Infovaticana
The Last Christian

El aplauso al Papa

davidguerrero
26 Septiembre, 2015

Imagino que habrán visto la sonora ovación al Papa en el Madison Square Garden, en Nueva York, ante más de 20.000 personas. Francisco se ha quedado quieto, como avergonzado. Con la cabeza agachada. No se ha puesto en pie, ni ha apretado los puños en señal de victoria, como diciendo: “soy el mejor”. Más bien se ha quedado recogido, humildemente. Como si no fuera para nada merecedor de esos aplausos. Me ha recordado aquella otra escena, no recuerdo dónde fue, en la que el Papa polaco, ese joven que lo fue hasta su última respiración, ante los gritos recibidos de “Juan Pablo, Juan Pablo”, respondía más fuerte, como contradiciendo a todos: “Jesucristo, Jesucristo”. Y este aplauso me ha recordado a otros posibles aplausos. Cuando se ha aplaudido al Papa se te ha aplaudido a ti, monja de clausura, que nadie te ve ni reconoce tu labor, que en tu celda, abres tu corazón a Dios y pides por la Iglesia, por tu alma y la de todos los fieles. Me ha recordado al aplauso más que merecido, a ti, madre, que endulzas tu hogar, que te levantas a las tres de la mañana para atender a tu hijo enfermo o con hambre, a veces incluso teniendo que trabajar fuera de casa y, además, sigues abierta a la vida. A ti, padre, que luchas por sacar adelante un trabajo, que quizá no te guste, pero que sirve a todos los tuyos. Me ha recordado a ti, joven, que “malgastas” parte de tu tiempo en atender ancianos, deficientes, etc o tus fuerzas para luchar por la vida de los que “no son bienvenidos”. Me ha recordado a ese joven seminarista que escucha de tantos: “no le sigas, no le sigas, haz caso el mundo”, y se levanta con más fuerza para proseguir sus estudios y su oración que le llevará a convertirse en servidor de Cristo. Me ha recordado a ti, sacerdote, que pasas horas y horas “encerrado” en un confesionario, esperando a atender las almas, esperando “sanar las heridas” que el pecado ha dejado en los combatientes. Me he acordado también de ti, señora mayor, que aunque no puedes apenas moverte, siempre tienes una cara de alegría o un momento para ofrecer tu sacrificio a Dios, o que tienes fuerza para agarrar un Rosario y seguir pidiendo por todos. De ti, teólogo, que sólo pretendes mostrar al verdadero Cristo y no imágenes falsas de Él. Y tantos, y tantos, y tantas almas. Que no se las ve, que no aparecen el informativo, que siguen cada día a Dios, a contracorriente, pese al ambiente. Y que hacen lo que hizo María: entregarse por entero. Creo, no sé si es ilusorio pero entiendo que no, que Dios cada vez que hacemos una buena acción, nos aplaude, se derrite con nosotros, se llena de alegría. Estos aplausos sólo los veremos en el Cielo, pero mientras, mientras, seguiremos con orgullo sirviendo a la Causa de Dios. ¿Acaso hay mejor causa? Para Dios, nunca serás anónimo. http://videos.religionenlibertad.com/video/lriRqaNyuG/Y-Dolan-les-puso-en-pie-por-el-Papa

davidguerrero

Católico sin mérito alguno por mi parte. Amante de mi familia. ¿Qué más se puede pedir? Quien a Dios tiene, nada le falta.


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