Si algo queda claro después de leer la entrevista concedida por José Cobo a Europa Press, es que el cardenal arzobispo de Madrid parece estar más preocupado por quedar bien con todos que por liderar a los fieles en medio de un mundo cada vez más hostil a la fe cristiana. Vamos por partes.
Cobo declara que “la Iglesia tiene que apoyar el consenso más que nunca”. Una afirmación que suena a frase hecha, pero vacía de significado. ¿Qué clase de consenso? ¿El que cede principios irrenunciables para contentar a quienes atacan los valores cristianos? ¿El que busca acuerdos imposibles con ideologías que defienden el aborto, la eutanasia o la destrucción de la familia?
Señor cardenal, el Evangelio no es negociable. Jesucristo no murió en la cruz para que los líderes de Su Iglesia se dediquen a tender puentes para debatir si las verdades de la fe son relevantes o no. Consenso no es sinónimo de tibieza, aunque parece que algunos no lo tienen claro.
Política: buenos y malos
Según Cobo, “los políticos son buena gente”. Esto, dicho en un país donde las leyes proabortistas, la ideología de género y la secularización son promovidas desde las instituciones, raya en la ingenuidad o la complicidad. Claro que hay políticos con buenas intenciones, pero, ¿a cuántos de ellos apoya Cobo cuando defienden valores cristianos? Las palabras bonitas no sirven cuando la realidad es tan cruda.
Cobo insiste en pedir perdón por los abusos sexuales en la Iglesia, una actitud loable si no fuera porque parece que su estrategia es autoflagelarse públicamente sin abordar los problemas estructurales que llevaron a estas tragedias. Dice temer que “solo se mire a la Iglesia”, pero lo cierto es que desde dentro no se hace mucho para equilibrar el discurso. ¿Por qué no señala también a las instituciones educativas, deportivas o incluso familiares donde también ocurren estos casos? Es más fácil quedar bien con el relato dominante.
Bendiciones a medida
Según Cobo, “la condición sexual en sí no es ni buena ni mala”. Sin entrar en disquisiciones teológicas, resulta llamativo cómo el cardenal relativiza las enseñanzas claras del Magisterio en nombre de un supuesto acompañamiento. Bendecir a parejas homosexuales o a divorciados como si fuera un simple gesto de amabilidad vacía de significado la bendición misma. ¿Cómo se puede justificar esto sin caer en la confusión?
Por último, no podía faltar el llamamiento a la esperanza para los migrantes y los niños pobres. Un discurso perfectamente alineado con las tendencias actuales de lo políticamente correcto, pero que evita responder a cuestiones clave: ¿Qué hace la Iglesia de Madrid para resolver estos problemas? ¿Cómo se garantiza que los recursos se usan bien? Lo que suena a buena intención muchas veces termina en vacío cuando no hay acción concreta.
Una Iglesia que pierde el norte
El cardenal Cobo parece querer ser “amable” para todos, pero en el intento de no ofender a nadie termina por diluir el mensaje de la Iglesia. Jesucristo nos pidió ser luz del mundo, no una vela tenue que apenas ilumina. Si la Iglesia sigue este rumbo, corremos el riesgo de convertirnos en irrelevantes en una sociedad que, más que consensos vacíos, necesita la valentía de una verdad que libere.
En definitiva, menos palabras bonitas y más acciones claras, cardenal.