Parolin, traidor, España no olvida

Parolin, traidor, España no olvida

 

La historia juzgará con severidad al cardenal Pietro Parolin. Y España, que guarda en su memoria el precio de la sangre derramada por Cristo, no lo olvidará. Porque hay gestos que revelan la entraña de un hombre, y hay traiciones que lo definen para siempre. Parolin firmó una capitulación vergonzosa: hace unas semanas entregó la Basílica del Valle de los Caídos —santuario erigido para reconciliar, no para reescribir la historia— al capricho ideológico de un gobierno radical y anticlerical. Lo hizo con una sonrisa cínica, sin resistencias, sin condiciones, sin la más mínima dignidad.


Mientras el padre Cantera, monje fiel, consagró su vida a custodiar un lugar sagrado y a orar por los muertos de ambos bandos, Parolin ha preferido obedecer al César. Ha vendido lo eterno por un plato de lentejas diplomáticas. Y lo ha hecho arrojando a los leones a quienes defendieron la verdad del Evangelio frente a los ídolos del mundo. Los mártires allí enterrados, testigos de una fe que no se arrodilló ante la hoz ni ante el martillo, son ahora víctimas de una profanación institucional. El acuerdo entre la Santa Sede y el Gobierno de Sánchez es algo más que una claudicación: es un sacrilegio político.

Parolin no ha defendido a los monjes. No ha defendido la memoria católica de España. No ha defendido el derecho de los fieles a orar por sus muertos. Parolin ha defendido su carrera. Ha elegido ser un burócrata al servicio del poder antes que un pastor dispuesto a cargar con la cruz. Ha mostrado que le interesa más la sonrisa de los políticos que el dolor de los perseguidos. Ha demostrado que la diplomacia vaticana, en sus manos, no es más que una oficina de gestos ambiguos al gusto del mundo.

Y ahora, este miércoles, comienza el cónclave. Un momento decisivo para la Iglesia. Y suenan nombres. Se habla de continuidad, de equilibrio, de perfiles moderados. Y entre esos nombres, por increíble que parezca, está el de Pietro Parolin. Sí: el cardenal que firmó la rendición ante un gobierno extremista, el que dejó a los benedictinos del Valle de los Caídos a merced de los verdugos, el que pisoteó la memoria de los mártires españoles y entregó una basílica a la propaganda gubernamental.

¿Ese hombre puede ser Papa? ¿Ese traidor puede ser Pedro? ¿Puede la Iglesia confiar en quien pacta con los que odian la cruz? Sería una vergüenza moral. Un escándalo espiritual. Una herida abierta a millones de católicos perseguidos, ignorados y traicionados por quienes deberían ser sus pastores.

Parolin no puede ser Papa. No por lo que calló, sino por lo que firmó. No por debilidad, sino por traición. Que lo sepan los cardenales. Porque hay cosas que el cielo perdona… pero la historia no olvida.

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