Vivir como verdaderos conservadores

Vivir como verdaderos conservadores
Yoram Hazony

(Piero Vietti en Tempi)-«Los liberales y neomarxistas son revolucionarios que solo saben proponer utopías». Habla el filósofo Yoram Hazony: «El conservadurismo se esfuerza por construir y restaurar las tradiciones nacionales y religiosas que permiten a una comunidad sostenerse en el tiempo».

Desde finales de la década de 1960, cuando primero en Estados Unidos y, más tarde, en Europa, el liberalismo de la Ilustración se convirtió en el marco en el que se desarrollaba la vida política, «muchos estadounidenses y europeos llegaron a creer que en el liberalismo habían descubierto la teoría política definitiva: un régimen tan obviamente deseable que la competencia entre ideologías políticas había llegado de hecho a su fin. Pronto, el liberalismo sería adoptado por todas las naciones. El reino de las ideas liberales duraría para siempre. Solo hicieron falta cinco años de agitación política -de 2016 a 2020- para hacer añicos la hegemonía del liberalismo de la Ilustración. De repente, el conflicto entre visiones políticas opuestas volvió a estar vivo de una mera feroz. La hegemonía de las ideas liberales, que debía durar para siempre y ser abrazada por todas las naciones, llegó a su fin después de solo sesenta años. ¿Qué ocurrirá ahora?».

Yoram Hazony se hace esta pregunta en la introducción de su ensayo Conservatism: A Rediscovery, recientemente traducido y publicado al italiano por la editorial Giubilei Regnani. Hazony, uno de los intelectuales más disruptivos y controvertidos del panorama conservador internacional, es una de las voces más significativas en el debate entre conservadores en busca de identidad. Teórico del fin de ese liberalismo que incluso en la derecha ha fascinado a muchos, en 2018 escribió un libro, La Virtud del Nacionalismo que se ha convertido en lectura imprescindible porque el autor aborda un tema delicado con equilibrio y espíritu constructivo. Judío ortodoxo, de 59 años de edad pero con cara de niño, padre de nueve hijos, Hazony creció en Estados Unidos, estudió en Princeton y ahora vive en Israel, donde preside el Instituto Herzl de Jerusalén.

Presidente de la Fundación Edmund Burke, tras la elección de Donald Trump a la Casa Blanca lanzó en Washington el proyecto National Conservaturism, una iniciativa que trata de dar orden, dirección y una articulación intelectual a los movimientos conservadores que en los últimos años se han manifestado de forma desordenada y tumultuosa en Occidente. En Italia para presentar su libro, el filósofo y biblista ha hablado con Tempi sobre los temas de su ensayo, el futuro del conservadurismo y el intento de Giorgia Meloni de dar contenido y fuerza política a los conservadores italianos y europeos.

– Empecemos por el título del libro. «Conservadurismo» es una palabra hermosa pero ¿qué significa? Reagan era conservador, pero también era un liberal clásico, mientras que ahora el tema de debate entre los conservadores es deshacerse del liberalismo, incluido el liberalismo de derechas. ¿Pueden conciliarse liberalismo y conservadurismo? Si es así, ¿cómo?

El conservadurismo y el liberalismo son dos formas distintas de concebir la política. Hablo de estas dos formas de pensar en mi nuevo libro, Conservatism: A Rediscovery. Los liberales parten de la base de que todos los hombres son libres e iguales y de que la obligación política solo surge del consenso. Creen que estas tres cosas -libertad individual, igualdad y consentimiento- son lo que hay que saber para pensar correctamente sobre política y moral. Los conservadores parten de un punto completamente distinto: comienzan con la existencia de una comunidad política concreta -una nación, una tribu o una familia- y se preguntan qué hay que hacer para mantener y fortalecer esta comunidad a lo largo del tiempo. Esto lleva a los conservadores a abordar cuestiones que los liberales descuidan: cuestiones como el interés nacional y la independencia nacional, así como las tradiciones políticas y religiosas de la nación. Un ejemplo de la cuestión actual que divide a los liberales y los conservadores es la inmigración procedente de otros países. Los liberales ven a todos los hombres como iguales, y por tanto no ven ninguna razón por la que las personas de otros países no deban tener libertad para entrar en Italia y establecerse aquí si lo desean. Los conservadores, en cambio, ven a Italia como una comunidad nacional unida por una historia, una lengua y una religión particulares. Los conservadores tienden a creer que los extranjeros solo pueden ser adoptados en la nación si están fuertemente motivados para formar parte de ella, serle leales y honrar sus tradiciones y modo de vida únicos.

