Nuzzi: “De 10 euros del Óbolo de San Pedro, solo 2 llegan a los necesitados”

Nuzzi: “De 10 euros del Óbolo de San Pedro, solo 2 llegan a los necesitados”

Mientras el limosnero papal urge a las órdenes religiosas a abrir sus conventos para alojar a los migrantes ilegales, los cardenales viven en apartamentos de 600 metros cuadrados, la Santa Sede dispone de 5.000 magníficas propiedades inmobiliarias en la APSA y, asegura el periodista Gianluigi Nuzzi, solo dos de cada diez euros recaudados por el Óbolo de San Pedro llegan a sus supuestos destinatarios, los más necesitados.

“Me dirijo a los cardenales, a los obispos, a los presbíteros, a los religiosos: abramos, empezando por mí, nuestros presbiterios, los conventos, los monasterios para alojar cada uno al menos a una familia de los campamentos de refugiados de Lesbos, para poder vaciarlos todos”, apela el cardenal Konrad Krajewski, limosnero papal y más conocido por “el electricista”, después de que reestableciera personal e ilegalmente la electricidad a un edificio romano ‘okupado’.

Pero Krajewski tiene una solución más cercana, e incluso más práctica que apelar a esos monasterios que no hacen más que cerrarse y venderse por falta de vocaciones: el Papa. Como monarca vaticano, tiene en su mano disponer de las cinco mil magníficas propiedades inmobiliarias que posee la Santa Sede en todo el mundo, especialmente en Italia, gestionadas por la Administración del Patrimonio de la Sede Apostólica (APSA). Y otros fondos de los que parece disponer de modo bastante curioso y poco compatible con las prédicas que Su Santidad dirige al resto del mundo.

Lo comenta el periodista Gianluigi Nuzzi, cuyo libro ‘Juicio Universal’ sigue causando terremotos en el Vaticano. “Es evidente que no gusta que se haga saber que, de cada diez euros de limosna recibida por la Santa Sede, solo dos van a los pobres y el resto, a cubrir agujeros en el balance, mientras existen cuentas millonarias a nombre de cardenales o fundaciones fantasma”, escribe Nuzzi. “No soy yo el pesimista sobre sus cuentas, sino su Consejo de Economía”.

En estas cuestiones, el entusiasta utopismo papal, como el de quienes le rodean, contrasta poderosamente con lo que se hace en la propia Curia y en el diminuto Estado. Piden a los fieles que alojen familias migrantes y que acojan la inmigración masiva mientras compran propiedades de lujo en Londres y mantienen las fronteras más herméticas de Europa; se exige a las empresas una transparencia al tiempo que se mantienen cuentas totalmente opacas de las que, cuando sabemos algo, es para echarnos las manos a la cabeza; se proclama la ‘tolerancia cero’ sobre los abusos, y no solo siguen saliendo casos de encubrimiento a diario, sino que el propio Pontífice ha protegido y protege a encausados por abusos sexuales como Gustavo Zanchetta, obispo emérito de Orán, en Argentina.

Ahora mismo, mientras se celebra en Madrid la Cumbre del Clima, Su Santidad interviene, insatisfecho, para quejarse de que se hace demasiado poco para luchar contra el fantasmal Cambio Climático, que parece haber convertido en nuevo dogma, pero el Vaticano sigue sacando sus buenos réditos a su ‘santa gasolina’ libre de impuestos.

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