El Papa ha enviado una carta a los cristianos de Tierra Santa en preparación para el Viernes Santo, para expresar su cercanía a una comunidad que sufre en medio de la guerra entre Israel y Hamas.
«Gracias por su testimonio de fe, gracias por la caridad que existe entre ustedes, gracias porque saben esperar contra toda esperanza», escribe el Papa a los católicos de Tierra Santa, expresando su cercanía a los fieles y su «cariño paternal», en particular, a quienes en los últimos meses «están sufriendo más dolorosamente el absurdo drama de la guerra, a los niños a los que se les niega un futuro, a cuantos lloran y sufren» y «experimentan angustia y desconcierto».
“Desde hace tiempo los llevo en mi pensamiento y rezo cada día por ustedes”, escribe. “Pero ahora, en vísperas de esta Pascua, que para ustedes tiene una fuerte carga de Pasión y todavía poco de Resurrección, siento la necesidad de escribirles y decirles que los llevo en el corazón”.
El Papa recuerda la peregrinación que realizó en mayo de 2014 y hace suyas las palabras de San Pablo VI, primer Pontífice peregrino a Tierra Santa hace 50 años, cuando subrayó el peligro para la paz en todo el mundo de la continuación de las tensiones en el Oriente Medio. Francisco afirma que Tierra Santa no sólo ha sido «custodia de los Lugares de salvación», sino testimonio constante, «a través de sus propios sufrimientos» de la Pasión del Señor, y junto, «con su capacidad de levantarse y seguir adelante, ha anunciado y sigue anunciando que el Crucificado resucitó».
“En estos tiempos oscuros, en los que parece que las tinieblas del Viernes Santo recubren vuestra tierra y tantas partes del mundo son desfiguradas por la inútil locura de la guerra, que es siempre y para todos una sangrienta derrota, ustedes son antorchas encendidas en la noche; son semillas de bien en una tierra desgarrada por los conflictos”, escribe.
Francisco renueva su oración al Señor que es «nuestra paz» para que libere «el corazón del hombre del odio, de la violencia y de la venganza» y continúa: “Que nadie nos robe del corazón la esperanza de ponernos en pie y de resucitar contigo, haz que no nos cansemos de afirmar la dignidad de todo hombre, sin distinción de religión, etnia o nacionalidad, empezando por los más frágiles, por las mujeres, los ancianos, los pequeños y los pobres”.
Mientras asegura a los católicos «no están solos y no los dejaremos solos, sino que permaneceremos solidarios con ustedes a través de la oración y la caridad activa», el Papa expresa la esperanza «poder volver pronto a ustedes como peregrinos, para mirarlos a los ojos y abrazarlos».