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El Dogma y la Era de la Ansiedad
The Catholic

El Dogma y la Era de la Ansiedad

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20 Marzo, 2017

Por el reverendo Jerry J. Pokorsky

Estos días, es bastante común escuchar comentarios despectivos acerca del dogma católico y la doctrina. Sin embargo, las quejas acerca del primero son más difíciles de aceptar cuando vienen desde adentro, desde los mismos católicos.

Cuando el arzobispo de Dublín ordenó diáconos jesuitas en 2015, este advirtió, «No sanaremos a aquellos cuyas vidas se han desviado de Jesucristo arrojándoles libros de dogma».

Además, el nuevo general de los jesuitas hace poco expresó, «La doctrina es una palabra que no me gusta mucho, trae aparejada la imagen de la dureza de la roca. En cambio, la realidad humana tiene variados matices, nunca es blanca o negra, está en un continuo desarrollo».

Irónicamente, necesitamos la sólida realidad del dogma ya que la humana no es por cierto clara. Aparte del hecho de que las doctrinas «controversiales» en general tienen que ver con el sexto mandamiento (a muchos les agradaría su derogación por obvias razones), haríamos bien en considerar algunos de los principios «difíciles» y «rígidos» de Jesús.

Por ejemplo, el Sermón de la montaña presenta algunas enseñanzas en particular complicadas. En el discurso de «Los lirios del campo», Jesús afirma: «No se inquieten por el día de mañana; el mañana se inquietará por sí mismo. A cada día le basta su aflicción». Sin dudar la verdad de Sus palabras, podemos encontrarnos luchando para ponerlas en práctica. ¿Cómo es posible disipar tantas ansiedades de la vida? Aquellas mismas dificultades, por desgracia, a veces llevan a rechazar Su enseñanza.

Se dice que vivimos en una «Era de la ansiedad», justo como cualquier otra, supongo. Los medios de comunicación ganan más dinero al venderla; los datos sin ella son aburridos. Cuando hace poco los científicos determinaron que una gran franja de carbón fundido yace a 200 millas por debajo de la superficie en el oeste de Estados Unidos, los periodistas hábilmente relacionaron la información con nuestros miedos y sugirieron que si un volcán enorme hacía erupción en el Parque Nacional Yellowstone, significaría el fin del mundo que conocemos. Hay cantidad de noticias acerca de temas desde erupciones solares hasta los bajos niveles de testosterona. Tanto para preocuparse, tan poco tiempo.

Numerosas angustias, por supuesto, sino «razonables» son mucho más comprensibles. La salud personal —en especial a medida que envejecemos— puede causar preocupación. No obstante, cuando un médico diagnostica un malestar luego de los exámenes, la seguridad del diagnóstico en general trae algo de alivio. La enfermedad puede ser finalmente tratada, o al menos comprendida, y seguir adelante. La certidumbre de la verdad es un remedio para la ansiedad.

Las evidencias firmes de la vida varían según el contexto. Por un lado, nuestra historia personal es cierta porque los sucesos ocurrieron (aun si la memoria falla) y simplemente se convierten en hechos de nuestra vida. Nacimos; crecimos y fuimos educados; conseguimos trabajos; amamos; sufrimos; las certezas fácticas son infinitas.

Por otro lado, cuando miramos hacia el futuro, en el terreno humano, solo hay una única certeza: la muerte. No importa cuán cierta pensemos que es nuestra agenda, mañana quizás no nos despertemos. En consecuencia, las incertidumbres del futuro son ilimitadas y pueden ser muy inquietantes. Como cualquier padre lo sabe.

Sin embargo, Jesús nos enseña a no tener ansiedad por el mañana. Quiere que observemos los hechos de la vida —los lirios del campo, etc.— que confiemos en la providencia amorosa de Dios.

