Campanas al vuelo en la Conferencia Episcopal Española: en 2018 se alcanzó un nuevo récord de recaudación a partir de la famosa X que se marca en la casilla de la Iglesia en la Declaración de la Renta. Fuera de titulares: la proporción de españoles que marca la X sigue descendiendo.
“Aumentan en 27.000 las declaraciones de la Renta en favor de la Iglesia católica”, es la gran noticia con que abre el Servicio de Información Católica. ¡Albricias! Siguen las buenas nuevas para la economía de nuestra iglesia: 7.191.387 personas marcaron la X en la Declaración de la Renta, lo que supone, contando las declaraciones conjuntas, 8,5 millones de contribuyentes; el número total de declaraciones a favor de la Iglesia ha aumentado en 26.885 las declaraciones de años anteriores; la recaudación de la Iglesia por el IRPF alcanza su máximo histórico, 284 millones de euros, con un incremento de 16,6 millones, y el 32,32% de las declaraciones marcan la casilla de la Iglesia y, de media, cada contribuyente que marca la X aporta 35 € a la Iglesia sin que pague más ni le devuelvan menos.
Hay solo un pequeño, un insignificante problema: este es el tercer año seguido en que baja el porcentaje de personas que marcan la X. Todavía no en una proporción alarmante, aunque tampoco despreciable: 2,88 puntos en 5 años. Y si nos creemos el CIS de enero de 2019 sobre los que se declaran católicos en España, menos de la mitad marcan la X.
Dicho de otro modo: que haya más dinero o más declarantes no es ningún mérito de la Iglesia, no depende en absoluto de ella. Lo que sí depende es, precisamente, el dato negativo, es decir, que cada vez sea menos los católicos dispuestos a contribuir al sostenimiento de la iglesia a través de la declaración de la renta. Este dato, naturalmente, incidirá negativamente en la recaudación en cuanto cambien las condiciones laborales, demográficas o económicas ajenas a la Iglesia.
Pero, naturalmente, el problema no es, o no debería ser, el dinero. El problema es por qué desciende ese porcentaje, y qué relación guarda con el malestar entre los católicos con las acciones de la jerarquía.