Un párroco nicaragüense ha lanzado un manifiesto animando a todos los sacerdotes y religiosos del país a escribir directamente al Papa para informarle detalladamente de la persecución que sufren a manos de la dictadura de Daniel Ortega.
A Benito Enrique Martínez, párroco nicaragüense, la persecución organizada por el gobierno de Daniel Ortega contra la Iglesia católica en el país no le pilla de nuevas, ya se buscó problemas arengando a los fieles para que se levanten contra la “pareja asesina” que controla el país, y fue en su día acusado por las autoridades de conspirar contra la integridad nacional.
Pero ahora ha dado un paso más, publicando vía whatsapp una especie de manifiesto llamando a sus hermanos en el sacerdocio y a los religiosos a que se dirijan directamente al Papa con sus quejas contra la persecución.
“Propongo, como primer paso, que nos dirijamos al Sucesor de Pedro, para informarle detalladamente de lo que está ocurriendo y sigue ocurriendo con esa Iglesia, de la que es el principal responsable”, se lee en su ‘llamada a las armas’. “Escribámosle todos al Papa, dejémonos escuchar por él, tanto por los de fuera como por los de dentro de nuestro país”.
Y sigue: “Hermanos sacerdotes, os hablaré con el corazón en la mano: he visto con tristeza el abandono en el que nos encontramos, no sólo los sacerdotes que están fuera, expatriados, sino los mismos sacerdotes que están dentro de Nicaragua y luego los fieles pobres. La Iglesia ha caído en una tremenda impotencia; todos han estado buscando formas de sobrevivir a esta catástrofe; la mayoría guardó silencio por temor al Gobierno; asistimos a la expulsión del Nuncio y ninguna voz lo condenó; expulsaron a las Hermanas de Madre Teresa Calcuta y nadie dijo nada; expulsaron y confiscaron a las Madres Contemplativas de Lóvago, confiscaron nuestras universidades y nadie abrió la boca, nadie dijo una sola palabra y así el mal gobierno nos tragó uno a uno, porque estamos solos, sin ninguna defensa”.
El cura señala con el dedo a los obispos que flanquean a Ortega. Unos por cobardía, otros por miedo y otros «comprometidos a cuidar la tierra, el ganado y la finca como premio a su silencio. En otras palabras, no sabemos si el rebaño está en manos de síndicos o mercenarios. Los verdaderos síndicos se han ido: Álvarez, está en prisión; Mata está retirado y Báez está en el exilio. Estamos en el camino…»
“Y nosotros también, sacerdotes expulsados, exiliados, ex convictos, permanecimos en silencio, como si estuviéramos mirando los toros desde la cerca, frente a una Iglesia herida, golpeada, masacrada; ante aquella Iglesia que nos dio la Vida en el bautismo y nos ungió para hacer de nosotros un sacerdocio real, una nación santa”.
A pesar de la detallada lista de persecuciones en Nicaragua, la línea adoptada hasta ahora por el Vaticano ha estado marcada por la máxima prudencia. Incluso durante el discurso de cuerpo entero a los embajadores a principios de año, el Papa Francisco no había denunciado la deriva dictatorial de Nicaragua. Más que un descuido parecería una elección precisa hacia la exguerrillera sandinista también para no agudizar la represión. La situación sigue siendo muy tensa y se caracteriza por medidas represivas. Monjas, sacerdotes, fieles e incluso obispos: si se atreven a alzar la voz para defender los derechos humanos, se meten en problemas. Álvarez Lagos, de 56 años, fue el primer obispo arrestado acusado de conspirar contra el gobierno.