Don Fidel Herráez, a los seis meses justos de tomar posesión, y después de una intensa toma de contacto con la diócesis, que me consta por testimonios varios que me han llegado, ha procedido a nombrar su equipo de gobierno. No soy yo conocedor de ese arzobispado y los nuevos nombres no me dicen nada. Ni a favor ni en contra. Veo que al anterior vicario general le mantiene en otra vicaría y es el único con quien intercambié en una ocasión brevísimas palabras y me pareció muy simpático.
De los demás no podría decir ni una palabra. Don Fidel habrá sopesado pros y contras, meticuloso y con afán de acertar como es él, y le deseo de todo corazón el mayor acierto.
El actual arzobispo de Burgos tiene muchas cualidades de las que Madrid es reconocedor. Entre ellas está la elegancia. Que lleva con la modestia que en él es también característica, pero siempre elegante. Elegancia física, cierta, siempre impecable en el vestir, y sobre todo elegancia moral que es mucho más importante.
Estoy seguro de que el nuevo vicario general, hasta ahora de desaliñado aspecto, imitará en adelante a su arzobispo y vestirá de sacerdote. Porque en otro caso, cuando le vean con su arzobispo, pensarán que es su chófer o un paisano que pasaba por allí.
No sé, o sí, por qué se me ha venido a la memoria un clásico de nuestra literatura eclesial. El De correctione rusticorum. Estoy seguro de que la elegancia tan típica de Don Fidel sin mayores correcciones, sólo con su ejemplo, hara desaparecer rusticidades.