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El León de Münster

Cardinal von Galen
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Cardinal von Galen
Cardinal von Galen

Por George J. Marlin

Hoy, hace setenta y cinco años, el obispo de Münster Clemens August Graf von Galen, condenó el plan de eutanasia nazi desde su púlpito en la catedral: «Si se establece y se pone en práctica el principio según el cual se puede “matar” a los seres humanos improductivos, entonces, ¡ay de todos nosotros cuando seamos ancianos y débiles!… ¿Tenemos, usted o yo, el derecho de vivir solo mientras seamos productivos?… Nadie estaría seguro nunca más. ¿Quién podría confiar en su médico? Es impensable qué conducta depravada, qué sospecha podría ingresar a la vida familiar si esta terrible doctrina es tolerada, adoptada y llevada a cabo».

Al haber sido testigo del ascenso del nazismo y sus tácticas brutales, von Galen continuó con la ofensiva poco tiempo después de que Hitler se convirtiera en canciller. En su Carta pastoral de Cuaresma de 1934, advirtió a sus feligreses acerca de la impía ideología nazi. Dos años más tarde, señaló la persecución anticristiana: «Hay nuevas tumbas en Alemania que contienen las cenizas de aquellos a quienes los alemanes consideran mártires».

Abierto defensor de la libertad católica, apoyó las peticiones que exigían el derecho de los niños a ser educados en instituciones católicas. También reunió a un grupo de científicos católicos para refutar las doctrinas raciales anticristianas y antisemitas planteadas en el libro del ideólogo nazi Alfred Rosenberg, El mito del siglo XX.

Pío XI convocó a von Galen en Roma en 1937 para ayudarlo a él y al cardenal Eugenio Pacelli (quien luego se convertiría en Pío XII) a escribir la encíclica Mit Brennender Sorge, la cual condenó el «mito de la raza y la sangre» del nazismo.

Al obispo von Galen, sin embargo, se lo recuerda mejor por luchar contra los esfuerzos del régimen para eliminar a los «no aptos». La comunidad médica alemana en su mayoría aceptó al nacionalsocialismo (para esta, el racismo nazi era «biología aplicada») y proporcionó las ideas y técnicas que llevaron a una masacre sin precedente.

Hitler mismo firmemente apoyó la eutanasia. Ya en 1935, le dijo a Gerhard Wagner, líder de la Liga de Médicos Nacionalsocialistas, que «la eutanasia a gran escala tendría que esperar a que estallara la guerra porque así sería más fácil de aplicar».

Durante los primeros años de la guerra, se abrieron seis centros de eutanasia bajo el nombre de Fundaciones de Beneficencia para el Cuidado Institucional. Como el nombre sugiere, se racionalizó el homicidio como un acto de verdadera compasión.

Von Galen condenó de manera inmediata a esos «centros» en una serie de sermones. El domingo 13 de julio de 1941 advirtió que nadie estaba a salvo de ser «encerrado en los sótanos y los campos de concentración de la Gestapo… El derecho a la vida, a la inviolabilidad, a la libertad es una parte indispensable del orden moral de la sociedad… ¡Exigimos justicia!».

Una semana después, criticó los cierres de las casas religiosas, escuelas, conventos, monasterios, abadías y la confiscación de las propiedades por parte de la Gestapo:

¡Permanezcan firmes! Vemos y experimentamos en forma clara lo que yace detrás de las nuevas doctrinas que nos impusieron por años, la religión fue prohibida de las escuelas para el beneficio de quién, nuestras organizaciones fueron eliminadas y ahora los jardines de infantes católicos están por ser abolidos, hay un odio muy profundo al cristianismo, el cual están decididos a destruir.

Poco tiempo después, von Galen asestó el coup de grâce. El artículo 31 del Código penal alemán establecía que «cualquiera que tenga conocimiento acerca de la intención de cometer un delito contra la vida de cualquier persona y no lo informe a tiempo a las autoridades o a la persona cuya vida sea amenazada… comete un delito punible». Von Galen se dirigió a las autoridades para informar que los pacientes «clasificados como improductivos» en un hospital de la zona eran trasladados a un hospital mental donde «se los asesinará intencionalmente».

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Hicieron oídos sordos a su queja, entonces von Galen con coraje la hizo pública:

Debemos esperar, por lo tanto, que los pobres pacientes indefensos sean, tarde o temprano, asesinados. ¿Por qué? No porque hayan cometido alguna ofensa… sino porque en la opinión de algún organismo oficial, con la decisión de algún comité, pasaron a «no merecer la vida», porque son clasificados como «miembros improductivos de la comunidad nacional».

Asimismo les pidió a las personas de fe que se pronuncien «para no ser infectados con sus formas impías de pensar y actuar, para no convertirnos en partícipes de su culpabilidad».

El sermón se «viralizó». Las fuerzas antinazi lo hicieron circular por todo el Reich y los aviones británicos arrojaron copias en ciudades de Alemania. Muchos oficiales nazis exigieron que el obispo fuera acusado de traición y que se lo ahorcara. El doctor Joseph Goebbels no estaba de acuerdo; advirtió que la denuncia de la eutanasia por parte de von Galen puso a muchos alemanes en contra del régimen y que sería «casi imposible» para el partido nazi mantener su popularidad si von Galen era castigado.

Hitler estuvo de acuerdo y ordenó un alto a la eutanasia y un cese a los ataques contra las propiedades de la Iglesia. Era claro, sin embargo, que luego de que Alemania ganara la guerra «tomaría represalias» contra von Galen y comenzaría «un nuevo plan de eutanasia».

Pío XII escribió una carta en 1941 a otro obispo alemán, «Los obispos quienes con tanto valor y al mismo tiempo de una forma tan irreprochable defienden las causas de Dios y de la Santa Iglesia, como lo hizo el obispo von Galen, siempre contarán con nuestro apoyo».

En el primer consistorio de su pontificado, Pío XII nombró a von Galen cardenal por «su valiente resistencia contra el nacionalsocialismo». En el evento, los alemanes en la Plaza de San Pedro vitorearon y lo llamaron el «León de Münster».

Von Galen falleció un mes después.

El presidente de la asociación alemana de comunidades judías comentó: «El cardenal von Galen fue uno de los pocos hombres rectos y con conciencia que lucharon contra el racismo en una época extremadamente difícil. Siempre honraremos la memoria del obispo fallecido».

Cuarenta años más tarde, el papa San Juan Pablo II visitó la catedral de Münster para rezar en su tumba.

El lema episcopal de von Galen era, Nec Laudibus, Nec Timore, «Ni por alabanzas ni por temor». Si la Iglesia de hoy necesita un modelo a seguir, tiene un ejemplo espléndido con el cardenal von Galen y su inquebrantable defensa pública de las libertades y verdades cristianas, enfrente mismo del régimen más asesino de los tiempos modernos.

Acerca del autor:

George J. Marlin, director del Board of Aid to the Church in Need USA, es uno de los editores de The Quotable Fulton Sheen y autor de The American Catholic Voter y Narcissist Nation: Reflections of a Blue-State Conservative. Su libro más reciente es Christian Persecutions in the Middle East: A 21st Century Tragedy.

1 comentarios en “El León de Münster
  1. Beatificado el 9 de octubre del 2005 en na Basílica de san Pedro del Vaticano por el card. José Saraiva Martins, prefecto emérito de la CCS, en nombre de S. S. Benedicto XVI.

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