
Y sigue el lío de la Amoris Laetetia. Esta vez el disgusto viene de Maricruz Tasies, bloguera de Infocatólica. Un asunto que le afecta muy personalmente. Ya se dijo desde Cristo era Sabio aquello de ¡Prudencia, Santidad! Y es que si se quiere lío, uno no puede quejarse de los dimes y diretes; si se quiere que permanezcamos unidos en una misma Fe, no se puede trastocar ésta; si se habla de Tradición, no se puede hablar de sorpresas doctrinales; si se moteja a los buenos católicos de fariseos que no están abiertos a los cambios, uno no puede esperar que luego encima estén felices…
¿Queda todo esto al fin en agua de borrajas? Si fuese así más bien valdría ser prudente y no jugar con lo sagrado. Como recordaba Luis Fernando, director de Infocatólica, en su artículo Labios de necio traen discordias:
Prov 18, 6-7
Labios de necio traen discordias, y su boca provoca trastazos. La boca del necio es su ruina, y sus labios, trampa mortal.
¿Y este post qué quería decir?
A continuación reproducimos el de Maricruz Tasies, cuyo original pueden encontrarlo pinchando aquí.
Todo este asunto de la interpretación de Amoris Laetitia me ha puesto mal.
El desorden en que han caído mis emociones y afectos han afectado incluso mi salud, casi como como lo que sucede cuando se está ciegamente enamorado y, de repente, por infidelidad se le es revelada la verdad de los hechos; viéndose, irremediablemente, arrojado al abismo del duelo que provoca la ruptura, de donde solo podrá salir con férrea voluntad en colaboración con la gracia.
Ese documento, simplemente, rompió mi corazón.
Por ser soltera, confieso que tengo vasta experiencia en noviazgos y rupturas; de hecho, una vez, hasta estuve considerando la unión con una persona divorciada vuelta a casar.
Con eso les digo todo.
Sigo soltera por gracia de Dios.
Ahora bien, qué de aquellos noviazgos provocó la ruptura?
El hecho de que ninguno de mis novios fue un católico que siguiera fielmente la ortodoxia; es decir, creían una cosa (o pensaban que la creían) pero hacían otra; es decir, ajustaban su moral a la situación.
Sin embargo, como longeva mujer soltera abierta al matrimonio, me preocupa una cuestión relacionada, precisamente, con la interpretación que algún futuro esposo podría hacer del numeral 303 de Amoris Laetitia [1].
Por supuesto! Un esposo (o esposa) podría argumentar que, a conciencia, es justo su adulterio ya que “reconoce que, no solo su nueva SITUACIÓN no responde objetivamente a la propuesta general del Evangelio sino también que ES LA MEJOR RESPUESTA que puede ofrecer a Dios ya que ha descubierto con cierta SEGURIDAD MORAL que su nueva entrega es la que DIOS RECLAMA”, o sea, que es la AUTÉNTICAMENTE agradable a Dios “aunque la misma no alcance el ideal objetivo”del vínculo que en un principio estableciera conmigo.
En qué quedaría cualquier futura cónyugue cuando, en el 303 de Amoris Laetitia, un adúltero encontraría justificación moral a sus actos? [2]
[Sin mencionar que, tras lo cual, el adúltero esperaría la absolución de su pecado y la recepción de la Eucaristía?]
Como futura esposa tendría que estar alerta ya que, sea el “Jorge” que como pretendiente llegase interpretando que hay justicia en ese numeral, muy a mi pesar tendría que decirle claramente: