Infovaticana
The Last Christian

Pablo y don José Antonio

davidguerrero
10 Octubre, 2015

En el anterior post, habíamos dejado a Pablo a punto de confesarse … —————————————————————————————————————————————– El sacerdote contesta, con cara de alegría: “por supuesto”, mientras le da gracias a Dios de que una persona joven se acerque a obtener el perdón. Entonces van al confesionario y Pablo recibe la Gracia Sacramental. Don José Antonio, que es así como se llama el sacerdote, se despide encantado y le dice: “Pablo, perdona por haber llegado tan justo a Misa”. “No se preocupe, gracias por todo”, responde el chaval. Don José Antonio es una de esas personas que está dispuesta siempre a atender a las almas, a dedicarles tiempo y a sentarse para esperar y poder perdonar los pecados. Hace ya más de 20 años que se ordenó pero trabaja como al principio. Ese día había tenido que llevar la Comunión a una señora mayor que se lo había pedido y después todo se le había complicado: primero se pierde por cuanto era la primera vez que había ido a esa casa y luego se produce un atasco. No había querido excusarse ante Pablo, y piensa: “si Dios no quiere mi buena fama, ¿para qué la quiero yo?”. Por su parte, Pablo vuelve contento a casa, con el propósito de seguir peleando y especialmente de no darle ni un centímetro al enemigo. Mientras tanto, don José Antonio se ha quedado algo preocupado por haber dejado al chico ese día sin comulgar “por su culpa”. Le ha pedido perdón al Señor, presente en el Sagrario, aunque ha notado como el Señor le venía a decir: “No sufras. Has hecho todo lo que has podido. No has parado de servirme desde que te has levantado. Gracias, hijo mío”. Y, tras una genuflexión, se ha marchado en paz a su casa. Pablo, mientras, ve las cosas con otros ojos. El cansancio inicial de la tarde se le ha pasado. Anda contento y deseoso de ver a sus padres y a sus hermanos. Mientras vuelve, el Señor le hace caer en la cuenta de lo siguiente: “Pablo, este pobre sacerdote, no llega a todo. Pide para que haya más vocaciones en mi Iglesia. Y reza también por don José Antonio porque muchas veces mis sacerdotes son atacados injustamente y casi nadie tiene en cuenta lo que hacen. Además, normalmente solo aparecen en los medios cuando se produce algún escándalo. Y hay tantos que sufren cada día y ofrecen su vida por los demás sin que nadie se lo reconozca …”. Al llegar ya todos estaban en casa y ha comenzado el ruido habitual de una familia numerosa que a él le parece magnífico. “Pablo, ¿dónde has estado?”, le pregunta su madre. Y él sonríe.

davidguerrero

Católico sin mérito alguno por mi parte. Amante de mi familia. ¿Qué más se puede pedir? Quien a Dios tiene, nada le falta.