Quiere que le devuelvan lo que donó durante 24 años.
(Mercatornet/Massimo Introvigne) Los medios de comunicación estadounidenses están informando ampliamente sobre la demanda federal iniciada el mes pasado por James Huntsman contra la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, conocida popularmente como la Iglesia mormona.
Una de las razones de la amplia cobertura es quién es Huntsman: el heredero de miles de millones de su padre, el difunto John Huntsman Sr.; además de hermano de John Huntsman Jr., quien ha sido gobernador de Utah.
Huntsman no es el primer mormón que se convierte en un ex-mormón muy crítico con su antigua fe. Pero probablemente es el primer multimillonario en hacerlo, y un multimillonario que ahora quiere añadir algunos millones a sus miles de millones (aunque afirma que, si gana el juicio, donará el dinero a grupos críticos con los mormones en lugar de embolsárselo).
Como muchos mormones comprometidos, Huntsman afirma que contribuyó durante 24 años con el 10% de sus ingresos anuales a la Iglesia. Ahora quiere que le devuelvan sus donaciones.
El fundamento de la reclamación de Huntsman es una declaración publicada por el Washington Post en 2019, en la que se afirmaba que aproximadamente el 14,3 por ciento de las donaciones que recibe la iglesia mormona anualmente es apartado e invertido en diversos negocios. Asimismo, con ese dinero, se financian diversos negocios propiedad de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días. Huntsman dice que creía ingenuamente que todo el dinero que donaba se utilizaba para ayudar a los misioneros, construir templos y apoyar obras de caridad y que se molestó mucho después de leer el artículo del Post y decidió interponer una demanda.
(…) La práctica que Huntsman ha denunciado por la que un porcentaje de los ingresos se aparte y se coloque en diversas inversiones y negocios no religiosos es habitual. La Iglesia Católica ha sido criticada porque algunas de sus inversiones fueron muy arriesgadas y dieron lugar a pérdidas catastróficas, no porque invirtiera parte de su dinero, lo cual es una práctica normal, sabia e incluso loable. Algunas iglesias protestantes de Estados Unidos han sido criticadas porque invirtieron en empresas lucrativas pero que operaban en negocios dudosos como la producción de armas e incluso la pornografía, pero nuevamente no por la idea de invertir en sí misma.