Las mujeres awajún, en la Amazonia peruana, nos cuenta un reportaje de VaticanNews, buscan mitigar o adaptarse al cambio climático mediante la sabiduría ancestral y la bio-joyería. Quizá se pregunte qué tiene que ver eso con la Iglesia Católica. Nosotros, también.
“El llamado de Nugkui”, es el título de la investigación publicada en San Martín, Perú, bajo la autoría de la Organización ‘Mujeres Artistas Nugkui’, de Shimpiyacu, y de la Asociación ‘Bosques de las Nuwas’, de Shampuyacu, en la que rescatan las estrategias de mitigación y adaptación frente a las amenazas de las mujeres awajún a través de la sabiduría ancestral y la bio-joyería”.
El párrafo de arriba, cuajado de nombres exóticos, se diría sacado de una versión menor de National Geographic, pero se trata en realidad del sumario de un reportaje aparecido en el órgano online oficial de la Santa Sede, VaticanNews.
Uno puede tener sus objeciones al abuso de referencias ecológicas en los mensajes de la jerarquía eclesiástica en los últimos años, e incluso expresar, en plena posesión de esa ‘parresia’ que siempre ha elogiado el Santo Padre, ciertos reparos a la necesidad de publicar toda una encíclica, Laudato Sí, a asunto que brilla por su ausencia en el Evangelio o la Tradición. Pero, en cualquier caso, tales referencias suelen tener alguna vaga conexión, un tenue hilo, al menos, con nuestra fe, con referencias a la Creación y alguna cita aislada a las Escrituras o mención ocasional a realidades reconocidamente católicas. Aquí no encontrará nada de eso.
Nada en el reportaje, ni una sola palabra en la conclusión para salvar la cara, hace de la experiencia de las Mujeres Artistas Nugkui un relato con alguna conexión con la Iglesia Católica o sus verdades reveladas.
El mensaje cristiano es totalizante, abarca toda experiencia humana, y puede decir con Terencia que nada de lo que es humano le es ajeno. Pero sobre toda esa realidad arroja su luz y le da su sentido profundo. No es este el caso.
Por el contrario, todo el artículo desgrana su asunto con un respeto reverencial a las prácticas de estas mujeres indígenas para mitigar el cambio climático a través de la bio-joyería como si realmente creyera eficaces sus conjuros paganos. El texto está cuajado de ese lenguaje pretendidamente académico que oscurece más que aclara, muy del gusto del eclesiástico de nuestros días. Se puede, así, leer que “las prácticas de la biojoyería tienen una potencia impresionante para ayudar en la recuperación y valoración del bosque, así como para la preservación cultural y para el impulso de una iniciativa productiva en armonía con la naturaleza”.
Esa cháchara bienintencionada, sin embargo, puede resultar inocente, aunque banal. Más sorprendente, en cambio, es leer en la voz online de la Santa Sede una replicación acrítica de nociones incompatibles con el catolicismo, paganismo puro que se presenta sin matización y casi con aplauso. “Debe llamarse ‘El llamado de Nugkui’, porque Nugkui es el espíritu de la Madre Tierra, el espíritu que salió de las profundidades para enseñarnos la agricultura y los cantos mágicos a las mujeres awajún”. Pues vale. Amén.