monarquía hispánica. En el imperio español, el orden jurídico se fundaba en principios tomistas. Los frailes dominicos ofrecieron una ética de la conquista y detuvieron campañas militares para evangelizar.
La Escuela de Salamanca —con figuras como Domingo de Soto y Francisco de Vitoria— restauró el tomismo, preservó a España del protestantismo y dio fundamento moral a la evangelización de América.
Este artículo ha sido adaptado por InfoVaticana a partir de la conferencia completa de Mn. Jaime Mercant Simó, disponible aquí: https://www.youtube.com/watch?v=5XtTFOIXAZE