Orlando: la verdad nos hará libres

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Por Mary Jo Anderson

Domingo antes del amanecer, el cielo aquí en Orlando vibraba con el incesante sonido de las hélices de los helicópteros. A unas pocas millas de distancia se desarrollaba un horror impensable: un tirador musulmán solitario había abierto fuego en una disco gay. Los equipos de Swat intentaban rescatar a los rehenes.

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Alrededor de las 5 AM, las agencias de noticas comenzaron a informar que la masacre de Orlando, Florida, había sobrepasado cualquier otro incidente nacional con armas en la historia de los Estados Unidos, hasta el de Fort Hood Texas. Murieron cuarenta y nueve jóvenes estadounidenses indefensos y otros cincuenta y tres fueron heridos.

Orlando es el hogar de Disney World, Sea World, Universal Studios y el equipo de básquetbol Orlando Magic; es mi hogar. Muchos de nosotros sentíamos que, finalmente, la yihad iba a emerger aquí; y llegará de visita a cualquier ciudad, tu ciudad, cualquier día a menos que juntemos el coraje colectivo para enfrentar a nuestro verdadero enemigo.

La “tierra de los libres” está bajo ataque, como de hecho lo está, el mundo entero. Estados Unidos no puede defenderse (a sus niños, sus trabajadores, su comunidad gay, sus atletas, sus religiosos o sus visitantes nacionales e internacionales) con falsos pretextos. Ni tampoco pueden Francia o Bélgica o cualquier otra nación, mientras nuestros líderes cedan ante la corrección política y se rehúsen a admitir que la yihad islámica ha declarado la guerra a la civilización occidental.

En lugar de esto, nos llenan de excusas falsas que no solo no ayudan sino que agravan el problema. Por ejemplo, Owen Jones, columnista de The Guardian, el otro día se enojó al aire y dejó el programa Sky News Sunday en el Reino Unido porque un panelista, mientras analizaban la masacre de Orlando, dijo que la comunidad homosexual no «es la dueña del horror», que las personas gay tienen que resistir la tentación de apropiarse de los acontecimientos de Orlando. La dura verdad es que todos están en la mira. Owen insistía ofuscado en que los homosexuales fueron el blanco intencional.

En cierto modo, por supuesto, lo fueron. Así como los niños fueron “el blanco intencional” de los separatistas islámicos cuando 186 fueron asesinados en Beslan, Rusia en 2004; o profesionales oficinistas fueron el objetivo cuando los partidarios islámicos chocaron dos aviones contra las torres del World Trade Center el 11 de septiembre de 2001; o los amantes de la música y las cenas fueron el blanco cuando los terroristas islámicos arrojaron bombas caseras a los asistentes en París en noviembre de 2015; o los pasajeros fueron el objetivo cuando una célula islámica asesinó a 32 e hirió a otros 300 en el aeropuerto de Bruselas en marzo.

El falso pretexto predominante es que los «fanáticos religiosos» o «el odio» o «los extremistas» son la causa de los ataques en aumento. Sin embargo, estas son formas de hablar que deliberadamente evitan identificar la raíz del problema; y este deseo de no enfrentar la verdad solo incrementará nuestra aflicción.

Algunos imaginan que llamar a la yihad islámica, una puja por la dominación del mundo, por su nombre incitará una matanza mayor. La evidencia confirma lo opuesto: el EIIL (Estado Islámico de Irak y el Levante) supone que el no identificar la ideología de la yihad islámica como el enemigo es nuestra huida de la verdad; solo lo envalentonó.

El gobierno de Obama y las cientos de ONG políticamente correctas, centros de estudios y activistas que piensan que están ayudando al apoyar cada identidad grupal de moda, rehúsan aceptar la identidad autoproclamada de EIIL. A menos que nos despertemos de esta quimera, no podremos culpar a nadie más que a nosotros mismos por lo que siga.

