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¡La paz de Dios guardará sus corazones y sus mentes!

Saint John the Baptist in the Wilderness by Caravaggio, 1604 [Nelson-Atkins Museum of Art, Kansas City, Missouri]
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Por BevilBramwell, OMI

En este tercer domingo de Adviento, cuando faltan menos de dos semanas para Navidad, el mensaje para la Iglesia es de gran alegría. El profeta Sofonías anuncia la venida del Mesías: “el Señor, tu Dios, es en medio de ti un gran Salvador”, y con este espíritu deberíamos estar “gritando de alegría”. Al acercarnos a la gran fiesta de la Natividad, nos juntamos como el Pueblo de Dios, unidos por nuestra inmersión común en la Palabra de Dios, que pinta un cuadro apropiado para los católicos en esta temporada.

La Iglesia nos dispone para estar en un ambiente de celebración porque “no hay más desgracias a las que temer”. El Salvador todavía está con nosotros así que: “No se desanimen”. Debido a esto, Dios “se regocijará por nosotros” y él “cantará sobre nosotros… como se canta en los festivales”. Dios se regocijará por la Iglesia, independientemente de las fallas de algunos clérigos.

En nuestra situación, con Cristo realmente presente, podemos “confiar y no temer”, como se dice en el salmo del profeta Isaías. Esto no se debe a cómo nos  sentimos, sino a lo que significa la presencia de Cristo en el mundo a través de la Iglesia.

No le damos sentido a su presencia, más bien estamos llenos de su presencia y eso es lo que le da sentido a nuestra vida. La necesidad de adorar a Dios y amar a nuestro prójimo no ha desaparecido. La misión de la Iglesia de transformar a cada uno de nosotros no ha cambiado, de modo que “podemos extraer agua de los manantiales de la salvación” en esta temporada feliz y luego “entre las naciones (daremos) a conocer sus obras”.

Con Isaías, podemos “cantar salmos al Señor porque ha hecho cosas magníficas”. Dios está llevando a cabo la gran tarea de salvar a la humanidad y debemos estar eternamente agradecidos. El salmo de Isaías es, entonces, una canción de acción de gracias.

Es completamente apropiado, de hecho se exige, después de los pronunciamientos proféticos acerca de la venida del Mesías, un tiempo glorioso en el que “el lobo habitará con el cordero, el leopardo se recostará con el cabrito, el ternero y el cachorro del león crecerán juntos, y un niño pequeño los conducirá”, palabras del capítulo anterior a éste, que leímos en la misa de hoy.

Estos signos metafóricos de paz ya están ocurriendo, aquí y allá, a medida que el Reino de Dios irrumpe en el mundo. Pero solo estará plenamente aquí con la Segunda Venida.

La gente en Estados Unidos es buena para enojarse, pero para los católicos, estar enojado tiene una cualidad diferente porque “la paz de Dios guardará sus corazones y sus mentes”. Como bautizados, estamos en las garras de la santidad, que es el fundamento de cómo estar enojado de manera justa. Esta es una ira que respeta a las personas y desea su bien supremo. Es la ira, paradójicamente, del amor.

El poder espiritual de Dios está presente. Las palabras de Pablo se aplican: “¡El Señor está cerca! Por nada estén afanosos; más bien, presenten sus peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias”. (Segunda lectura)

La gente está sorprendida por la debilidad moral de algunos de nuestros clérigos, por lo que definitivamente hay algo por lo que orar. Hay que reaccionar. De hecho, esta acción es parte de las “buenas nuevas para llevar a los pobres”.

Pero históricamente, tenemos que reconocer que las buenas nuevas, la postura moral del Evangelio, ya se estaban diluyendo hace años, una vez que las diócesis toleraron la teología moral de los años sesenta. El descuido ya se estaba preparando para todos esos años. Dio una base para el abandono del liderazgo espiritual y la disciplina de la Iglesia. Y para hablar sin rodeos, muchos de nosotros lo aceptamos, ahora las palomas han vuelto a casa para descansar.

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Aquí es donde entra en juego el Evangelio de hoy: Juan el Bautista instruye a la gente sobre la moralidad; en primer lugar: “comparte con la persona que no tiene”. Independientemente de lo que esté sucediendo, cuida de los pobres. Luego, para los recaudadores de impuestos: “no recojan más de lo que se prescribe”. Estas son prescripciones de la ley y están destinadas a ser seguidas, y no solo por el clero. Por último, dice que los soldados no deben abusar de su poder, un mensaje a todos los que lo tienen, y no solo a los eclesiásticos.

Finalmente, la presencia irresistible del Señor en el mundo, que es la Iglesia, nos muestra cómo se ve la verdadera moralidad. Pero su presencia tiene otro lado también. Nos juzgará, que es uno de los motivos de la Segunda Venida de Cristo: ” Su aventador está en su mano, y limpiará su era. Recogerá su trigo en el granero y quemará la paja en el fuego que nunca se apagará.” (Juan el Bautista)

Entonces, sí, celebremos la Navidad, pero hagámoslo viviendo de tal manera que demuestre que entendemos que esta fiesta también nos llama a prepararnos para enfrentar al tribunal.

Acerca del autor:

BevilBramwell, OMI, PhD es el ex decano de pregrado en “CatholicDistanceUniversity”. Sus libros son: “Laity: Beautiful, Good and True”; “TheWorld of theSacraments”; “CatholicsReadtheScriptures: CommentaryonBenedictXVI’s Verbum Domini”y, más recientemente, “John Paul II’s Ex CordeEcclesiae: TheGift of CatholicUniversitiestotheWorld”.

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