La Iglesia española da públicamente las gracias a los medios

La Iglesia española da públicamente las gracias a los medios

No a los sacerdotes heroicos que arriesgan sus vidas para llevar los sacramentos a sus fieles, no: a los medios, que les vapulean rutinariamente como a un muñeco de pimpampún. Los obispos de la Comisión Episcopal para las Comunicaciones Sociales (CECS) han hecho público un mensaje de apoyo y agradecimiento al mundo de las comunicaciones por el trabajo que están realizando en este tiempo de pandemia. El título del mensaje es: ‘Los comunicadores sois garantes de esperanza ante el Covid-19’.

De cualquier ateo o infiel me extrañaría que llamara a los periodistas “garantes de esperanza”. No lo somos, no podemos garantizar esperanza en absoluto, nuestra misión, en el caso óptimo, es contar lo que pasa, que puede ser esperanzador o no. Pero en pastores católicos, en los sucesores de los Apóstoles -que deberían tener muy claro Quién es el garante de nuestra esperanza- suena directamente demencial.

El texto, por lo demás, lo es. Los medios, especialmente los grandes grupos mediáticos convencionales, responden a unos intereses, que son los que les mantienen con vida (respiración asistida, en caso del papel), y los casos de desinformación, ocultación y parcialidad, muy especialmente en esta crisis, han sido clamorosos. Decir, como afirma el texto, que “los medios de comunicación nos permiten conocer lo que está ocurriendo con todos sus matices y sus complejidades, ponen en contexto las informaciones y dan respuesta a nuestras preguntas” está sencillamente más allá de cualquier parodia.

Aunque lo intentan, porque a continuación añade la nota: “Además, difunden las indicaciones que señalan las autoridades competentes, que hemos de vivir en este momento como sociedad, y ayudan a desmentir las noticias falsas y los bulos que pueden angustiar o hacer caer en la desesperación o el desorden”.

Para empezar, las autoridades competentes se han demostrado incompetentes. Las nacionales, por supuesto, que nos han colocado, sin ser un país especialmente atrasado o susceptible, en el podio de contagios y muertes. Pero también internacionales, esa Organización Mundial de la Salud que empezó diciendo que el Covid-19 no se transmitía de humano a humano y a la que Trump le acaba de cortar el grifo de fondos después de desplegar una incompetencia y una parcialidad sonrojantes.

Por otra parte, los medios de comunicación españoles llevan tiempo a la vanguardia de los ataques contra la Iglesia y, sobre todo, contra toda la visión del mundo y del hombre que nos han dejado siglos de cristianización.

El efecto es desolador. Suena a pelotilleo patético de un grupo de burócratas aterrados que parecen incapaces de entender que su fin, la razón de sus puestos, no es otra que la de afianzar nuestra fe y reforzar nuestra confianza en la meta de nuestra existencia y verdadera esperanza, Jesucristo. Todo lo demás es humo.

Los comunicadores sois garantes de esperanza ante el Covid-19

Parecía que no llegaría el maligno coronavirus que azotaba a lejanas zonas de la tierra, pero de pronto los españoles nos vimos confinados en nuestras casas, como sucede en otros países. En medio de esta situación, vosotros comunicadores y periodistas tenéis que narrar el drama mortal de esta pandemia y a la vez los ejemplos esperanzadores de entrega y solidaridad que se dan en abundancia en nuestra sociedad.

Los obispos de la Comisión Episcopal para las Comunicaciones Sociales (CECS), queremos reconocer el luminoso trabajo de los profesionales que están en primera línea de esta guerra, como son los profesionales sanitarios y sus servicios auxiliares, laboratorios y farmacias. Con ellos, todos los que nos facilitan nuestra vida cotidiana, repartidores y distribuidores, comerciantes y supermercados, servicios de limpieza, de transporte, de mantenimiento, funerarias, junto con las ejemplares actuaciones de los militares, guardias civiles y policías.

