El ocaso del cardenal Aguiar

El ocaso del cardenal Aguiar

Tiran malos vientos en el tormentoso pontificado de Carlos Aguiar. Ayer teníamos la esperada noticia del nombramiento de los nuevos obispos auxiliares para lo que ha quedado de la enorme archidiócesis de México.

Hemos asistido a la creación, por división, de tres nuevas diócesis que están empezando su andadura con los lógicos balbuceos de los primeros pasos, pero con la fortaleza de la experiencia acumulada de tantos sacerdotes. El nombramiento de los nuevos obispos de estas diócesis ya fue una señal de que Carlos Aguiar estaba perdiendo el control de la situación. La decisión de la creación de las nuevas diócesis ya estaba tomada y poco o nada ha influido la opinión de su titular que aceptó el encargo para ejecutar la decisión. En una operación desesperada el polémico arzobispo intentó colocar a los suyos en las nuevas diócesis para crear una especie de corte de fieles sufragáneos que secundarán al cardenal. La operación resulto un fracaso.

Carlos Aguiar no ha entendido los mecanismos romanos que tienden a dividir el poder para controlarlo. A Roma no le preocupa que Aguiar controle o no su enorme archidiócesis sino controlar a Aguiar y no perder la influencia sobre una de las diócesis más importantes del mundo.

Aguiar se presenta a los cuatro vientos como el hombre de Francisco en México y todo lo que dice o hace lo realiza con el argumento de autoridad del Papa reinante. Piensa, y piensa mal, que los ingenuos padrecitos chilangos adoran al Papa Francisco y que todo lo que venga vestido de blanco será aceptado sin dificultad.

Estos juegos infantiles no soportan el paso del tiempo ni convencen a nadie. La influencia política del cardenal es nula y el actual presidente de México, que tanto admira al Papa Francisco, ignora de forma reiterada y continua a su vecino de casa. Los trapicheos con el poder, tan importantes para destacar en la sociedad mexicana, le han fallado y los sueños priistas no se han hecho realidad.

El clero de la archidiócesis está en armas y no acepta la imposición de nuevas tasas e impuestos de su titular. En las parroquias se está viviendo una situación de sede vacante de hecho a la espera que las cosas cambien. Los gestos de falsa paternidad con los sacerdotes ancianos a los que se pretende contentar con migajas no han solucionado los verdaderos problemas de fondo.

Sabemos que no ha gustado nada de nada que hayamos hecho público el malestar del círculo presuntamente íntimo del cardenal y sus reuniones clandestinas, así como las compañías peligrosas de su eminencia.

Hoy sabemos que los nuevos obispos auxiliares no lo son de Aguiar y que los elegidos no cuentan con su aprobación, ellos lo saben y él también. Los nombres sugeridos por el cardenal eran otros y ni antes, ni ahora, han sido escuchados.

Los sueños romanos de Aguiar se han desvanecido y se encuentra en el ocaso de un pontificado en el que nunca ha brillado el sol. Los nuevos auxiliares llegan como coadjutores y más que ayudar a Aguiar tendrán que apaciguar los ánimos para que la serenidad retorne y preparemos la época post Aguiar. Son personas de prestigio personal que no deben su mitra al cardenal Aguiar y que estamos convencidos que pondrán por delante el servicio a la iglesia sin entrar en juegos de corte.

El cardenal está cosechando lo que ha sembrado y por lo que vemos, los hechos cantan, tanto la nunciatura mexicana como la Secretaria de Estado conocen bien la situación. En el mejor estilo del Papa Francisco, estamos seguros de que no jubilará a Aguiar antes de tiempo, salvo situaciones imprevistas e incontroladas, pero el ocaso de Aguiar ya está en acto y más de uno pensará que fue una decisión equivocada que hay que auxiliar sin contar mucho con la opinión del auxiliado.

Juan Diego de Calpulalpan

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