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Asistencia médica y derechos naturales
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Asistencia médica y derechos naturales

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17 julio, 2017

(AP Photo/Toby Talbot)

Por Howard Kainz

En la década de 1980, con la ayuda de las becas Fullbright, pasé un año y más adelante otro en Alemania junto con mi esposa y mis tres hijos. Antes de partir, recibí materiales informativos de ese país acerca de las leyes, la cultura, etc., por parte de la asociación Fullbright. Me resultó interesante que la constitución alemana brindara el derecho a la asistencia médica en algo similar a nuestra Carta de Derechos.

En mi primer viaje, me vi forzado a sacar provecho de estos recursos debido a una fractura de rodilla con complicaciones múltiples. Terminé recibiendo terapia física diaria, consultas, medicamentos, etc., en un hospital alemán por cuatro meses. No pagué nada, pero cuando volví a Estados Unidos me llegó una factura que cubrió mi seguro médico en mi país.

A casi todos los alemanes se les pide que paguen una cobertura de este tipo con precios proporcionales a sus ingresos. Me sorprendió enterarme por otros pacientes en el hospital que el sistema allí en ocasiones incluso paga semanas de rehabilitación en un spa.

Uno podría argumentar que la asistencia médica se relaciona con los derechos naturales, en especial con el derecho a la vida. Hay una cierta ironía en este sentido, en tanto el congreso debate la reforma al sistema de salud, debido a que el partido demócrata, el cual a efectos prácticos se convirtió en el partido del aborto, se enorgullece de ser el defensor de la asistencia sanitaria universal.

En otras palabras, para muchos demócratas, no hay derecho a la vida para un bebé que sale del vientre; aunque el derecho universal y expansivo a la vida y a la salud comienza siempre y cuando el bebé sobreviva al nacimiento.

¿Cuál podría ser el motivo de tal flagrante desconexión? Se hace difícil justificarla solo en términos lógicos. Es alarmante la manera en que las personas compasivas fueron convencidas de adoptar una solución tan cruda y violenta a embarazos problemáticos a causa de lealtades políticas.

Aunque los republicanos, aquellos que están a favor de la vida, también necesitan ir más allá de las simples lealtades partidarias y expandir su compromiso al derecho a la vida durante la niñez y la adultez.

Por supuesto, este ideal general requiere serio discernimiento acerca de cómo se lo debe poner en práctica ya que cada derecho acarrea una correspondiente obligación. Entonces, cuando se otorga el derecho a la vida, ¿quién en casos específicos tiene la obligación de respetar y promover ese derecho?

Por ejemplo, las personas necesitan comida para vivir. Las organizaciones de caridad existen para asegurar que los indigentes tengan acceso a una despensa de alimentos. Los receptores pueden no ser capaces física o mentalmente de costear sus gastos, o quizás solo ser holgazanes. No obstante, en general, la necesidad alcanza para brindar este derecho.

La ayuda gubernamental es algo diferente. La previsión social, los cupones de comida, etc. pueden tener requisitos legítimos con respecto al trabajo o al matrimonio, o las clases de cosas que se pagan con los programas financiados por los contribuyentes.

En todo esto, sin embargo, no hay un principio evidente acerca de quién es el que debe proveer los alimentos a los indigentes anónimos. ¿Quién tiene la obligación: la comunidad de la zona, el estado, el gobierno federal?

La asistencia médica tiene, de alguna manera, características similares. Obviamente, los padres y familiares cercanos no necesitan un libro de reglas que les diga cuál es su deber. Si un niño se enferma, los padres o abuelos u otros parientes hacen lo que pueden para ayudar en la medida de sus recursos y capacidades. Fuera de las familias, las responsabilidades se vuelven confusas.

Vale la pena, también, hacer una distinción entre la asistencia médica común y la de «el buen samaritano».

En la parábola de Jesús (Lucas 10, 3-35) un sacerdote y un levita pasaron sin detenerse al lado de un hombre que había sido robado y golpeado. ¿Fue un pecado de omisión? Quizás estaban apurados yendo a cumplir otras obligaciones importantes. Tal vez no sabían cómo tratar a una persona enferma. Además, la parábola no dice si, como el samaritano, tenían un animal para transportar a la persona herida a una posada.

Jesús, por supuesto, elogia al buen samaritano y recomienda que hagamos lo mismo cuando sea posible.

Aunque, en realidad, no parece haber un deber moral de ser un buen samaritano. Aparte, de hecho en muchos estados tenemos leyes relacionadas con este tema que protegen a las personas quienes, con las mejores intenciones, terminaron lastimando o hasta matando a alguien que intentaban ayudar en una emergencia.

También existe una muy importante distinción entre la atención ordinaria y «extraordinaria», la cual utiliza en forma masiva procedimientos y maquinaria caros en casos extremos. Además, no olvidemos la distinción entre asistencia sanitaria normal y «cosmética» o casual como las operaciones para arreglar una nariz que parece muy larga o las de «reasignación» de sexo, etc.

El presidente Donald Trump, en muchas ocasiones, expresó su apoyo a los derechos básicos de atención médica, implementados en su mayoría de acuerdo con el principio de subsidiariedad del estado y los gobiernos locales con mínima intervención del gobierno federal:

Todos deben estar cubiertos. Esto que afirmo es algo no republicano porque muchas veces dicen, «No, no, el 25 por ciento que se encuentra más abajo no puede costear lo privado»… Voy a cuidar a todos. No me importa si me cuesta votos o no. Todos estarán cuidados mucho mejor de lo que están ahora.

Por supuesto, aun con las mejores intenciones, esto es algo que nunca podría ser logrado por directivas presidenciales u órdenes ejecutivas. Hasta para una nación adinerada como los Estados Unidos existen obstáculos financieros importantes para implementar aun la asistencia médica básica universal: los costos con frecuencia disparatados de las recetas y los honorarios médicos mucho más altos en nuestro país que en otros lugares desarrollados, y sin una manera fácil de solucionarlos.

Como de costumbre, el demonio se encuentra en los detalles. Para el congreso estos no conducen, como muchos suponen, en forma rápida a un sistema de un solo organismo a cargo de la salud, sino a idear un plan que incluya la competencia constructiva entre gigantes farmacéuticos y empresas privadas de seguros médicos, interesadas en el balance final, pero también en mantenerse en la actividad.

La asistencia médica entendida como un derecho natural en sentido propio ciertamente incluye pensar aspectos prácticos. No obstante, sobre todo quizás, debe preservar las libertades y principios morales en grandes dosis de bienes sociales como la subsidiaridad y los límites a la permanente expansión del estado.

Acerca del autor:

Howard Kainz es profesor emérito de Filosofía en la Universidad Marquette. Sus últimas publicaciones incluyen Natural Law: an Introduction and Reexamination (2004), Five Metaphysical Paradoxes (The 2006 Marquette Aquinas Lecture), The Philosophy of Human Nature (2008) y The Existence of God and the Faith-Instinct (2010)

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