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Acerca de la mente humana

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Por James V. Schall, S.J.

La novela Uncle Dynamite [Tío dinamita] de P.G. Wodehouse trata sobre las hazañas de Frederick Altamont Cornwallis, el quinto conde de Ickenham. Luego de una desalentadora sesión con su errático tío, Lord Ickenham (alias Uncle Dynamite), Reginald «Pongo» Twistleton, reflexionaba con aire sombrío acerca de la naturaleza de la mente humana: «Sin embargo, la mente humana es capaz de extrañas proezas. Nunca se sabe dónde estamos con ella».

¿Qué sucede con estas «extrañas proezas» de la mente humana? Una de las muchas cosas curiosas que puede hacer es entender un juego de palabras, un logro muy improbable si uno se pone a pensar en ello. Para comprender el sentido y lograr reírse por ello, hay que tener en mente tres o cuatro cosas distintas a la vez. No solo se las debe mantener presente frente a nosotros, sino comparar los diferentes significados de los términos. Para lograr esta tarea, los objetivos del juego de palabras y la persona que los conozca no pueden ser exclusivamente materiales.

Al comienzo del libro, Wodehouse brinda un ejemplo de un tremendo, aunque gracioso, juego de palabras. Parece que Lady Ickenham vigila de cerca al quinto conde. Cuando ella está de viaje, sin embargo, Lord Ickenham se escapa a lo de Pongo en Londres para pasar un buen rato. Vuelve loco a su joven y recatado sobrino.

El Lord recién acompañó a su esposa al barco en Southampton para una visita a las «Antillas». Le estaba narrando esta escena a Bill Oakeshott, un amigo de su sobrino Pongo.

Cuando el quinto conde mencionó que Lady Ickenham había partido a las «Antillas», Bill responde en forma burlona: «¿Jamaica?». A esto, Lord Ickenham contesta: «No, viajó por propia voluntad».

Entonces, para captar el humor de ese ingenioso intercambio, se tiene que conocer bien la geografía de las Antillas, saber tanto de voluntad personal y expresiones en inglés entrecortadas: «Did you make her go?»=«Ja make er?» [¿La obligaste a ir?] Sería necesario entender algo de la jerga para darse cuenta que el nombre «Jamaica» y la frase «Did you make her?» pueden sonar parecido. Uno se ríe al ver estas palabras juntas de forma imprevista.

En tanto que esta instancia puede no ser el juego de palabras más divertido que alguna vez se haya inventado, hasta para entenderlo, cursi y todo, se tiene que juntar todos los elementos que lo componen y, en simultáneo, ver su relación. Ser humano significa tener una facultad por medio de la cual podemos detectar tales incongruencias y porqué podrían estar relacionadas. Tenemos, en otras palabras, un poder espiritual que puede hacer estas cosas. Viene gratis con el regalo de ser lo que somos. Podemos observar cómo funciona en nuestro propio ser.

¿Por qué tenemos mente? No todo en el universo la tiene, aunque todo parece estar relacionado a una. Aristóteles nos dice que poseemos mentes que son capaces de conocer aquello que existe. También tenemos sentidos por medio de los cuales se nos transmiten diferentes aspectos del mundo físico. Podemos afirmar que la misma cosa tiene un sabor, un olor, un tacto; podemos escucharlo y verlo. Tenemos mentes para que nos sea posible conocer lo que no somos nosotros mismos. Cuando sabemos algo, cambiamos, crecemos; la cosa que conocemos no cambia. Nos convertimos en lo que no somos, en más que nosotros mismos.

A primera vista, ser humano significa que no somos algo distinto sino solo nosotros mismos. Entonces el problema se convierte en que: «¿Cómo es posible permanecer nosotros mismos y aún “ser” todo lo que no somos nosotros?» La respuesta es conociendo lo que son. Resulta que al ser nosotros mismos, no estamos privados del mundo que no es nosotros.

La mente puede parecer una mezcla de cosas sin un orden. Como Wodehouse mencionaba «Nunca se sabe dónde estamos con ella». No obstante, tras un examen, vemos que podemos identificar las cosas que conocemos en forma inmediata. Observamos que algunas tienen peso, otras son relaciones, aun así otras nos dicen acerca del tiempo y el lugar.

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A pesar de que somos seres individuales y finitos, del mismo modo poseemos mentes que nos hacen capaces de conocer lo que no somos. No nos privan del universo porque somos nosotros mismos. La mente humana presta atención a lo que no es ella misma. No queremos convertirnos en algo diferente. Sin embargo, tomamos conciencia de la vastedad de lo que no somos nosotros. Nuestras mentes nos hacen saber que estas muchas cosas también nos son dadas para que las conozcamos.

Las «extrañas proezas» de las cuales la mente es capaz nos enseñan que, debido a ella, estamos abiertos a aquello que existe, hasta a la causa de ser ella misma. Comprendemos «dónde estamos» con nuestras mentes cuando nos damos cuenta de que las tenemos para que la verdad de las cosas no nos eluda a ninguno de nosotros.

Acerca del autor:

James V. Schall, S.J., quien fue profesor en la Universidad de Georgetown durante treinta y cinco años, es uno de los escritores más prolíficos de Estados Unidos. Entre sus libros más recientes están The Mind That Is Catholic, The Modern Age, Political Philosophy and Revelation: A Catholic Reading, Reasonable Pleasures, Docilitas: On Teaching and Being Taught, y Catholicism and Intelligence.

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