El obispo de Cartagena pide «evitar el clericalismo» y dar «más protagonismo para laicos y especialmente mujeres»

El obispo de Cartagena pide «evitar el clericalismo» y dar «más protagonismo para laicos y especialmente mujeres»

Las diócesis españolas siguen cerrando la fase diocesana del Sínodo para la sinodalidad.

El pasado domingo, 5 de junio tuvo lugar en la catedral de Murcia la Misa de clausura de la fase local del Sínodo. La Eucaristía estuvo presidida por el obispo de Cartagena, José Manuel Lorca Planes quien durante su homilía afirmó que “si somos familia, evitemos el clericalismo”, con acogida especialmente a los jóvenes y a los más necesitados, dando protagonismo a los laicos, especialmente a la mujer».

Según el obispado, en la Diócesis de Cartagena han participado en la consulta sinodal 8.776 personas, de las que 7.269 son adultas mayores de 31 años; 969 jóvenes, entre 15 y 30 años; y 538 niños menores de 14 años.  De nuevo, vuelve a quedar de manifiesto el escaso interés de los jóvenes por este proceso.

Las guitarras, las palmas y la decoración con flores de papel tampoco faltaron en la Misa sinodal celebrada por el obispo Lorca Planes y en la que también estuvo presente el arzobispo emérito de Burgos, Francisco Gil Hellín, quien reside en Murcia desde su jubilación.

 Propuestas sinodales de la diócesis de Cartagena

Las propuestas sinodales recogidas en Murcia, no distan mucho de lo que ya hemos contado aquí de otras diócesis como Madrid, Valladolid o Barcelona. Prácticamente en todas las diócesis españolas existen demandas parecidas por esos pocos que han participado del proceso sinodal.

Entre las principales dificultades con las que se han encontrado, según recoge la síntesis publicada por la diócesis, destacan el «desconocimiento de los grupos y miembros de la parroquia, «incomprensión de nuevas realidades», «escaso funcionamiento de los consejos pastorales», «clericalismo abusivo. Tendencia de los sacerdotes a aislarse”, «papel de la mujer en la Iglesia, sin ser escuchadas y colocándolas en el margen de la comunidad eclesial» o la «lejanía de la liturgia a la realidad del Pueblo de Dios».

Entre las principales críticas, destaca el énfasis que se pone en el «clericalismo y autoritarismo» de algunos sacerdotes. «Hay pastores a los que les cuesta confiar en los laicos, en el ejercicio de su corresponsabilidad, para que, mediante el diálogo, la reflexión, la aportación de ideas y criterios, ayuden a los pastores a tomar decisiones, guiados por el Espíritu Santo, la Palabra y la oración. Es frecuente el clericalismo, sacerdotes autoritarios y poco flexibles. Pastores con escasa conciencia sinodal. En muchas parroquias, el sacerdote es el que decide; una Iglesia anclada en el pasado, con un sistema tan jerárquico», se quejan los participantes.

En este sentido, afirman que «la Iglesia necesita sanar el exceso de clericalismo. Vencer el poder y el clericalismo para construir
fraternidad y entrega desde cualquier servicio, con sencillez y humildad». También afirman que «la figura del ministerio debe
estar arraigada en la comunidad, no en la estructura de gobierno, debe ser un servicio vocacional y al prójimo, independientemente del sexo de la persona».

Protagonismo de laicos y mujeres

La síntesis de las propuestas recoge la «necesidad de una mayor participación y corresponsabilidad de los laicos. La falta de participación
de los laicos ha dificultado la renovación de la Iglesia, afectando a todo, las estructuras, las actitudes, etc. Debe haber más presencia del laicado en la toma de decisiones y funcionar de forma más sinodal y corresponsable», se lee en el documento.

Pide la «posibilidad de que los laicos ocupen cargos pastorales» y «se insiste en la necesaria participación de la mujer en la Iglesia en condiciones de igualdad y en todas las esferas de la estructura eclesial. En los órganos de decisión».

Añaden que «las mujeres, que mayoritariamente sostienen las parroquias y muchas instituciones pastorales, conscientes de que la
Iglesia está en proceso de cambio, quieren aportar como sujetos activos, con voz y voto. Que, dentro de la Iglesia, como en la sociedad, se les considere sujetos autónomos, sin tener que esperar el permiso de los hombres (clérigos) de la comunidad para tomar decisiones. Participan en la Iglesia, pero no son visibles. Están infravaloradas y recluidas a estereotipos de cuidados y servicio. Las mujeres no necesitan ser “reinsertadas” en la Iglesia, son Iglesia; lo que necesitan es que cuenten con sus criterios, y se les confíe la organización y formar parte de los grupos de reflexión y decisión en la Iglesia», recoge la síntesis sinodal.

Una Iglesia «capaz de actualizar la doctrina»

En el apartado de «acoger y escuchar», reclaman que «la Iglesia crezca en la escucha de los laicos, de las familias, de los problemas de la sociedad de hoy; que sea más empática y acompañe a las personas en las situaciones concretas de la vida; capaz de actualizar la doctrina; más cercana a los “diferentes”, a los más pobres, a los marginados, a todos los que se acerquen sin hacer distinciones; que actualice el mensaje, con nuevos métodos y lenguajes…», añaden entre las propuestas.

Insisten en que «es una realidad que personas en situación irregular (separados, divorciados vueltos a casar por lo civil, parejas homosexuales, colectivo LGTBI, etc.) no se sienten acogidas, se sienten rechazadas. Se está priorizando en demasía el pecado sexual a efectos de poder participar activa y totalmente en los sacramentos».

Por este motivo, sostienen que «la Iglesia necesita aceptar la diversidad de estados de vida, sexual (sin que en este tema haya que seguir las tendencias sociales mayoritarias) y la diversidad ideológica. Se necesita formación y abordaje inclusivo, diálogo y escucha para que no sea una sola voz la que se posicione; se echan en falta posicionamientos de la jerarquía en la promoción de valores de justicia y solidaridad. También es necesario abordar con respuestas integradoras a los distintos tipos de familias (monoparentales, parejas separadas o divorciadas…)», reza la propuesta sinodal.

Por último, entre otras cuestiones, el documento concluye con las siguientes cuestiones:

-Asumir el “cuidado de la Casa Común” (planeta) como misión.
-Evangelizar la religiosidad de las hermandades.
-No es de recibo que, en un Estado aconfesional, la Iglesia Católica, siga manteniendo sus privilegios,
como la enseñanza religiosa en la escuela pública.
-Valorar la posibilidad de participación del laicado en la elección de párrocos y obispos.
-Compromiso con la política, creación de partidos políticos cristianos.

 

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