Mientras su sacerdote diocesano sigue en una cárcel vaticana, Juan Antonio Menéndez viaja a Roma pero «por gestiones«.
Vallejo Balda sigue preso. Nadie se explica cómo el Papa mantiene entre rejas al que fuera su estrecho colaborador, y que pudo cometer algunos errores. Ha pasado ya más de un año y dos meses sin que la misericordia papal haya entrado en su celda.
Mientras tanto, un domingo por la noche el obispo de Astorga aterriza en Roma. Viene solo, sin su secretario, lo que invitaría a pensar que quiere, quizá, hacer una obra de misericordia con Angel Vallejo Balda, al que conoce desde hace tantos años.
Él sí podría visitarle. A él sí se lo permitiría la Gendarmería, algo que ha negado a tantos amigos suyos que hemos intentado hacerle compañía unos minutos…
Al verle no he podido evitar pensar en Vallejo Balda, así que le he preguntado:
«¿A ver a D. Ángel Lucio?»
Ha negado con la cabeza, y ha asegurado que no ha venido a Roma a ver a Angel Vallejo Balda, sino a hacer unas «gestiones».