El arzobispo de Oviedo, Jesús Sanz Montes, ha escrito un artículo de opinión en ABC donde critica con contundencia la situación política y social actual.
En su análisis, Montes describe un contexto marcado por el «desánimo» y una «sociedad narcotizada» por una «lluvia tóxica» de escándalos políticos y actitudes dictatoriales. El prelado franciscano sostiene que estos problemas impiden a la ciudadanía tomar una «valiente toma de conciencia» y adoptar una «reacción serena» ante la deriva social.
Sanz Montes cita al sociólogo Gilles Lipovetsky para describir esta situación como una «era del vacío» y una «ética indolora» en la que, según afirma, la conciencia social parece haber desaparecido. En sus palabras, vivimos en un «imperio de lo efímero», donde la solidez se ha transformado en «liquidez» y «gaseosidad», retomando ideas del filósofo Zygmunt Bauman.
«Nos estamos convirtiendo en ‘zombis’ de un vulgar Halloween sin percatarnos de nuestra orfandad desahuciada y terminal», denuncia el arzobispo, que también destaca el rechazo que genera la voz de la Iglesia en algunos sectores de la sociedad. Según él, ciertos grupos mediáticos y políticos desean que la «presencia cristiana» sea relegada a un ámbito privado, sin cabida en el «debate público».
Además, critica el intento de «arrancar y deconstruir toda huella» del cristianismo en la sociedad. «No aceptamos las nuevas catacumbas que algunas siglas políticas y sus terminales mediáticos nos imponen sin más, confinándonos allí como apestados, sin voz ni voto», subraya Sanz Montes, enfatizando el deber de los cristianos de participar activamente en la vida pública.
El arzobispo también reflexiona sobre la idolatría que, en su opinión, caracteriza a una sociedad alejada de Dios. Retomando palabras del poeta T.S. Eliot, el prelado identifica el «poder, el dinero y la lujuria» como los nuevos ídolos a los que se rinde culto en una «fotografía del derrumbe de los imperios de la vanidad ensoberbecida y la frívola ambición».
Para Sanz Montes, este deterioro se percibe en la pérdida de valores y en el avance de ideologías que, afirma, imponen «cosmovisiones de la sociedad» contrarias a la fe cristiana. Concluye su artículo con una declaración sobre la «memoria cristiana», afirmando que esta será «siempre subversiva» para quienes promueven una visión «totalitaria y excluyente». Según el arzobispo, esta memoria se expresa en la defensa de la familia, la vida y la libertad, por lo que los cristianos continuarán alzando su voz aunque esto cause incomodidad: «En ello estamos. Paz y bien».