Infovaticana
The Last Christian

Pablo tiene 15 años y hoy no comulgará

davidguerrero
9 Octubre, 2015

Pablo tiene 15 años. Es el cuarto miembro de una familia numerosa formada por  seis hermanos. El chaval estudia 4º de ESO y está en uno de esos colegios “rancios” que aún cree en la escuela diferenciada (nota del autor: es una ironía. En España, la ideología sigue sin reconocer que los resultados son mucho mejores en este tipo de colegios). Acaba de llegar del colegio. Hoy es viernes. Cada uno de los miembros de la familia tiene distintos planes. Ha sido una semana dura, complicada. Empieza a notar la exigencia del nuevo curso. Está un poco agobiado. Se sienta solo en el sofá de su casa, escribe un par de mensajes en el “grupo” y se prepara un bocadillo. “Voy a ver que dan en la tele”, dice. Pablo ya sabe que no debería hacerlo pues sus padres le enseñaron desde pequeño que la TV sólo se ha de encender si uno sabe lo que va a ver y si el contenido es adecuado. Pero Pablo se lía. Está demasiado cansado para pensar en ello. Pasan 10, 15 minutos, apenas hace caso al canal que está puesto mientras merienda y lee alguna noticia de su equipo favorito: el Sevilla. No obstante, pese a ser poco más de las cinco y media de la tarde, en ese momento se puede ver una película con una escena subida de tono. Pablo intenta cambiar de canal, pero no lo hace. Tampoco está muy pendiente de lo que ocurre. La escena se alarga y Pablo mira con el rabillo del ojo. Rápidamente acaba la escena. “Ufff, vaya tela”. Dice. “Ahora esto”. Pablo se pone nervioso, sabe que no debería haber mirado. Empieza a dar vueltas por la casa para que se le intente olvidar lo que ha visto de reojo. En ese momento, se acuerda de lo que dice el sacerdote de su colegio: “cuando el demonio ataca, acudid a la Virgen”. Entonces, reza un Avemaría y una Salve. Pero la tentación todavía no se ha marchado. Siente que la Virgen lo está apoyando. Pero, después de media hora de intentos, Pablo la “pifia” y comete un pecado de pureza grave. Él lo sabe. Tan pronto como lo ha cometido, sabe que hay que confesarse. Después de los nervios iniciales, piensa: “hay Misa en el pueblo, acudiré a confesarme”. Se ducha, se viste rápidamente y llega 10 minutos antes de que empiece. Va mirando el reloj. Quedan 8 minutos, 5, 3. A las siete en punto, aparece el sacerdote corriendo para revestirse. No hay margen para confesarse. Qué rabia. Entonces, hace un acto de contrición y acude a la Comunión Espiritual que reza fervorosamente. Se acuerda de que el Papa Francisco había dicho que el demonio era “mal pagador”. “Vaya si lo es, por un pequeño placer, no puedo comulgar y encima me deja tirado”. Pablo se dice: “al menos, hoy me he dado cuenta de lo importante que es recibir a Dios”. Hace un acto de contrición más y al acabar se acerca al sacerdote para pedirle Confesión. “Buenas tardes, ¿me puede usted confesar?”, afirma.

davidguerrero

Católico sin mérito alguno por mi parte. Amante de mi familia. ¿Qué más se puede pedir? Quien a Dios tiene, nada le falta.


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