Hace unos días que el cardenal Sako, Patriarca de la Iglesia Caldea, tuvo que abandonar Bagdad para irse al Kurdistán provocado por la retirada del reconocimiento a su persona por parte del presidente de Irak.
El purpurado ha hablado en una entrevista con Katholish.de sobre lo que está ocurriendo con él y los cristianos en el país. Explicando la situación que se está viviendo en estos momentos, el cardenal narra como «hace unos días, el presidente iraquí revocó un decreto que reconocía mi autoridad como líder de la iglesia en cuestiones de propiedad. Él no puede anular mi autoridad espiritual como cabeza de la Iglesia o mi ordenación». «Si el Presidente tenía dudas sobre la base legal del decreto, nos preguntamos por qué no actuó después de su elección. Al principio fue muy amable. Lo conocí dos veces. ¿Por qué no discutió el asunto con nosotros?», se pregunta Sako.
El cardenal señala que detrás de esta decisión está la influencia de las milicias de Babilonia, «que se hacen llamar cristianos pero en realidad son un grupo chiíta con pocos cristianos». Sako apunta a que «es posible que Raschid recibiera información incorrecta de las milicias y no fuera consciente de las consecuencias de sus acciones. En cualquier caso, es un precedente increíble para el que no hay base. Pero también experimento una gran solidaridad. Muchos líderes iraquíes están de mi lado y están presionando al presidente para que emita un nuevo decreto».
Sako recuerda que «como iglesia, somos reconocidos por el estado iraquí y somos el segundo grupo religioso más grande después de los musulmanes» y remarca que «la Iglesia caldea siempre ha defendido a todos los iraquíes, ha exigido un estado constitucional con derechos civiles para todos».
Además afirma que «Irak necesita cambiar su cultura y sus leyes. Como cristianos, somos considerados ciudadanos de segunda clase. Pero somos iraquíes. Estábamos en Irak antes de que los musulmanes estuvieran allí. Éramos mayoría y formamos el país y su cultura». También denuncia que «antes del cambio de régimen, solo los cristianos éramos alrededor de 1,5 millones. Hoy somos 500.000».