Sabemos del catecismo de nuestra niñez que los dogmas y las doctrinas de nuestra fe nos consuelan con verdades que nunca tendríamos sin la revelación de Dios. Aquí hay una: «¿Se olvida una madre de su criatura, no se compadece del hijo de sus entrañas? ¡Pero aunque ella se olvide, yo [el Señor] no te olvidaré! Yo te llevo grabada en las palmas de mis manos…». (Isaías 49, 15-16)

Otro dogma que no necesita comentario y nos dirige en nuestro camino con certeza es: «Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida. Nadie va al Padre sino por mí». (Juan 14, 6) Si usted está preocupado por su matrimonio, Jesús observa nuevamente con seguridad dogmática inequívoca: «De manera que ya no son dos, sino una sola carne. Que el hombre no separe lo que Dios ha unido». (Mateo 19, 6)

Sin esos dogmas y esas doctrinas de la fe, no habría claridad para el futuro excepto el prospecto cierto de la muerte. Flannery O’Connor escribe, los dogmas son verdaderas «ventanas al infinito». Como en: «Y si hemos muerto con Cristo, creemos que también viviremos con Él». (Epístola a los romanos 6, 8)

No obstante aun mientras nos esforzamos, con la gracia de Dios, para creer todo lo que Jesús enseña a través de Su Iglesia, continuamos una lucha persistente contra la ansiedad. Debemos vivir en el momento y eso es difícil de hacer en un mundo acelerado. Dios provee la gracia, si estamos abiertos a Él, y cuando lo necesitemos, momento a momento, día a día. Esta es la razón por la que es necesario encontrar a Cristo en forma reiterada en la oración, los sacramentos, la misa dominical, y las verdades del dogma católico: la revelación de Dios de Su plan para nosotros; aunque Él no otorga Su gracia por adelantado.

Por lo tanto, hay un híbrido pecaminoso al atreverse a alterar las enseñanzas de Cristo o desacreditar los «dogmas» y las «doctrinas» al sugerir que están sujetos a un cambio constante. Aquellos que lo hacen se convierten en agentes de la confusión y angustia, lo que en verdad socava a Cristo. Los miembros de la jerarquía de la Iglesia no están por encima de Su sólida instrucción.

Las doctrinas de la Iglesia —sin considerar la «rigidez» que se percibe— son buenas porque por medio de ellas encontramos a Cristo y la providencia de Dios. Las certezas firmes de las enseñanzas de Jesús no solo nos dirigen sino que nos ayudan a aliviar las ansiedades que nos plagan a diario. Después de todo, «y conocerán la verdad y la verdad los hará libres». (Juan 8, 32) No es un mal dogma para la reflexión.

Acerca del autor:

El padre Jerry J. Pokorsky es sacerdote de la Diócesis de Arlington. Es pastor de la parroquia St. Catherine of Siena en Great Falls, Virginia.

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ONE COMMENT ON THIS POST To “El Dogma y la Era de la Ansiedad”

  1. claudio dice:

    Con todo respeto tomo una frase del artículo. “Después de todo, «y conocerán la verdad y la verdad los hará libres». (Juan 8, 32) No es un mal dogma para la reflexión”. Claro y justo en el blanco. Además de conocer la verdad hay que aceptarla como tal y adherirse a la misma. Agrego otros versículos “Lucas 21:18 Pero ni un cabello de vuestra cabeza perecerá. 21:19 Con vuestra paciencia ganaréis vuestras almas”. La paciencia es anti-ansiedad. Es lo que muestra y demuestra Cristo. Si bien la muerte en la tierra es certera, también la existencia inmortal es certera. El Reino de Dios es cierto. Y como dice el refrán que enseñaba mi abuelo: nadie se muere en la víspera. Tampoco nadie muere sin haber tenido la posibilidad concreta y real de la salvación. Pero se requiere la voluntad personal, lo que nos hace personas es justamente la adhesión a la verdad que lleva a la libertad de los Hijos de Dios.
    San Agustín lo enseñó: “El que te creó sin ti, no te salvará sin ti”. Todo lo demás es efímero.