El Partido Popular ha ganado las elecciones generales celebradas este pasado domingo 23 de julio en España, pero la aritmética parlamentaria hace imposible que Feijóo sea el próximo presidente.
La suma de PP (136) y VOX (33) se queda lejos de la mayoría absoluta y todo apunta a que Sánchez intentará reeditar su pacto con comunistas, golpistas, separatistas y etarras.
El Partido Popular ha conseguido tres millones más de votos que respecto a las pasadas elecciones de 2019, lo cual se traduce en un aumento de 47 diputados. Por su parte, los de Santiago Abascal a pesar de la demonización de los medios de comunicación ha logrado mantenerse como tercera fuerza política con 33 diputados, pero dejándose por el camino 600.000 votos.
Los otros grandes perdedores de la noche fueron los partidos separatistas en Cataluña. Un voto independentista que en su mayoría fue a parar al PSC. ERC se ha dejado 400.000 votos, Junts casi 135.000 y los antisistema de la CUP unos 145.000 votos. Quien también ha perdido votos ha sido la vicepresidenta Yolanda Díaz si lo comparamos con los resultados que logró Podemos en 2019.
Lo que también ha vuelto a quedar demostrado, es la inutilidad del «voto útil» concentrado en el PP. España vuelve a quedar en manos de los enemigos de sus enemigos con quien Pedro Sánchez tratará de volver a pactar.
El extraño caso del PSOE
Conforme avanzaba la noche, todo apuntaba a que PP y VOX no iban a lograr sumar mayoría absoluta tal y como vaticinaban casi todas las encuestas. Lo más sorprendente para todos los analistas políticos fue la fuerza y poderío que demostraron los socialistas.
Y es que a Pedro Sánchez no le han pasado factura ninguno de los escándalos de estos cuatro años. Más bien al contrario, sale reforzado al lograr un millón de votos más que hace cuatro años hasta alcanzar los 122 diputados.
Los acuerdos con Marruecos, los pactos con Bildu, el asalto al Tribunal Constitucional, los 1500 asesores a dedo, la ley del Sólo sí es sí, los indultos a golpistas, los Estados de Alarma inconstitucionales, los 23 Ministerios y el gasto récord en asesores, altos cargos y salarios, la deuda batiendo todos los récords, la eliminación del delito de sedición por petición de ERC, negar el uso del 25% del español en los colegios en Cataluña, las compras de votos del PSOE durante las elecciones autonómicas de mayo, el uso del Falcon como medio de transporte privado para mítines, conciertos, vacaciones, todas las mentiras y cambios de opinión sobre todos los temas prácticamente que prometió en campaña electoral no le ha afectado en absoluto a Pedro Sánchez.
Pero los españoles tampoco han castigado el ataque a los agricultores de Levante o Huelva, apoyando boicots alemanes contra la fresa o corte del trasvase Tajo Segura, la ley Trans permitiendo el cambio de sexo sin control alguno y menores sin el permiso de los padres, la ley del aborto y la ley de eutanasia, el aumento de la pobreza en España, el aumento récord de la presión fiscal sin que esto haya supuesto una mejora en ningún aspecto de los servicios del Estado, las mentiras sobre la imposición de peajes en las autovías como se ha prometido a Europa o el escándalo del Tito Berni, drogas y prostitutas mediante, el comité de expertos inexistente en pandemia.
Pero no podemos obviar que esto es lo que han votado los españoles. Cuando se premia la mentira, la corrupción y a terroristas y se castiga a aquellos quienes defienden causas nobles, complejas y necesarias, demuestra que la sociedad española padece una grave enfermedad difícil de curar.