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Una Iglesia hecha por nosotros mismos

The Last Supper by Pascal Dagnan-Bouveret, c. 1896 [private collection]
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Por Bevil Bramwell

La frase anterior apareció en los comentarios del Papa Emérito Benedicto XVI sobre los recientes escándalos. Por supuesto, sus orígenes son mucho más antiguos. Por ejemplo, uno puede encontrarla operando en las religiones seculares desarrolladas durante y después de la Revolución Francesa. Y se tuvieron que crear nuevas expresiones religiosas porque incluso los revolucionarios sabían que había una dimensión religiosa ineludible de los grandes eventos que tenían lugar, como el funeral del asesinado Marat. Celebraron el funeral de Marat en la Iglesia de los Cordeliers. Habían derrocado a la Iglesia, pero todavía se sentían impulsados ​​a soñar con algún tipo de sustituto.

La frase ilumina un rasgo fundamental de la verdadera realidad religiosa, que es que no está hecha por el hombre. Abraham no inventó un Dios simplemente para mantener a su clan alineado. Jesucristo tampoco fue un comerciante que comenzó su propia religión. Como lo expresó Juan: «no consiste en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó primero, y envió a su Hijo como víctima propiciatoria por nuestros pecados«. (I Juan 4:10)

La Iglesia comenzó sobre la base del trabajo de Dios con los judíos. El hizo esto. Ni siquiera Pablo o Agustín pudieron afirmar que ellos comenzaron la Iglesia. Siempre fue la Iglesia de Jesucristo. El catolicismo es todo don.

Además, el don en el catolicismo es que la revelación nos llega completa. Hay una teoría de la humanidad, la sociedad, el bien y el mal, todo envuelto. Por esta razón, hay una gran línea en el Oficio Divino donde el celebrante ora: «Que la Iglesia confíe solo en tus dones».

Ni siquiera el Papa puede inventar la doctrina a medida que avanza. El Vaticano I fue muy claro: «Así el Espíritu Santo fue prometido a los sucesores de Pedro, no de manera que ellos pudieran, por revelación suya, dar a conocer alguna nueva doctrina, sino que, por asistencia suya, ellos pudieran guardar santamente y exponer fielmente la revelación transmitida por los Apóstoles, es decir, el depósito de la fe».

Un rey puede hacer lo que quiera; un Papa no.

Aparentemente hay dos rutas básicas que puedes elegir con la esperanza de descubrir tu humanidad:  inventas cosas que imaginas son «religiosas» o, peor aún, «espirituales» (esta es la opción “revolucionaria”, “de izquierda”, “romántica”. Las tres se basan en el idealismo, voluble y engañoso como es) o te paras ante el don de la revelación y lo aceptas, por la gracia de Dios, en la fe.

Juan Pablo II preguntó una vez: «¿Por qué ser una persona humana y cómo serlo?» Esta es la pregunta más fundamental que debemos enfrentar en la vida. La parte «por qué» es la respuesta a la paradoja básica que enfrentamos: solo puedo salvar mi vida perdiéndola.

El «cómo» es respondido por el mismo Jesús: «Porque el que quiera salvar su vida, la perderá; y el que pierda su vida por mí y por la Buena Noticia, la salvará» (Marcos 8:35).

En palabras del Concilio Vaticano II: “En realidad, el misterio del hombre sólo se esclarece en el misterio del Verbo encarnado”. De repente, estamos subordinados a alguien fuera de nosotros mismos. En palabras de Juan Pablo II: “Porque una persona descubre el nuevo sentido de su humanidad no solo para poder ‘seguir’ a Cristo sino para realmente hacerlo”. Solo las personas pueden hacer esto con respecto a un Dios personal.

Para el romántico izquierdista esto representa un problema, ya sea porque sus propios pensamientos son primordiales, por lo que todos los demás están equivocados (esto incluye a la Iglesia), o los pensamientos de la elite política (a quienes he entregado mi conciencia) son primordiales.

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Aquí una nueva dinámica entra en la ecuación: los románticos descubren que la religión hecha por el hombre es política. Esto no es cierto necesariamente. Ni siquiera es una consideración. Es lo que está de moda en este momento.

Esto es desastroso, por supuesto, porque la verdad satisface a los seres humanos. De hecho, sólo la verdad. No se realizan con la falsedad. El ruido político que domina nuestro mundo e internet a menudo contiene elementos de verdad, pero rara vez es plenamente, profundamente, divinamente cierto.

Este es el problema fundamental con palabras como «diversidad», por ejemplo, tal como se usa en el documento preparatorio para el Sínodo de la Amazonia. Es un concepto muy de moda. Pero el catolicismo, sobre todo, no es acerca de diversidad. No hay diversidad de dioses o salvadores o iglesias.

Puede haber una diversidad de idiomas o naciones, pero el catolicismo es aún sobre el Hombre judío en Israel en el primer siglo, y sobre la verdad universal y la gracia que Dios eligió ofrecer a su pueblo.

El catolicismo es fundamentalmente histórico y encarnacional. Enseñar acerca de Jesús en un lugar diferente no cambia el hecho de que él tomó pan y vino y los consagró en la Palestina del primer siglo. Cualesquiera que sean las costumbres de comer y beber en distintos lugares del mundo, una de las muchas maneras en que nos mantenemos fieles a Él es cuidar la institución de la Eucaristía. Cualquier otra cosa es mero romanticismo.

Es una religión hecha por el hombre, y no vale la pena perder el tiempo.

Acerca del autor:

Fray Bevil Bramwell, OMI, es doctor en filosofía y ex rector universitario en la Catholic Distance University. Sus libros son: Laity: Beautiful, Good and True; The World of the Sacraments; y, más recientemente, Catholics Read the Scriptures: Commentary on Benedict XVI’s Verbum Domini.

1 comentarios en “Una Iglesia hecha por nosotros mismos
  1. Muy buen y católico artículo de Bevil Bramwell, a quien no conocía. Agradezco a Infovaticana acercar gente valiosa como él. Quien en este caso es hijo espiritual de San Eugenio Mazenod canonizado por el santo polaco.

    Tengo a los OMI en buen concepto. He tratado con varios de ellos en mi país, y hay de todo, pero predominan los de recta doctrina cristiana. Por eso, no me llama la atención que el Doctor fray Bevil Bramwell integre la Congregación de Misioneros Oblatos de María Inmaculada.

    Pero vamos a dejarlos tranquilos y no darles mucha prop a fin de que no les llegue la «compasión» de llámame Jorge.

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