(Des)apúntale a religión

(Des)apúntale a religión

Si alguien todavía piensa que la clase de religión en España tiene alguna utilidad, que lo piense dos veces. Porque en su estado actual, más bien parece una broma de mal gusto, una especie de teatro en el que la fe se queda en la puerta y entra la política de la peor calaña.

Si alguien quiere una prueba de la politización absoluta de esta asignatura, que eche un vistazo a los currículums de algunos de los “profesores de religión”.

Ahí tenemos al exjefe de Podemos en Madrid, ¿os suena un partido más anticatólico? Pues resulta que este individuo era quien “enseñaba” religión en un colegio. Pero si esto no es suficiente, ahora tenemos al flamante nuevo secretario general de la CUP, ese partido que no solo defiende el aborto libre, sino que lo quiere hasta el último día de embarazo. Sí, has leído bien. ¿Y qué hacía este personaje antes de dirigir la CUP? ¡Sorpresa! Era profesor de religión. Esto ya es de chiste. ¿De verdad alguien piensa que con estos «educadores» los jóvenes van a encontrar a Cristo en el aula?

No es de extrañar que la asistencia a los sacramentos esté en caída libre. Con la cantidad de alumnos que asisten a clase de religión, uno pensaría que las iglesias estarían a rebosar. Pero no. La realidad es que estos jóvenes que pasan por la clase de religión salen de ella igual que entraron, o peor. La correlación entre el número de alumnos y la práctica sacramental es ridícula. ¿Por qué? Porque lo que se enseña ahí dentro tiene tan poco que ver con la fe como un concierto de reguetón con la música sacra.

Y luego están las campañas publicitarias de la clase de religión. ¿Las habéis visto? Porque es que parecen diseñadas por un equipo de marketing que jamás ha pisado una iglesia. Te lo venden como si fuera una asignatura de ética, de valores genéricos, de respeto y convivencia. Todo muy bonito, pero de Cristo, ni rastro. Es más, a veces me pregunto si no será todo un gran malentendido y en realidad están promoviendo un taller de “valores globales” en vez de la fe cristiana.

Y, por último, hablemos de los libros de texto. Esos manuales que, en teoría, deberían ayudar a los jóvenes a profundizar en el mensaje del Evangelio y los sacramentos. Pues no. Lo que te encuentras es un panfleto disfrazado de libro que te habla de la Agenda 2030, de los Objetivos de Desarrollo Sostenible, de la inclusividad, del cambio climático y de todo lo que se les ocurra a los ingenieros sociales de la ONU. Al final, la clase de religión parece más una extensión del ideario globalista que un espacio para conocer a Cristo.

Es difícil no sentir una profunda frustración cuando ves en qué se ha convertido la enseñanza religiosa en este país. Lo que debería ser una asignatura clave para formar a los jóvenes en la fe, se ha transformado en un campo de batalla ideológico donde lo único que parece no tener lugar es, precisamente, la religión. Así estamos

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