También podemos apreciar la diferente visión que tienen los liberales y los conservadores en cuestiones como el apoyo a los trabajadores italianos, a las familias italianas y a las normas sociales cristianas tradicionales.

– Estamos asistiendo, primero en Estados Unidos y ahora cada vez más en Europa, a una ofensiva neomarxista, que -lo cuenta usted muy bien en su libro- en nombre del progreso y de la defensa de los derechos de las minorías se ha hecho con el control de muchos de los más importantes medios de comunicación, de universidades y escuelas norteamericanas, grandes empresas y organizaciones filantrópicas; incluso la burocracia gubernamental, el ejército y algunas Iglesias han pasado a manos de activistas marxistas. ¿Cómo ha ocurrido esto y cuáles son los defectos del liberalismo? ¿Puede el conservadurismo ser un antídoto contra esta enfermedad? ¿No se corre el riesgo de sustituir la cultura de la cancelación por otra cultura de la cancelación, simplemente conservadora?

En 2020 asistimos realmente a una revolución cultural en Europa y América cuando los neomarxistas «despiertos», woke, tomaron el control de innumerables medios de comunicación, escuelas y universidades, empresas, organismos gubernamentales y otras instituciones. Hace diez años, todos estos nuevos bastiones neomarxistas eran instituciones liberales. En mi libro muestro cómo el liberalismo de estas instituciones ha dado paso al neomarxismo actual. El liberalismo no tiene las herramientas para luchar contra el neomarxismo porque los liberales trabajan constantemente para socavar las tradiciones nacionales y religiosas que son necesarias para que todo permanezca estable durante generaciones. El conservadurismo ofrece la única defensa razonable contra el neomarxismo porque se esfuerza por construir y restaurar las tradiciones nacionales y religiosas que permiten a una comunidad mantenerse en el tiempo.

– Veinte años después de la invasión de Iraq, los republicanos se han convertido en los principales críticos del intervencionismo militar estadounidense, y es sobre todo la derecha la que crítica la ayuda militar a Ucrania. Observamos el crecimiento de una especie de pacifismo de derechas, que aboga por la moderación en política exterior. ¿Es el pacifismo la verdadera posición de la derecha?

Desde la caída del Muro de Berlín en 1989, la mayoría de los grandes partidos de Estados Unidos y Europa han apoyado lo que suele denominarse «internacionalismo liberal» (u «orden internacional basado en normas»). Los internacionalistas liberales soñaban con un «nuevo orden mundial» en el que un único sistema liberal de derecho se aplicaría a todos los países. Esta es la fantasía que condujo a la eliminación de las fronteras nacionales en Europa con el Tratado de Maastricht de 1992 y a la entrada de China en la Organización Mundial del Comercio en 2001. 

El internacionalismo liberal también condujo al intento de imponer regímenes políticos liberales en Iraq y Afganistán a partir de ese mismo año. Muchos conservadores se opusieron a todas estas iniciativas. Los conservadores tienden a ser nacionalistas y a preocuparse por mantener la libertad de su nación. Pero ser nacionalista también significa que normalmente no te interesa invadir otros países e imponerles tus valores. Los nacionalistas conservadores quieren que los otros países tomen sus propias decisiones. Esto no significa que los conservadores sean pacifistas. Un pacifista se opone por principio a todas las guerras. Un conservador no se opone a todas las guerras, pero se opondrá a las que claramente no se hagan en defensa propia o para proteger intereses nacionales vitales. La mayoría de los conservadores estadounidenses, por ejemplo, tienden a lamentar las guerras de Iraq y Afganistán, pero están preocupados por las posibles amenazas del crecimiento del poder chino: cuando observan la guerra de Ucrania, ven que esto desvía la atención estadounidense de la verdadera amenaza, China. Pero, por supuesto, los conservadores europeos pueden tener una opinión diferente. Rusia es una amenaza mucho mayor para Polonia que Estados Unidos. Así que un conservador polaco podría estar razonablemente a favor de una mayor implicación en Ucrania, mientras que un conservador estadounidense podría querer una menor implicación estadounidense en Ucrania.

