El Matrimonio a la luz de la Creación, la Caída y la Redención

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The Marriage Feast at Cana by Bartolomé Esteban Murillo, c. 1672 [Barber Institute, Birmingham, England]
Por Eduardo J. Echeverría

Toda la noción del matrimonio es tan confusa en nuestra época, aun entre los católicos, que necesitamos recuperar en forma desesperada algunas verdades básicas y fundamentales. La minicatequesis acerca de este sacramento en el Catecismo de la Iglesia Católica (1601-1617) se desarrolla a la luz de la Creación, la Caída y la Redención. El matrimonio, plantea, pertenece al ámbito de la Redención, está bajo el régimen del pecado, pero está basado en el orden de la creación.

Juan Pablo II escribió con respecto del matrimonio: «Queridos por Dios con la misma creación, matrimonio y familia están internamente ordenados a realizarse en Cristo y tienen necesidad de su gracia para ser curados de las heridas del pecado y ser devueltos a “su principio” [de nuevo a la creación], es decir, al conocimiento pleno y a la realización integral del designio de Dios». (Familiaris consortio 3) Esta gran afirmación, que se sostiene con su teología de la naturaleza y gracia, se desarrolla en Hombre y mujer los creó de Juan Pablo II.

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La Palabra de Dios enseña que el trabajo redentor de Cristo reafirma y a la vez renueva la bondad de la creación y por lo tanto del matrimonio, del cuerpo humano compartiendo la dignidad de la imagen de Dios, de la diferenciación complementaria sexual del hombre y la mujer, y de un amor fiel, recíproco y fructífero. Sí, a la luz del trabajo redentor de Cristo, la tradición sacramental católica enseña que el sacramento del matrimonio renueva y restablece la realidad del matrimonio —dado que es herido de manera feroz por la caída y nuestro propio pecado personal— desde el interior de su orden.

Por lo tanto, la gracia del matrimonio comunicada por el sacramento tiene dos fines principales: primero, el de curar, o sea, de reparar las consecuencias del pecado en el individuo y en la sociedad; y segundo —y sobre todo— la de perfeccionar y elevar personas y la institución conyugal. «Según la fe, este desorden que constatamos dolorosamente, no se origina en la naturaleza del hombre y de la mujer, ni en la naturaleza de sus relaciones, sino en el pecado. El primer pecado, la ruptura con Dios, tuvo como consecuencia primera la ruptura de la comunión original entre el hombre y la mujer». (Catecismo de la Iglesia Católica 1607)

Gaudium et spes resume todo esto: «El Señor se ha dignado sanar este amor [marital], perfeccionarlo y elevarlo con el don especial de la gracia y la caridad». (49)

Este doble efecto significa que la gracia del «sacramento marital no es una “cosa” agregada a la realidad de la pareja desde afuera; por el contrario, ella misma es y debe convertirse en el signo viviente de una realidad invisible de gracia», como el cardenal canadiense Marc Ouellet lo explica. Hay una relación intrínseca entre el orden natural y el orden de la gracia de Cristo de modo que la gracia renueva el orden caído del matrimonio desde el interior y lo orienta a sus fines propios.

La gracia que penetra a la naturaleza caída y que la renueva desde el interior («gratia intra naturam») significa que hay una continuidad esencial en el hombre y un lazo entre la creación y la redención. «La creación con gracia es en algún sentido una “nueva creación”», observa Juan Pablo.

«Nueva creación», sin embargo, no significa que la gracia es un factor extra, un regalo añadido, al orden de la creación. Por el contrario, la naturaleza y la gracia, la creación y la re-creación, el sacramento de la creación y la redención están unidos de forma tal que la gracia de Dios afirma y a la vez renueva la creación caída desde el interior de su propio orden interno. Como el Catecismo lo dice, «Jesús vino a restaurar la creación en la pureza de sus orígenes». (2336)

En otra parte, el Catecismo explica, «En su predicación, Jesús enseñó sin ambigüedad el sentido original de la unión del hombre y la mujer, tal como el Creador la quiso al comienzo…Viniendo para restablecer el orden inicial de la creación perturbado por el pecado, da la fuerza y la gracia para vivir el matrimonio en la dimensión nueva del Reino de Dios». (1614-1615)

Este sacramento no solo recupera el orden de la creación sino que también, mientras afirma su ordenanza a la vez profundiza, en efecto, completa la realidad del matrimonio en una entrega recíproca, una unión de dos en una sola carne el cual es un signo visible del misterio de la unión de Cristo con la Iglesia. (Epístola a los Efesios 5, 31-32)

La unidad que se logra al convertirse «dos en una sola carne» (Génesis 2, 24) en el matrimonio se fundamenta en el orden de la creación y se afirma y se renueva al mismo tiempo y se restablece en la redención. Dado que existe la continuidad entre creación y redención, podemos comprender por qué Juan Pablo II ve al matrimonio como «el sacramento primordial».

Cuando miramos al signo visible del matrimonio («los dos serán una sola carne») en el orden de la creación desde la perspectiva del signo visible de Cristo y la Iglesia, lo que se define en Efesios como el cumplimiento y la realización del plan de salvación eterno de Dios, entendemos el punto de vista de Juan Pablo. Él comenta, «De este modo, el sacramento de la redención se reviste, por así decirlo, en la figura y forma del sacramento primordial… El nuevo atributo sobrenatural del hombre con el regalo de la gracia en el “sacramento de la redención” también es una nueva realización del Misterio escondido de la eternidad en Dios, nuevo en comparación con el sacramento de la creación. En esta instancia, estar dotados con la gracia es en algún sentido una “nueva creación”».

Aclaremos que él la llama una «nueva creación» en el sentido específico de que «La redención significa… tomar todo lo que es creado [para] expresar en la creación la plenitud de la justicia, equidad y santidad planeada para ello por Dios y para expresar esa plenitud sobre todo en el hombre, creado hombre y mujer “a imagen de Dios”».

Por lo tanto, la naturaleza y la gracia, la creación y la re-creación, el sacramento de la creación y la redención están unidos de manera tal que la gracia de Dios afirma y a la vez renueva la creación caída desde dentro de su propio orden interno. Para Juan Pablo II y la principal tradición católica: «El matrimonio está orgánicamente grabado en este nuevo sacramento de la redención, de la misma forma en que lo estaba en el sacramento original de la creación».

Acerca del autor:

Eduardo J. Echeverria es profesor de Filosofía y Teología Sistemática en el Sacred Heart Major Seminary en Detroit. Entre sus publicaciones se encuentran El Papa Francisco: el legado del Concilio Vaticano II (2015) y Divine Election: A Catholic Orientation in Dogmatic and Ecumenical Perspective (2016).

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