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¿Qué es un liturgista?

Communion of the Apostles or The Institution of the Eucharist by Joos Van Wassenhove (Giusto Da Guanto), 1474 [National Gallery of the Marches, Urbino, Italy]
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Por Anthony Esolen

Contestaré a mi pregunta en breve.

Primero permítanme describirles las instrucciones para arrodillarse en misa en la diócesis de Antigonish, Nueva Escocia, donde estuve durante el verano. Puede resumirse así: fuera de una parte de la primera mitad de la oración eucarística, desde la invocación del Espíritu Santo hasta la elevación del cáliz, no debes arrodillarte.

Una noche, como siempre, estaba listo para caer de rodillas al final del Sanctus, cuando vi a toda la congregación quieta; parecía que mis piernas se habían doblado debajo de mí por un momento mientras me ponía de pie de nuevo, esperando el momento indicado.

Entonces todos se arrodillaron. Pero como no tienen la costumbre de arrodillarse durante la misa, eso significó que la oración eucarística fue interrumpida por docenas de “clop-clops”, cuando los que se arrodillaban golpeaban el suelo. Cada iglesia de por acá parece usar la más corta de las oraciones, por lo que pasamos unos noventa segundos arrodillados, y luego todos de pie para la aclamación, con otro coro de “clop-clops”, a medida que se levantaban las rodillas que no se agacharían de nuevo.

Es decir, no nos arrodillamos después del Agnus Dei. Y el obispo nos ha dicho que no debemos arrodillarnos una vez que regresemos de la comunión. Se supone que todos deben permanecer en su lugar hasta que todos los que comulgan lo hayan hecho, como un signo de solidaridad o algo así.

Como eso lleva mucho tiempo, y dado que la mayoría de las personas en los bancos son viejos, significa que después de que la última persona ha regresado a su lugar todos se sientan. Por lo tanto, no hay ningún sentido de oración justo después de la recepción de la Eucaristía.

Estarás viendo las líneas adelgazar. Han transcurrido dos o tres minutos y si estabas pensando en la Eucaristía mientras caminabas para recibirla, probablemente no estés pensando en eso ahora, porque mirar a todos los demás te ha distraído.

Mientras te sientas, el sacerdote está en esa especie de santuario revoloteando con los vasos y rezando las oraciones necesarias. El Cuerpo y la Sangre de Cristo todavía están allí y tú estás sentado a gusto.

No me siento entonces. Me arrodillo y trato de rezar. No es la cosa más fácil del mundo, porque el pianista está tintineando, y sé que soy conspicuo pero creo que la gente seguramente recuerda los días lejanos cuando también se arrodillaban y rezaban después de la Comunión. Pueden darse cuenta de que soy un estadounidense que pasa acá el verano, así que simplemente no estoy al tanto de la costumbre del país.

¿Cuándo se arrodilla un hombre si no está en la iglesia o en oración junto a su cama? Nunca. Entonces, ¿por qué tendría que huirle al sufrimiento de tener que arrodillarse? Cuando los innovadores litúrgicos modificaron el rito de la Comunión, ¿qué le hicieron al lado humano de la experiencia de la Comunión?

Me pongo en la fila para recibir, así como hago cola por el chili y las donas de Tim Horton’s. De hecho, en este último puedo tener unos momentos de silencio para pensar, pero en la Comunión no. Mantén esa línea en movimiento, amigo. Cuerpo de Cristo listo.

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El sacerdote en esta iglesia es un hombre muy bueno, y da homilías inteligentes. Creo que hace lo mejor que puede, según sus luces, dadas las circunstancias. Pero todo en esa misa, desde la música de Glory ‘N’ Praise, las monaguillas aburridas y encorvadas, el animado locutor, el vergonzoso leccionario, las paredes desoladas y desnudas, y las malas instrucciones litúrgicas que descienden de la cancillería diocesana, actúan como un lastre en el barco de la fe.

Es como tratar de navegar con anclas hacia abajo y aletas en el barro.

¿Qué es un liturgista? Alguien totalmente inocente de la antropología; insensible al significado de los gestos corporales y los tonos de las voces humanas; ignorante de las sutilezas y los muchos registros del lenguaje; un espacio en blanco para la solemnidad; sin sentido del drama, sin sentimiento de silencio; alguien cuya idea de poesía se puede encontrar en una tarjeta de felicitación; alguien que pondrá sobre tu espalda la carga de una hospitalidad falsa; alguien cuya misma sonrisa envía todo pensamiento y sentimiento profundo a un abismo de indiferencia.

¿De qué otra manera explicar la ineptitud? ¿Cómo pueden no ver lo que han hecho? Una cosa es pararte al lado de alguien que no conoces, o sí y no te agrada. Eso pasa todo el tiempo. Sucedió en la escuela secundaria cuando hiciste fila para ir a tus casilleros. Sucede en el banco, en la puerta del aeropuerto, en el Departamento de Vehículos Motorizados.

Otra cosa es, que es bastante disruptivo, arrodillarse junto al extraño o el enemigo, y sentir que tal vez no sea un extraño o un enemigo después de todo, sino un alma humana confundida y sufriente, como tú.

No me siento cercano de extraños que se ven obligados a volverse hacia mí y sonreír. Me siento cercano de la persona arrodillada a mi lado en el tren de la Comunión: niño o niña, hombre o mujer, joven o viejo. Allí estamos juntos, esperando el acercamiento del sacerdote que nos trae al Señor.

¿Cómo pudieron los liturgistas haber perdido el poder obvio de tal experiencia? Pero tal vez sabían de ese poder, y querían que no lo sintiéramos.

A veces me imagino cómo sería volver a una misa católica después de cuarenta años de pecado en el desierto. Tienes recuerdos de solemnidad. Estás a punto de participar de algo serio y temeroso. Estás listo para encontrar el poder de Dios. Y entras por la puerta.

Es posible que te sientas más cómodo de lo que esperabas. Pero no fuiste allí para sentirte cómodo. ¿Volverías?

Acerca del autor:

Anthony Esolen es disertante, traductor y escritor. Sus últimos libros son Reflections on the Christian Life: How Our Story Is God’s Story yTen Ways to Destroy the Imagination of Your Child. Enseña en Providence College.

2 comentarios en “¿Qué es un liturgista?
  1. «¿Qué es un liturgista? Alguien totalmente inocente de la antropología; insensible al significado de los gestos corporales y los tonos de las voces humanas; ignorante de las sutilezas y los muchos registros del lenguaje; un espacio en blanco para la solemnidad; sin sentido del drama, sin sentimiento de silencio; alguien cuya idea de poesía se puede encontrar en una tarjeta de felicitación; alguien que pondrá sobre tu espalda la carga de una hospitalidad falsa; alguien cuya misma sonrisa envía todo pensamiento y sentimiento profundo a un abismo de indiferencia.»

    El liturgista es una profesión muy desprestigiada, pero hay buenos liturgistas, aún, como Javier Sánchez Martínez, sacerdote de la diócesis de Córdoba:

    http://www.infocatolica.com/blog/liturgiafuenteyculmen.php

    1. Una excelente escuela de liturgia (al revés de lo digo), en la que han estudiado la casi totalidad de los liturgistas de la Misa Nueva de 1969:

      Eximia y Excelsa Escuela de Sacra Liturgia Eclesiástica de la Alta Ciudad de Pandemonium.

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