– Hablando de Europa, tras años de gobiernos técnicos, Italia tiene un gobierno político y, por primera vez desde la Segunda Guerra Mundial, los votantes han elegido a un partido de derechas. Giorgia Meloni dice que quiere construir un partido conservador italiano, pero carga con el peso de la tradición post-fascista de su partido, Hermanos de Italia. ¿Cree que es posible integrar la tradición post-fascista con otras tradiciones conservadoras?

Creo que Meloni tiene razón al querer construir un movimiento político verdaderamente conservador en Italia. Hace tiempo que falta algo así. Es importante comprender que la mayoría de los fascistas son revolucionarios, al igual que los liberales y los marxistas. Tanto el fascismo como el liberalismo y el marxismo desconfían de la tradición heredada y proponen una solución utópica a los problemas de las naciones. En el caso del fascismo, la pretensión utópica es que la voluntad de un único dictador es la solución a todos los problemas. Para tener un gobierno genuinamente conservador en Italia, Meloni debe evitar el utopismo revolucionario de los fascistas, al tiempo que debe tratar de revivir las instituciones que han funcionado en el pasado en Italia y, quizá, tomar prestadas las señales de las tradiciones conservadoras de otras grandes naciones.

– El proyecto de Giorgia Meloni en Europa es el de una alianza entre conservadores y populares, que siempre han sido aliados de los socialistas en muchos frentes. Sin embargo, los líderes conservadores en Europa son considerados por la prensa y la opinión pública como impresentables, fascistas y antidemocráticos. ¿Cómo valora su intento? ¿Es posible imaginar una Europa liderada por los conservadores?

Por supuesto, es posible imaginar una Europa liderada por los conservadores. Sería una Europa en la que naciones independientes podrían colaborar en cuestiones de interés mutuo, como una política de seguridad unificada y acuerdos comerciales beneficiosos para ambas partes. Pero una Europa de naciones independientes permitiría a cada nación elegir a sus propios líderes sin interferencias, mantener sus propios acuerdos constitucionales y tomar, de manera independiente, sus propias decisiones en cuestiones como la inmigración y la política monetaria. Un gobierno conservador rechazaría los valores neomarxistas y los sustituiría por valores sacados de la herencia cristiana y bíblica. Por supuesto, no se puede imponer la religión en un país alejado de sus raíces cristianas, pero creo que mucha gente puede ver ahora adónde nos lleva la revolución cultural neomarxista. Yo mismo soy judío, no cristiano, pero creo que muchos no cristianos estarían a favor de un retorno responsable y prudente a algunos principios cristianos: es evidente que esto sería mucho mejor que la dominación de los neomarxistas. 

– En la parte final de su libro habla mucho de sí mismo y de su familia. El objetivo declarado es mostrar la relación entre las ideas políticas conservadoras y una vida conservadora. ¿Cómo ha influido ser conservador en su vida privada y en sus decisiones? 

Como muchas personas, mi mujer y yo procedemos de familias destruidas por la erradicación liberal de todas las tradiciones. Cuando nos conocimos en la universidad, decidimos que los libros y las ideas conservadoras no nos bastaban. Queríamos vivir una vida conservadora. Y eso es lo que hicimos. Volvimos a un judaísmo ortodoxo que aprendimos visitando comunidades judías ortodoxas. Ahora tenemos nueve hijos y tres nietos, y más en camino. Vivimos en una comunidad religiosa que, en muchos sentidos, está protegida de la revolución cultural que se está produciendo a nuestro alrededor. Yo hice el servicio militar, al igual que muchos de mis hijos. Estas son las bases de lo que yo llamo una «vida conservadora». En el libro la ofrezco como modelo para otros, ya sea que provengan del cristianismo o del judaísmo. La fórmula para una vida mejor empieza por crear una familia conservadora que forme parte de una congregación religiosa conservadora en la que los valores nacionales y religiosos se sigan transmitiendo de generación en generación. No es algo fácil de llevar a cabo, pero es lo mejor que alguien puede hacer en su vida. Una vida conservadora es el primer paso para restaurar una nación capaz de preservar y recuperar las cosas importantes y transmitirlas a las generaciones futuras.

Publicado por Piero Vietti en Tempi

Traducido por Verbum Caro para InfoVaticana

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