La peregrinación tradicionalista de NSC-E llegó a su fin. El día comenzaba en la cálida noche que el tiempo nos regalaba en el prado de Sevares.
A las 5 de la mañana tocaba a diana en el campamento. Los sacerdotes más madrugadores ya estaban en los altares laterales para celebrar la Santa Misa y el ir y venir de peregrinos cargando maletas comenzaba.
Dada la prohibición de celebrar la Santa Misa solemne de clausura en la Basílica de Covadonga, la organización programó su celebración en el mismo campamento a las 6:30 de la mañana.
El oficiante, Mons. Marco Agostini, actuando de diácono, el P. Federico Marfil y de subdiácono, el P. Francisco Miguel Vidal. Esta vez, dada la hora y la premura, no hubo sermón. El coro entonó la Misa cum jubilo y varias piezas de polifonía religiosa.
Tras la celebración de la Santa Misa, se ofreció a los peregrinos el desayuno y pronto se inició la marcha hasta el Campo de San Antonio en Cangas de Onís. Allí se hizo parada para almorzar y descansar un poco antes de retomar la caminata hasta el santuario de Covadonga.
A las 16:45 comenzaban a repicar jubilosas las campanas de Covadonga dando la bienvenida a los cerca ya de 2.000 peregrinos que llegaban al lugar santo. El órgano comienza a tronar festivo entonando los acordes de una melodía que el coro y los participantes de la peregrinación entonarían a pleno pulmón y al unísono «Laudate Mariam». El clero, revestido de coro, esperaba a los valientes hombres y mujeres de todas las edades que entraban ya en la casa de nuestra Madre. A las 17:10 se pone fin a la procesión de entrada de peregrinos y comienza la celebración de clausura.
Es Mons. Agostini el encargado de recibir a los peregrinos y les dirige una alocución donde destaca la necesidad de recuperar el ideal caballeresco que recuerda al hombre su dignidad como hombre y como cristiano. Un ideal que se debe proponer a los jóvenes para que tengan una jerarquía de valores en cuya cúspide esté Dios.
Tras las palabras de Mons. Agostini, se expuso solemnemente el Santísimo Sacramento. Se hizo la primera oración por el papa Francisco y tras entonar las letanías lauretanas, se hizo el voto de consagración a la Virgen según la fórmula de San Maximiliano Kolbe. Después se entonó el Te Deum y se impartió la bendición a todos los peregrinos tanto dentro como fuera del templo puesto que al llenarse el templo basilical, cientos de jóvenes peregrinos se quedaron fuera ocupando la explanada inmediata a la Iglesia.
Tras esto, se disolvió la asamblea y la columna de peregrinos marchándose cada uno a su casa y dejando la puerta abierta a repetir la peregrinación en el 2025, ponían fin a estos días. Ahora toca llevar a nuestras casas lo que hemos visto y oído para que al año que viene seamos más de 2.000.
Para terminar, quisiera dar las gracias a todas las personas que han hecho posible estos entrañables y duros días: don Íñigo y Diana, a todos los voluntarios que han trabajado mucho desde distintos puestos de responsabilidad, al coro y a su director, Daniel, por la calidad ejecutoria de las distintas piezas musicales en todos los actos religiosos, a los responsables de capítulo, a los sacerdotes, al cabildo de la basílica de Covadonga, al arzobispo de Oviedo y a todos los que entren en un largo etcétera. Que Dios os lo pague como sólo Él sabe.
Próximo destino: Covadonga 2025.
P. Francisco Torres Ruiz