El medio oficial del Vaticano, Vatican News, ha publicado un artículo en el que promueve el Ramadán como un tiempo de oración y reconciliación, estableciendo paralelismos con la Cuaresma cristiana.
El reportaje, que presenta declaraciones del socólogo musulmán Mustafa Cenap Aydin, ensalza el ayuno islámico como un momento de reflexión espiritual compartido con los cristianos. Sin embargo, esto plantea una pregunta incómoda: ¿por qué los medios oficiales del Vaticano parecen estar promoviendo las prácticas de otra religión en lugar de enfocarse en la Cuaresma y en la preparación para la Pascua?
El artículo de Vatican News afirma que la coincidencia entre Ramadán y Cuaresma es «un abrazo entre hijos de Abraham» y una oportunidad para la «colaboración interreligiosa». No obstante, es preocupante que, en plena crisis de identidad de la Iglesia y en medio de una secularización creciente, los medios vaticanos dediquen más espacio a hablar del ayuno islámico que a profundizar en el sentido del sacrificio cristiano que conduce a la Resurrección de Cristo.
No es la primera vez que desde el Vaticano se impulsa una agenda de «diálogo interreligioso» que, lejos de reafirmar la fe católica, parece diluirla en un sincretismo ambiguo. En el reportaje, se resalta que los musulmanes rezarán por el Papa Francisco durante el Ramadán, pero no se menciona la necesidad de que los católicos profundicen en la penitencia, la oración y el ayuno propio de la Cuaresma.
Resulta llamativo que Vatican News mencione el 60 aniversario de la declaración conciliar Nostra aetate para justificar la promoción de estas «coincidencias religiosas». Sin embargo, la verdadera cuestión es si la Iglesia está cumpliendo su misión evangelizadora o si está cayendo en un relativismo que equipara todas las creencias como si fueran lo mismo.
La Cuaresma es un tiempo de conversión, de recordar el sacrificio redentor de Cristo y de preparar el corazón para la Pascua. En lugar de dar prioridad a celebraciones ajenas a la fe cristiana, los medios vaticanos deberían reafirmar la identidad católica y recordar a los fieles la centralidad de la Cruz y la Resurrección. El diálogo interreligioso no puede significar la renuncia a la propia fe.