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Propósitos para Año Nuevo

The Advent and Triumph of Christ [a.k.a. The Seven Joys of Mary] by Hans Memling, 1480 [Alte Pinakothek, Munich, Germany]. The painting shows 25 episodes from the Life of Christ in a single narrative composition, including: the Annunciation; the Annunciation to the shepherds; the Nativity; the Massacre of the Innocents; the Adoration of the Magi; the Passion; the Resurrection; the Ascension; Pentecost; the Dormition and Assumption of Mary.
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Por Robert Royal

¡Feliz Año Nuevo! Sí, seguimos viviendo en el annus horribilis MMXX, pero ayer comenzamos un nuevo año litúrgico, otro ciclo de fiestas y ayunos, conmemoraciones y celebraciones, diseñado para ayudarnos a recordar que la vida en el mundo no es – como parece haberse establecido a nivel secular – sólo «una maldita cosa tras otra».

Escribí aquí a principios de año que, en la perspectiva cristiana, Dios permite flagelos como plagas, disturbios generalizados, trastornos políticos con el fin de sacar algo bueno de ellos, por lo general como un recordatorio agudo de que debemos cambiar nuestras vidas. No es vengativo; sólo nos da una especie de bofetada a nuestra histeria, con la intención de hacernos entrar en razón. Eso es casi todo el Antiguo Testamento en pocas palabras.

Deberíamos haber pasado estos últimos meses, severamente difíciles, tratando de averiguar lo que, individualmente y en común, se suponía que íbamos a sacar de este tiempo no ordinario, y vivir en consecuencia. Si no lo hicimos, eso es cosa nuestra.

Cuando te enfrentas a la verdad de que no tienes el control de tu vida, que las instituciones y autoridades habituales tampoco lo están, que debes buscar el camino a seguir en otra parte de la que has estado, al menos te debería traer a una base de humildad y reconocimiento de la realidad.

Así que de la misma manera, aunque no con el mismo espíritu, con el que hacemos balance del año pasado el 1 de enero, y formulamos resoluciones para el futuro, a continuación algunas reflexiones mientras atravesamos el Adviento y anticipamos el nacimiento de la Persona Única con la que realmente podemos contar, incluso en los tiempos más inquietantes.

La primera, última y más importante de todas las resoluciones es resolver no esperar demasiado de nuestros propios esfuerzos. En la dispensación secular, la gente resuelve el 1 de enero perder peso, o cambiar de trabajo, o arreglar alguna relación. Sabemos cómo suelen resultar esos deseos en poco tiempo.

Y eso es algo bueno, bien entendido, porque aunque tenemos que tener las intenciones correctas y trabajar para hacerlas realidad, esas cosas rara vez están en nuestro poder inmediato. Fracasar y saber, sin rendirse ni quejarse, que fracasamos por una buena razón -confiando en un ser humano falible, es decir, en nosotros mismos- y que necesitamos pedir ayuda a otros, ya es un gran paso adelante.

Un sacerdote que conozco desde hace mucho tiempo me escribió para decirme que este fin de semana, mientras rezaba las oraciones de Adviento «Ven, Señor Jesús», se sorprendió de cuán fervientemente este año, después de décadas de ministerio, se encontró diciendo esas palabras. Lo bueno mejora con las pruebas, y si 2020 no hizo más que aumentar la intensidad con la que decimos esa oración, puede contar como un buen año.

Lo que nos lleva a otra resolución: si la antigua traducción del Padre Nuestro «no nos conduzcas a la la tentación» es correcta (así parece en griego, aunque quizá «ponernos a prueba» capte mejor el significado – el «no nos dejes caer en la tentación» preferido por el Papa está muy lejos) incluso Jesús pasó por pruebas. Y por mucho que a todos los seres vivos les disguste el sufrimiento – y para nosotros, como seres racionales, el sufrimiento no es sólo físico sino que está relacionado con el desorden, el aislamiento, la falta de sentido – el sufrimiento parece ser parte de la economía divina. Reza por una vida tranquila, si quieres, y busca vivir una. Pero no esperes que tu vida, cualquier vida, te ahorre múltiples pruebas.

Como americanos, naturalmente creemos en la búsqueda de la felicidad, que típicamente significa prosperidad. No hay nada malo en ello, entendido correctamente. Sin embargo, tenemos el testimonio de las Escrituras en la otra dirección también: «Las personas que tienen riqueza pero carecen de entendimiento son como las bestias que perecen». (Salmo 49:20) Algunos de nosotros parecemos estar contentos con las bestias. Un cristiano debería saber más; incluso los gentiles y las razas menores sin la Ley sabían que «era mejor ser Sócrates insatisfecho que un tonto satisfecho».

Y otra cosa: cuando pidas, no lo hagas como si Dios necesitara tu consejo sobre lo que sería bueno – o malo – para ti. El Padre Nuestro dice mucho acerca de querer lo que Dios quiere, seguido de algunas peticiones sobre el pan de cada día, el perdón, la perseverancia.

La mayoría de lo que creemos que queremos sólo nos hundiría más en la vanidad, el ensimismamiento y el descuido de las cosas más necesarias. Tienes que ser realmente denso para pensar que sabes mejor que el Creador lo que debería y no debería suceder en Su mundo.

Ahora mismo parece pensar que el mundo no debería continuar por los caminos que había seguido antes. Actualmente se habla mucho de un «Gran Reinicio» una vez que el virus sea domesticado. Desafortunadamente, ese «reinicio» se parece mucho a los viejos escenarios autoritarios a escala internacional, un intento aún más radical de controlar el clima, controlar la población, controlar la actividad económica, controlar el culto religioso, sobre todo controlar a otros que se resisten a los controles previstos por el «Gran Reinicio».

Es como si no hubieran aprendido nada del 2020 sobre la locura de pensar que los seres humanos pueden dominar el mundo. Seamos agradecidos con los científicos y empresarios que produjeron vacunas en tiempo récord, pero también realistas. No hace falta mucha imaginación para saber  que pueden ocurrir cosas peores que ninguna cantidad de control humano pueda evitar.

Necesitamos orden público, sin duda, pero un orden que comprenda la libertad humana y la razón por la que existe. Las personas que están más seguras de saber lo que el resto de nosotros debería hacer son las que menos se les puede confiar el futuro. A algunos les gustaría que construyéramos una nueva Torre de Babel, que creen llegará a una especie de paraíso terrenal. Hemos visto durante el siglo pasado y más lo que sucede cuando estos esquemas utópicos se ponen en marcha. Es inevitable. El deseo de dominar insulta al Maestro.

Así que tengan un bendito Adviento. Hagan buenos propósitos y quédense con ellos.

Y ven Señor Jesús.

Acerca del autor:

El Dr. Robert Royal es editor en jefe de The Catholic Thing, y presidente del Faith & Reason Institute en Washington, D.C. Su libro más reciente es A Deeper Vision: The Catholic Intellectual Tradition in the Twentieth Century, publicado por Ignatius Press. The God That Did Not Fail: How Religion Built and Sustains the West, está disponible en Encounter Books.

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