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¿Homilías sobre temas calientes?

Christ and the Woman of Samaria by Giovanni Lanfranco, c.1625 Pinacoteca di Brera, Milan, Italy]
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Por Howard Kainz

En los últimos dos meses, me ha tomado por sorpresa escuchar dos homilías: una sobre la crisis de abuso y encubrimientos, la otra sobre el aborto. Mi sorpresa se basa en el hecho de que nunca he escuchado estos dos temas discutidos en ninguna misa dominical desde el Concilio Vaticano II. Y he asistido a misas en bastantes estados.

Supongo que esto podría ser un presagio de algún progreso hacia la ortodoxia, aunque da la casualidad de que estos temas son prominentes en los principales medios de comunicación. Con las tristes historias de la degradación y renuncia del cardenal McCarrick y su afición por el sexo con los seminaristas, las noticias sobre sacerdotes católicos abusivos están en todas partes.

Y encima de todo eso, la campaña masiva de los demócratas para evitar la confirmación de BrettKavanaugh ante la Corte Suprema, donde podría influir en la derogación de Roe v. Wade, provocó una furia nacional de partidarios a favor de elegir un derecho otorgado por unos pocos jueces del Tribunal Supremo en 1973.

Entonces, dos temas calientes son ahora tan prominentes en la esfera secular que, solo quizá, hayan obligado a los homilistas a darse cuenta.

Me sorprendería mucho si los temas de la homosexualidad  y/ o la anticoncepción surgieran en una homilía. Con la  anticoncepción, se contemplaría lo que parece ser la fuente de todo el desorden social y eclesiástico.

Porque el uso generalizado de la anticoncepción, incluso por la gran mayoría de los católicos casados ​​es, sin duda, un testimonio implícito o incluso explícito de que la conexión tradicional de sexo (y matrimonio) con la procreación se ha cortado.

Esta separación es muy clara en formas simples de anticoncepción, como el uso de condones, que convierte un acto sexual en nada más que una masturbación mutua.

Se hace un poco más complicado con el uso de anticonceptivos hormonales, DIU, cirugía de esterilización, etc. Sin embargo, aquí somos testigos de un claro rechazo de la procreación, lo que a menudo conduce a la no implantación de embriones humanos o, si los embriones fertilizados se escapan, a la destrucción por parte de (palabras del Papa Francisco) “médicosicarios”o mujeres, es decir, abortistas.

Es irónico e hipócrita para los heterosexuales que practican el sexo no procreativo criticar a los homosexuales que intentan, mediante diversas maniobrasy sin fantasear un poco, imitar los actos sexuales de heterosexuales similares no procreativos.

Pero si se habla  de la anticoncepción como un pecado, un pecado grave, sujeto a un castigo eterno, posiblemente esté subestimando la dificultad que los párrocos comunes pueden tener para discutir el tema.

De joven, pasé unos años estudiando para el sacerdocio, antes de pasar a otras cosas. Y se me ocurre: ¿qué pasaría si me ordenaran y me ubicaran como pastor en una gran congregación, dando una homilía ante un grupo heterogéneo de adultos, niños y adolescentes?

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¿No me resultaría difícil, como sacerdote célibe, hablar de cosas como la anticoncepción o incluso la sodomía, como pecados? ¿Podría simplemente suponer que todos los adultos ya conocerían la enseñanza de la Iglesia sobre tales asuntos, y también que los padres en el momento adecuado transmitirían este conocimiento a sus hijos?

Bueno, tal vez no. Todo depende de cómo se haya instruido a los individuos, y para aquellos que hayan asistido a escuelas públicas, la información sobre todo esto puede ser cero, o incluso peor.

O tal vez podría usar simplemente la palabra “anticoncepción”, enfatizar que es una forma pecaminosa para evitar que nazcan los niños y dejar que las parejas saquen las conclusiones necesarias, y dejar que expliquen el tema lo mejor que puedan a sus hijos en el banco, preguntándose de que estaba hablando el pastor.

O tal vez podría usar la palabra “sodomía”, cuyo significado probablemente sea conocido por la mayoría de los adultos, que pueden explicarlo a los niños a su manera, según sea necesario.

(Todavía fantaseando conmigo mismo como sacerdote:) Si quisiera ir más allá y hablar sobre el efecto que la anticoncepción tiene sobre la fornicación de los adolescentes, o sobre el daño pecaminoso que las mujeres jóvenes están causando en sus propios cuerpos al colocarse durante años en un estado virtual de menopausia por el uso de anticonceptivos hormonales, o sobre las razones de Dios para castigar a Sodoma y Gomorra, etc., etc. Bueno, esas discusiones dependerán de la audiencia y de mis poderes persuasivos.

Pero claramente, la dificultad de que los sacerdotes hablen sobre los pecados sexuales es análoga, y probablemente no más difícil que un padre que habla con sus hijos o hijas adolescentes acerca de por qué no deberían seguir lo que hacen sus grupos de compañeros, o poner reglas familiares respecto al comportamiento y a las amistades.

En las familias, tales cosas deben hacerse, y procrastinar puede en algún punto ser un abandono de los deberes de la propia vocación, así como también un acto pecaminoso.

No soy un encuestador y, por supuesto, es muy posible que mi experiencia con las parroquias y los pastores sea demasiado limitada, y que la discusión de los pecados sexuales sea lo suficientemente frecuente en muchas parroquias. Si es así, con mucho gusto admitiré que he estado enfocándome  en un problema menor relacionado con un pequeño número de sacerdotes y, por lo tanto, los problemas actuales que aparecen en las noticias son, afortunadamente, solo una anomalía resultante de incidentes aislados e individuos.

Pero no lo creo.

Y de igual importancia, todo esto omite el problema de las parroquias en las que un gran número de feligreses asisten a misa solo en Navidad y Pascua, bautizos y funerales. Entonces, incluso si los pastores fueran los mejores homilistas más ortodoxos del mundo, perderían la mayoría de sus mensajes.

Sabemos por encuestas que las tres cuartas partes de los católicos no asisten a misa con regularidad, incluso después de descontar a los ex católicos, quienes conforman el segundo grupo religioso más grande de los Estados Unidos (los católicos autoidentificados constituyen el grupo más grande).

Aquí hay un experimento mental: ¿Qué pasaría si el Papa anunciara a los medios de comunicación de todo el mundo la verdad (conocida anteriormente): que para los católicos, la asistencia a misa es una obligación absoluta bajo el dolor del pecado mortal, no una “opción”, como ocurre con los protestantes?

Perdería popularidad, pero al mismo tiempo establecería  su caso para la santidad.

Y poner a la gente en los bancos donde ocasionalmente podrían escuchar la verdadera enseñanza católica podría ser un pequeño comienzo hacia la verdadera “reforma” católica.

Acerca del autor:

Howard Kainz, profesor emérito de la “Marquette University”, es autor de veinticinco libros sobre filosofía alemana, ética, filosofía política y religión, y más de cien artículos en revistas académicas, impresas, en línea y artículos de opinión. Recibió una beca “NEH” para 1977-8, y becas “Fulbright” en Alemania para 1980-1 y 1987-8. Su página web está en la “Marquette University”.

1 comentarios en “¿Homilías sobre temas calientes?

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