Los obispos se van cabreados

Es insólito una plenaria que concluya en la tarde del jueves y no en el mediodía del viernes. Cuando el secretario portavoz informa a los periodistas del transcurso de la Asamblea, a mediodía del viernes, los obispos todavía están reunidos ultimando sus acuerdos o desacuerdos. Ésta concluyó el jueves y según me informan con muy mal ambiente. El cabreo era general y por motivos ajenos al programa. No hubo ningún hecho externo que precipitara la desbandada. Una muerte relevante, un terremoto asolador, el Papa que llegaba mañana… Creo que sólo ha habido enfado y  mal ambiente.

Cuando aparece un cura pederasta hay consternación en todo el clero. Por dos motivos. Ciertamente el dolor por la conducta de un hermano impresentable pero también por la indignación de que se pueda asimilar a la inmensa mayoría de los sacerdotes con el indeseable en cuestión. Porque ellos, esa inmensa mayoría, no son así.

Los obispos son cada uno de su padre y de su madre. Los hay inteligentes y border line, aunque evidentemente el listón esté más alto que el de los que apenas superan la inimputabilidad. Simpáticos y antipáticos. Más tradicionales o más avanzados aunque estos últimos, de momento, todavía dentro de un orden. Trabajadores o, digamos, inapetentes. Déspotas o accesibles. Queridos o deseando casi todos su marcha. Con auctoritas o apenas sin ella. Pero todos, o casi, son buenas personas. Verdaderamente malos, gracias a Dios poquísimos. Aunque el border, el antipático, el inapetente, el asimilable al coño de la Bernarda… en el fondo son buena gente y querrían pasar por otra cosa. Auque sean incapaces de ello.

Sobre esta Asamblea ha planeado una imagen de mala gente que ha dejado a no pocos indignados. Porque piensan, con bastante razón muchos y con alguna otros más, que ellos no son así. El episcopado español no había sido, desde hace años, bastantes, protagonista de escándalos mediáticos. Había mantenido, más o menos, la dignidad. En la última Plenaria han asomado indignidades. Que venían del exterior pero que afectaban al interior. Afortunadamente no han llegado todas al conocimiento general pero ya muchos en el ambiente eclesial son conocedores de ellas.  Más o menos ciertas, más o menos seguras, preocupantes todas. Ya en el año de la Misericordia, impresentables. Hay obispos muy tocados en la opinión de sus hermanos. Ambiciones, intriguillas, cargos al amigo, algunas maledicencias… son consustanciales a la naturaleza humana. Y los obispos tienen esa naturaleza. Pero hemos llegado al asesinato moral, al ajuste de cuentas, a la daga y al cachicuerno. No voy a dar nombres pero todos los obispos los conocen. Y no pocos, asqueados.

No sé si mañana, en la rueda de prensa con el secretario portavoz, en la que, tranquilidad, yo no voy a estar, algún periodista sacará este tema. Seguramente no y además sería inútil. Porque Gil Tamayo, no podría hacer otra cosa, se saldría por la tangente. Pero esa sería la pregunta obligada tras esta Asamblea. Aunque no tuviera respuesta.

A Blázquez, bueno y simple donde los haya, y en la simplicidad no me refiero a sus saberes teológicos, ciertos, aunque me temo que también bizcochables, se le ha ido de entre las manos la Conferencia Episcopal. ¿A Rouco le iba a ocurrir eso? Y lo que era una reunión de amigos, con corrientes más o menos mayoritarias o minoritarias pero que se respetaban. Aunque fuera en la apariencia, le ha sucedido el cabreo general.

Le pregunté hoy a un obispo qué podría pasar dentro de un año cuando haya que elegir a un nuevo presidente de la CEE con el actual ya con la renuncia presentada o a punto de presentarla. Me respondió: No lo sé. Hace tres o cuatro meses pensaba que la pugna estaría entre dos candidatos, hoy, tal vez dentro de unos meses opine otra cosa, ninguno de los dos saldría. Estamos indignados. Insistí: ¿Y entonces quién? Se me quedó un rato parado y me dijo: Pues Catalá o Fidel. Por lo menos esos están limpios. Si me lo preguntas hace cuatro meses ni se me habría ocurrido pensar en ellos.

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