También es de agradecer el servicio de los sacerdotes, en las capellanías de los hospitales, dando el consuelo en los cementerios, atendiendo desde las parroquias a los que están solos y asistiendo a los más necesitados, unidos a Cáritas. Igualmente, a todos aquellos que contribuyen anónima y solidariamente al bien común, vaya nuestro respeto, admiración y agradecimiento. De manera especial, pedimos y esperamos la pronta recuperación de los profesionales que han caído enfermos y encomendamos a quienes dieron su vida por el bien de todos. Cada uno de ellos hace verdad la petición del Papa Francisco que nos invita a “tomar en serio lo que cuenta, a no perdernos en cosas insignificantes, a redescubrir que la vida no sirve, si no se sirve. Porque la vida se mide desde el amor” (Roma, 6 de abril de 2020).

En estos momentos difíciles, los medios de comunicación nos permiten conocer lo que está ocurriendo con todos sus matices y sus complejidades, ponen en contexto las informaciones y dan respuesta a nuestras preguntas. Además, difunden las indicaciones que señalan las autoridades competentes, que hemos de vivir en este momento como sociedad, y ayudan a desmentir las noticias falsas y los bulos que pueden angustiar o hacer caer en la desesperación o el desorden. Vuestro servicio es esencial para una sociedad que ama la libertad y la verdad.

Queremos destacar el papel de las empresas de comunicación y la labor social que vosotros, periodistas, corresponsales y comunicadores, lleváis a cabo en esta epidemia: acortando las distancias geográficas y sociales, abrís una ventana a la esperanza y al futuro, dais a conocer iniciativas solidarias y ofrecéis a los que están confinados en casa múltiples posibilidades para estar conectados con el mundo y para desarrollar sus cualidades. Sin olvidar, la capacidad de entretener con programas de humor, con el cine o la música, que nos permite salir de una rutina diaria necesariamente estrecha, y nos puede vincular con lo mejor de la humanidad, el arte y la cultura. Sin esta labor de los medios de comunicación, este aislamiento sería muchísimo peor.

En muchas ocasiones, este trabajo no está exento de dificultades técnicas y de preocupaciones personales en el presente, pero también en el temor sobre lo que pueda pasar en el futuro con vuestro puesto de trabajo. El agradecimiento de todos debería traducirse en apoyo social para que los medios puedan continuar llevando a cabo su tarea ahora y en un futuro que se presenta difícil. ¡Recibid todos, nuestra consideración, respeto y aliento!

Nuestra esperanza está en que el coronavirus sea vencido, no solo por el trabajo individual de algunos, sino por el esfuerzo colectivo de cada uno que cumple con su deber, que en el caso de muchos de nosotros es el de quedarnos en casa. Hay que sacar lecciones de lo que esta ocurriendo. Esta situación se puede superar juntos, entre todos, sumando el esfuerzo de cada uno para construir un tiempo nuevo lleno de valores y con un estilo de vida mucho más sencillo y fraterno.

Ha finalizado el tiempo litúrgico de la Cuaresma, pero no ha terminado nuestro confinamiento en las casas, seguimos en “situación cuaresmal”, pero viviéndo con sentido Pascual el gozo y la esperanza que surge del acontecimiento clave del cristianismo: Cristo ha muerto y ha resucitado, venciendo el mal, la muerte, el dolor y toda enfermedad. Porque Él es la Esperanza de los vivientes, de los que están cerca y de los lejanos. A todos alcanza con su acción misteriosa y salvadora.

Cuando mueren las esperanzas de los pueblos, desaparecen las culturas. Por ello, a vosotros hombres y mujeres de la comunicación en España os pedimos que no os canséis, en medio de este oscuro panorama. Sed portadores de la verdad y la esperanza en todo aquello que hacéis y comunicáis, para que vuestras noticias y programas alcancen el corazón de la ciudadanía dolorida. Sabed que estáis presente en nuestras oraciones para que el mal de este espantoso virus no os alcance y podías gozar siempre de la “salud del alma y del cuerpo”.

A pesar de lo que está sucediendo tenemos que desearos: ¡Feliz Pascua de Resurrección! Con nuestro afecto y bendición.

+ Mons. Juan del Río. Arzobispo castrense y presidente de la CECS

+ Mons. Salvador Giménez. Obispo de Lleida

+ Mons. José Manuel Lorca. Obispo de Cartagena.

+ Mons. Sebastià Taltavull. Obispo de Mallorca

+ Mons. José Ignacio Munilla. Obispo de San Sebastián

+ Mons. Antonio Gómez Cantero. Obispo de Albarracín-Teruel

+ Mons. Joan Piris. Obispo emérito de Lleida

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