The Tablet pide a la Iglesia que ‘suavice’ su oposición al aborto

The Tablet pide a la Iglesia que ‘suavice’ su oposición al aborto

En un editorial de The Tablet -lo más parecido que existe al órgano oficial de los católicos ingleses- se sugiere que la Iglesia debería suavizar su postura con respecto al aborto o, al menos, no insistir en que deje de ser civilmente un derecho.

Cuenta el periodista británico Damien Thompson, redactor jefe del británico Catholic Herald, que los obispos de Inglaterra y Gales están alarmados por un editorial aparecido en The Tablet sobre el aborto.

Muchos, asegura Thompson, están furiosos con el editorial -‘Restringir el aborto: la doctrina católica pone la barra demasiado alta’-, en el que se sugiere que la Iglesia debería suavizar su postura con respecto al aborto o, al menos, no insistir en que deje de ser civilmente un derecho.

Hay que entender qué representa The Tablet para el catolicismo inglés, y cuál es la posición de la Iglesia Católica en Gran Bretaña para entender la magnitud del escándalo.

The Tablet no es simplemente una publicación católica, como hay tantas en nuestro país; es lo más parecido que existe al órgano oficial de los católicos ingleses, fundado no mucho después de que los discriminados ‘papistas’ recuperaran todos sus derechos políticos en un país cuyo monarca es, a la vez, la cabeza de su iglesia nacional.

La publicación es, desde hace ya décadas, algo parecido a lo que es America en Estados Unidos, es decir, un exponente de lo más progresista en el seno de la Iglesia, un fenómeno que, por lo demás, es bastante común en casi todos los ámbitos.

Pero, hasta ahora, no había salido con un ataque tan frontal contra uno de los puntos de lucha más actuales y más difíciles de la Iglesia en nuestro tiempo, como es la defensa a ultranza de la vida desde el momento de la concepción.

El texto es previsible, dentro de lo que cabe. No entra a cuestionar que el aborto sea en sí mismo inmoral, sino que insiste en una línea derrotista, posibilista, según la cual el aborto legal está ya tan engranado en nuestros sistemas jurídicos, tan asumido por todos, incluyendo, en sus casos más extremos, una mayoría de católicos, que mantenerse intransigente en cuanto a que deba ser penalizado equivale a que la Iglesia pierda influencia social.

«El resultado de fijar la barra demasiado alta -dice literalmente- no es que la Iglesia Católica tenga una clara posición sobre el aborto, sino que se acerca a no tener posición alguna en absoluto, o al menos ninguna que tenga relevancia en el proceso político o en la vida de la gente corriente».

Es decir, que la publicación más relevante del catolicismo inglés está defendiendo la misma ‘democratización’ de la moral cristiana que es ya moneda común de la disidencia teológica del tipo al que nos tiene acostumbrados el padre James Martin.

En el caso de este último, la ‘ratio theologica’ para dar peso a este argumento es el ‘sensus fidelium’, es decir, el criterio por el que un principio en duda se decanta por la opción que haya sido creída de forma firme e ininterrumpida por el pueblo fiel.

Naturalmente, ni esto ni las materias a las que Martin aplica el principio reúnen ni de lejos las condiciones: no es un principio en duda ni se ha creído abrumadoramente por una mayoría de los fieles de forma firme e ininterrumpida, lejos de ello.

El último párrafo podría firmarlo cualquier editorialista de un diario progresista secular, al hablar de «victoria para la visión de que la mujer tiene un derecho natural a controlar su propia fertilidad», presenta la opción de abortar como legítima para quien «no tiene mucho donde elegir» y presenta como el ideal la libertad de abortar durante las primeras semanas, haciendo los habituales e hipócritas votos para que el ‘procedimiento’ sea «infrecuente, seguro y legal».

Ahora, la Iglesia, que puede cambiar muchas cosas en nuestro modo de vivir nuestra fe; que puede cambiar ritos, derogar el celibato eclesiástico, eliminar el ayuno cuaresmal, etcétera, no puede cambiar esto, como propone The Tablet.

No puede determinar, de repente, que la vida no comienza en la concepción, aunque solo sea porque se vería en el aprieto ontológico de determinar qué pasa de golpe al cabo de esas primeras semanas para que exista vida humana donde el día anterior había un amasijo de células desechable.

No es que The Tablet sostenga esto, no con esas palabras. Parece pretender, tan solo, en que la Iglesia no insista para que esta visión suya, tan ‘peculiar’, sea la ley del reino. Pero tampoco puede eso, que equivaldría a hacer que la Iglesia transigiera, pura y simplemente, con la eliminación de un ser humano inocente.

Con lo que para lograr esto segundo tendría antes que poner en duda lo primero.

Lo que vemos, en general, es una ola de pavorosa fuerza formada por cientos de voces supuestamente autorizadas que piden a la Iglesia, sencillamente, que renuncie a su papel de custodio de la verdad, también la verdad moral, y se limite a convertirse en correa de transmisión de las modas ideológicas que, en última instancia, impone el poder.

Es eso o volverse «irrelevante».

No parecen advertir estos ‘amables disidentes’ que el modo más veloz de hacer a la Iglesia irrelevante es someterla a los caprichos de cada tiempo. De hacerlo, resultaría perfectamente redundante: ¿para qué necesitaríamos una Iglesia de verdades cambiantes que se ajusten a las tendencias del momento, si ya podemos seguir directamente esas modas sin necesidad de ritos y jerarquías?

Al principio de su pontificado, Francisco advirtió a los católicos que no podíamos centrar estrechamente nuestros esfuerzos en las batallas de la familia y la vida, y es evidente que el católico tiene un mensaje que desborda esas cuestiones no por graves menos puntuales. Pero lo que parece traslucirse de la deriva teológica en cada vez más frentes es que esa insistencia machacona no era debida solo a la gravedad del asunto, sino también a la voluntad del mundo por convertirlo en dogma de fe laica, aunque sea necesario cambiar la postura de la Iglesia.

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