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El nuevo clericalismo
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El nuevo clericalismo

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9 Enero, 2017

Por Mark A. Pilon

La noción peyorativa del clericalismo tiene varios significados diferentes. Para muchos protestantes y secularistas, este término simplemente significa que el clero tiene, y ejerce, demasiada autoridad en la Iglesia Católica. Por qué les preocupa es un misterio, a menos que supongan que la Iglesia de alguna manera es súbdita de sus ideas y debería ajustarse a ellas.

Para los católicos, el clericalismo en general se refiere a un tipo de dominación del laicado por el clero fuera de su autoridad espiritual legítima. El Papa Francisco con frecuencia habla de esta forma de clericalismo, en la manera en que el clero se comporta tanto en su trabajo pastoral regular diario o en la esfera política.

San Josemaría Escrivá, el fundador del Opus Dei, identificaba otro tipo de clericalismo en aquellos que intentaban convertir a los laicos en pseudoclérigos; e identificaba al laico en verdad «comprometido» como alguien que sirve directamente a la Iglesia, en vez de ser un cristiano inmerso en la vida social y política.

Sin embargo, todavía hay otra forma de clericalismo que parece estar igual de generalizado hoy en día. Es el que da por sentado que muchos de los laicos son simplemente incapaces de entender en realidad las enseñanzas de la Iglesia o de estar a la altura de ellas cuando las demandas son grandes. Es el tipo de clericalismo sutil pero letal que el Papa Pablo VI insinuó en Humanae vitae.

El Papa Pablo identificaba con claridad la doctrina moral que proponía la Iglesia a lo largo del tiempo acerca de la anticoncepción, la cual él reafirmaba con respecto de los medios modernos como las pastillas y la esterilización, «sin duda para muchos esto parecerá no solo difícil sino hasta imposible de cumplir». No obstante, explicaba, «La enseñanza de la Iglesia acerca de la regulación apropiada del nacimiento es una promulgación de la ley de Dios Mismo». Ningún católico puede realmente creer que Dios promulgó una ley que, aun con la ayuda de la gracia de Jesucristo, los católicos no serán capaces de observar.

No solo la ley moral está en juego, sino el poder de la Redención misma; y san Juan Pablo II eligió esta temática muchas veces. La imposibilidad práctica de respetar ciertos mandamientos fue una característica de determinadas herejías, precisamente porque implicaba que la gracia no puede superar fragilidades humanas muy reales.

Entonces, el Papa Pablo agrega esta benéfica enseñanza:

De hecho, no puede ser observada a menos que Dios venga en su ayuda con la gracia por la cual la buena voluntad de los hombres sea mantenida y fortalecida. No obstante, a aquellos quienes consideran este problema con diligencia, será en efecto evidente que esta resistencia realza la dignidad del hombre y confiere beneficios en la sociedad humana.

Es claro que aquí también está en juego la dignidad de la persona humana bajo la gracia de Jesucristo.

Cumplir una ley moral difícil siempre requiere una lucha y, para algunas personas, una gran lucha. Sin embargo, el cristiano creyente no se absolverá con facilidad de la responsabilidad por la falta personal a expensas de negar el poder de la gracia de Dios. Asimismo, la suposición de algunos clérigos y teólogos acerca de que la mayoría de los laicos son simplemente incapaces tanto de entender la verdad de ciertas leyes morales o de cumplirlas no es con exactitud una forma de reconocer o promover la dignidad de los laicos.

El Papa Pablo lo anticipó y recordó al clero —sacerdotes y obispos— «hablen con plena confianza, amados hijos, convencidos de que mientras el Espíritu Santo de Dios esté presente en la doctrina firme que proclama el Magisterio, Él también ilumina desde dentro de los corazones de los fieles e invita a su consentimiento».

Suponer que muchos sino la mayoría del laicado es simplemente incapaz de entender la doctrina de la Iglesia en temas morales complejos (y podría agregar en temas sacramentales) es en efecto negar que el Espíritu Santo tenga el poder de «iluminar» sus almas. Pablo estaba advirtiendo a los líderes de la Iglesia a no subestimar el poder de este o socavar la dignidad del cristiano laico, quizás la peor y más dañina forma de clericalismo.

Cuando los católicos leen que la mitad de los matrimonios cristianos son probablemente inválidos debido a la falta de facultad discrecional o de entender los derechos y deberes esenciales del matrimonio, a algunos nos da la pauta de dicho clericalismo. El matrimonio es una institución natural, y si los derechos y obligaciones esenciales están más allá de la comprensión de la mayoría de los católicos, entonces ¿qué dice eso acerca de la dignidad humana de estos hombres y mujeres?

La Iglesia, hasta ahora, siempre supuso que las personas más simples podrían acceder a un matrimonio válido con bastante facilidad. Hoy, debido a la cantidad de matrimonios en teoría inválidos, hasta muchas personas instruidas son evidentemente incapaces de comprender y adherir a los elementos básicos del matrimonio.

También nos explican que muchos laicos católicos no logran entender los preceptos canónicos y morales que enseña la Iglesia y, por lo tanto, con frecuencia pueden ser inocentes de manera subjetiva y en realidad vivir en el estado de gracia, aunque su conducta sea objetiva y seriamente malvada. Una vez más, ¿qué dice esto acerca de la dignidad de dichas personas?

¿Y qué implica esta nueva moral casuística acerca de la fe de aquellos laicos? El Papa Pablo reafirmó que el carácter obligatorio de las doctrinas morales de la Iglesia para la formación de las conciencias no depende de las razones presentadas que apoyan las normas morales. Estas son vinculantes para la conciencia católica solo debido al Magisterio, el cual tiene la luz del Espíritu Santo en la enseñanza de esas verdades.

Sugerir que un católico no está obligado por la doctrina de la Iglesia porque no puede entender o tan solo rechaza las razones propuestas para apoyar dichas normas es simplemente anular lo que san Pablo menciona como la obediencia a la fe.

Con exactitud, ¿cómo es que ese resultado promueve en vez de denigrar la dignidad personal del laico? El clericalismo se presenta en una variedad de formas, pero ninguna más dañina. Esto es en sí mismo algo que bien vale la pena meditar hoy en día.

Acerca del autor:

El padre Mark A. Pilon, sacerdote de la Diócesis de Arlington, Virginia, recibió un doctorado en Teología Sagrada de la Universidad Santa Croce en Roma. Es excoordinador de Teología Sistémica en el Seminario Mount St. Mary, exeditor colaborador de la revista Triumph, y exprofesor y catedrático visitante en Notre Dame Graduate School of Christendom College. Escribe con regularidad en littlemoretracts.wordpress.com.

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ONE COMMENT ON THIS POST To “El nuevo clericalismo”

  1. Echenique dice:

    Pues Bergoglio llegó a decir que la gran mayoría de matrimonios eran nulos y, en compensación, que tantas parejas de hecho eran auténticos matrimonios sacramentales, con lo que alentaba las relaciones prematrimoniales y desalentaba el matrimonio. Alentaba el pecado y desalentaba la virtud. Todo al revés.

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