Los asistentes a la disco no fueron las víctimas del «odio insensato» como hasta el Papa Francisco describió el horror. Estos ataques tuvieron muy buen sentido, sentido estratégico, para el movimiento yihadista, el EIIL y sus legiones de simpatizantes secretos. Atacar un «blanco fácil» antes que uno militar o táctico está astutamente diseñado para mantener al mundo occidental en un caos al propagar el miedo a los eventos deportivos, conciertos y lugares populares. Donde eso ocurre, la yihad triunfa. Cuando los viajes internacionales se conviertan en ruleta rusa, las economías se hundirán y la yihad triunfará. Resulta perfectamente lógico para la yihad islámica.

El obispo de Saint Petersburg, Robert Lynch, confundió los temas aun más con un absurdo mea culpa: «Lamentablemente es la religión, incluida la nuestra, la que acosa de manera verbal sobre todo y también con frecuencia genera menosprecio contra los homosexuales, las lesbianas y las personas transexuales… Los ataques de hoy en día contra los hombres y mujeres LGBT a menudo plantan la semilla del desprecio, luego el odio, lo cual puede en última instancia llevar a la violencia». ¿Es posible que un obispo católico en Estados Unidos crea realmente que las enseñanzas de la Iglesia acerca de la homosexualidad tuvieran algo que ver con lo que pasó en la disco The Pulse? Hay un aspecto de desafortunado egocentrismo en esas afirmaciones.

Segmentos de la comunidad homosexual promueven una postura extremista con respecto de su elección de estilo de vida y son muy intolerantes hacia entidades como la Iglesia Católica. Sin embargo, no masacran a aquellos con los que no están de acuerdo aquí o en el resto del mundo. Los ecologistas extremistas no asesinan a los consumidores. Omar Mateen no mató a los homosexuales porque tenía opiniones extremas contra ellos, esta es una visión muy estrecha de sus motivos. Él se identifica con la yihad, la cual se opone a las libertades características de la civilización occidental.

Sí, en Orlando las víctimas eran en su mayoría jóvenes, homosexuales, hispanos; pero fueron asesinadas por Omar Mateen quien soñaba con «el califato en Estados Unidos». Mateen, el cual era un cliente asiduo de la disco, indicó su lealtad hacia el EIIL en una llamada al 911 luego de llegar al lugar.

Al cabo de una hora desde el comienzo de la tragedia, los comentaristas habían torcido los hechos para que sea un delito cometido por un «fanático religioso». Adoptar una visión parcial con prejuicios acerca de la religión basándose en Mateen o en otros cientos de terroristas islámicos es perpetuar la injusticia hacia las personas de fe; es también una mentira letal que seguramente provocará más matanzas.

La corrección política insiste en transformar a la cuestión de la yihad contra el occidente en un «odio» o «extremismo» confuso. ¿Por qué? Yo sugeriría que «extremista» suena controlable. La verdad es más desalentadora y difícil de enfrentar: esta es una guerra de civilización, una que no podemos luchar sin un compromiso masivo en todos los niveles de nuestra cultura (militar, político, educativo, técnico y social).

La expresión de opiniones en forma dogmática de cobardes políticos, quienes exigen que creamos que la yihad islámica no es nuestra enemiga, nos está matando. Nos está matando a todos nosotros, no solo a unos pocos grupos preferidos, porque quieren continuar separando nuestra cultura en facciones en vez de unirla contra nuestro enemigo mortal.

Acerca del autor

Mary Jo Anderson es periodista y oradora pública católica. Ha sido invitada frecuente en Abundant Life en EWTN TV y su programa Global Watch se escucha en todo el país en las radios afiliadas a EWTN. Esta es su primera columna en The Catholic Thing.

Comentarios
1 comentarios en “Orlando: la verdad nos hará libres
  1. Totalmente de acuerdo con el artículo, aunque con alguna matización. Añadir que las declaraciones del obispo a las que alude la periodista son graves por falsas y manipuladoras. Debería ser remozado de su cargo por incompetente y fomentar el odio contra la Iglesia.

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