La Comunidad de Lanceros no sale de su asombro con las declaraciones que la “madre sinodal”, teóloga de cabecera de Omella, Cristina Inogés, ha hecho en una entrevista publicada al mismo tiempo en “El Confidencial” y en “Religión Digital”. Inogés es una vieja conocida de esta comunidad.
Omella e Inogés se juntaron en el obispado de Zaragoza en dónde supuestamente trabaja, o trabajaba, Inogés. Se dice teóloga por la facultad protestante de Madrid, SEUT, que vaya usted a saber qué facultad de teología es ésa. Como si en España no hubiera facultades de teología católicas. Ahora se ha convertido en una de las asesoras áulicas de los que han montado el lío del Sínodo este en el que todos hablan de todo esperemos que no al mismo tiempo. La madre sinodal pontifica como si fuera la mismísima portavoz del Papa.
Inogés dice nada más empezar la entrevista que “la Iglesia nació sinodal y laical. Lo de laical se perdió muy pronto, en cuanto se sacralizaron las figuras del obispo y del sacerdote”. Está claro que estudió en un centro protestante. No parece que le enseñaran que la Iglesia nació apostólica y sacramental. Lo de la sacralización del obispo y del sacerdote tendría que explicarlo, por lo de sagrado y por lo que ella entiende sobre lo que es un sacerdote y un obispo. Es lógico que una teóloga formada en un centro protestante no tenga claro que es un obispo y un sacerdote. Lutero ya se encargó de acabar con el sacramento del orden en sus diversos grados y con la sucesión apostólica.
Sigue la teóloga de Omella con una serie de lugares comunes que dicen mucho de la profundidad de su pensamiento. Comenta que “en la Iglesia se vota en muchas ocasiones: al papa se le elige votando, a los presidentes de las conferencias episcopales se les elige votando; a los abades y abadesas también…”. Claro, entendió. Pero no estará hablando de su caso porque a ella no la eligió nadie mediante ninguna votación para que esté ahí. Fue designada a dedo y ya se pueden imaginar ustedes por quién.
Hablando de los aspecto más destacados que se debatirán en el Sínodo, la Inogés dice que “la realidad de las personas LGTBIQ+ habrá que analizarla también, porque muchas de ellas son tan católicas como cualquiera. Sin embargo, en este tema habrá que añadir la realidad LGTBIQ+ que ya está dentro de la Iglesia porque, que nadie se llame a engaño, hay religiosos, religiosas, sacerdotes, obispos, cardenales que son LGTBIQ+ y, muchos de ellos viviendo con miedo a que se conozca su condición sexo-afectiva. Hay que ayudarlas, porque no se puede vivir con miedo toda la vida”. ¡Qué gran servicio haría si dijera qué obispo y qué cardenal o cardenales son LGTBIQ+ y por qué razón lo son!
Para no cansar a nuestros pacientes lectores, una perlita final: “No sé cómo ni en qué se ha fijado Francisco para designarme. Me costó creer que era cierto el nombramiento, porque sabía que los obispos españoles no pasarían mi nombre en la lista de sugerencias. Siento una gran responsabilidad, no pienso en clave de distinción y, menos en eso de ser la primera mujer española que podrá votar en un Sínodo. Pienso en esa genealogía de mujeres que nos han precedido y que intentaron que las mujeres fueran reconocidas en la Iglesia —a algunas les costó la vida— y cuya convicción y esfuerzo ha permitido que otras continuásemos creyendo que era posible. Y me ha tocado a mí”.
A ver, señora “madre sinodal”. ¿A qué mujer le ha costado la vida que las mujeres fueran reconocidas en la Iglesia? Diga por favor un nombre y explique las razones. Además, gracias a usted nos enteramos que el papa se dedica a llevar la contraria a los obispos españoles eligiéndola a usted. Tal y como van las cosas nada nos extraña.
Diego Lanzas