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Qué está ocurriendo y a dónde nos dirigimos

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The Blind Leading the Blind by Peter Bruegel the Elder, 1568 [Museo di Capodimonte, Naples]
Por el padre Timothy V. Vaverek

Determinar el significado preciso de la guía pastoral en Amoris laetitia (AL) para recibir la Santa Comunión no es la crisis real que enfrenta la Iglesia. AL está enmarañada en una batalla de siglos con el subjetivismo, el cual busca establecer la primacía de la opinión personal como la norma efectiva para la vida cristiana. Ninguna respuesta a la dubia de los cardenales puede resolver esta crisis, por lo tanto, dado que AL no la comenzó. Además, la controversia ahora llegó al punto en que la cuestión enfrente de nosotros es la interpretación auténtica del Magisterio común de la Iglesia, no el significado de la guía prudencial que se encuentra en las cartas pastorales menores de papas u obispos específicos.

El ataque del subjetivismo al Evangelio tiene raíz no solo en la «interpretación personal» de las escrituras durante la reforma, sino en el individualismo y el relativismo subsiguientes que caracterizaron al occidente moderno y posmoderno. Es el mismo error al que el cardenal Newman se opuso en el siglo XIX. Aunque es sabido que Newman defendía a la conciencia, insistía en que su única opinión particular era el acto de aceptar a la Iglesia como maestra, luego de lo cual aquella estaba obligada a ser dócil a la proclama normativa del Evangelio por parte de la Iglesia.

Newman afirmaba la verdad apostólica acerca de que en la conciencia, como en la vida, nos presentamos ante Dios con Cristo y la Iglesia, no solos. En el siglo XX, el subjetivismo hizo metástasis entre los católicos y otros cristianos, y le quitaron su testimonio y número de miembros a muchas denominaciones protestantes principales y dieron lugar a malas interpretaciones desastrosas del Vaticano II (la supuesta «Hermenéutica de la discontinuidad»). Humanae Vitae (HV) fue un punto de inflexión, por supuesto, y las teologías morales falsas ganaron popularidad a partir de ese momento.

Los papas Juan Pablo II y Benedicto XVI se esforzaron durante sus ministerios para abordar los errores del subjetivismo con mínima denuncia, y prefirieron las declaraciones cuidadosas, claras y consistentes de la fe que presentaba el espíritu auténtico del Vaticano II. En retrospectiva, parecen haber intentado con paciencia reunir a la Iglesia y, de manera calma, sacarnos de la confusión.

Avanzaron en forma considerable entre la generación más joven de católicos comprometidos y, al menos en Estados Unidos, entre el clero más joven. No ganaron, sin embargo, a muchos de los adherentes del subjetivismo mayores entre los teólogos, el clero y los obispos. Entonces, el siglo XXI encontró a la Iglesia más fuerte, pero con la controversia sin resolver. Este es el contexto general del papa Francisco, los dos sínodos, y Amoris laetitia.

La lucha preexistente con respecto del subjetivismo explica cómo unos pocos pasajes no concluyentes en una simple exhorta papal fueron tomados como cambios fundamentales justificativos en la creencia y práctica de la Iglesia. De otro modo, los pasajes hubieran sido interpretados y los temas pastorales se hubieran resuelto en continuidad con todo lo que vino antes.

En cambio, vemos un esfuerzo en promover prácticas con respecto del matrimonio y de la moralidad que —sin importar las intenciones del intérprete— están en consonancia con el subjetivismo de las ya refutadas teologías morales de los últimos cincuenta años. En especial, están en riesgo las verdades acerca de que:

  • el Evangelio que enseña la Iglesia es una norma de conducta realista en vez de una mera guía o un ideal;
  • en cada circunstancia Dios da la gracia de vivir la norma del Evangelio;
  • un matrimonio válido es permanente, y
  • el matrimonio, la conciencia, y la aceptación de la Santa Comunión son cristológicas y eclesiásticas en lugar de estrictamente personales.

Desde la crisis de HV sabemos lo que sucede luego. Una vez que se permiten o se exigen públicamente las creencias y prácticas falsas, será casi imposible devolver de nuevo a la fidelidad a los obispos, sacerdotes, teólogos y fieles confundidos, aun por medio de decididos esfuerzos pastorales que duren décadas.

Por definición, se les restará valor a los sacerdotes y obispos que afirmen la verdad porque no serán capaces de dirigir hacia la creencia y práctica uniforme. Habrá esfuerzos para sostener que las interpretaciones imprecisas o falsas del Evangelio sean consistentes con el auténtico Magisterio, que representa el verdadero «desarrollo», «renovación», o «espíritu» de la fe católica. Para tener éxito, estos esfuerzos necesitarán marginalizar a los críticos, recurrir a insultos (por ejemplo, «fariseo», «nostálgico», y «rígido») o etiquetarlos como una minoría desleal.

Los obispos malteses y otros, de manera independiente, ya fueron más allá del texto de AL para reivindicar que la enseñanza establecida de la Iglesia exige que aquellos «con paz» de conciencia (una situación que no se limita a los «vueltos a casar») sean admitidos a la Santa Comunión. Por lo tanto, afirman pronunciarse respecto de las intenciones «reales» del papa en AL y ofrecer la única y auténtica interpretación de la fe católica. La implicación, a veces declarada en forma explícita, es que los que no están de acuerdo no actúan «en comunión» con el Papa.

De este modo, en un solo año el asunto pasó de considerar la Santa Eucaristía en casos excepcionales para los «vueltos a casar» a encomendar normas decisivas a los obispos locales, a permitir comulgar a todos los que tengan «paz» de conciencia, a declarar que esta innovación es fundamental para estar en comunión con Roma. Si esta última posición prevalece, no habrá lugar para las conciencias de los sacerdotes o la autoridad de los obispos que no estén de acuerdo.

Para ser claro: lo que se promueve ahora —a veces en el propio periódico del Vaticano— son teologías y prácticas que hasta aquí habían sido rechazadas por estar en contra de la fe. Recuerde las secuelas de HV y considere dónde estaremos en unos pocos años si el laicado, clero y los obispos por igual abusan y abandonan las enseñanzas acerca de la conciencia, el matrimonio y la Santa Eucaristía. Solo la rápida acción evitaría un daño serio a las almas y a la vida de la Iglesia.

No se trata de AL, la cuestión es si el nuevo enfoque refleja el Magisterio común de la Iglesia en comunión con Roma como se asegura y, si no, qué se debe hacer.

Luego de HV, la Iglesia participó sin pleno éxito en una guerra fría contra el subjetivismo. Esa estrategia no funcionará en la actualidad cuando el mero paso del tiempo podría ser catastrófico a medida que las interpretaciones erróneas del Magisterio se generalicen. Con el significado del Evangelio en juego, los fieles necesitan por parte del Papa y de los obispos más que una guía ambigua, silencio o declaraciones normativas contrapuestas. Necesitamos la claridad y la autoridad de un testigo digno de los apóstoles.

Acerca del autor:

El padre Timothy V. Vaverek es doctor en Teología, sacerdote de la Diócesis de Austin desde 1985 y en la actualidad es pastor de parroquias en Gatesville y Hamilton. Sus estudios doctorales fueron sobre Dogmática con énfasis en Eclesiología, Ministerio apostólico, Newman, y Ecumenismo.

Comentarios
1 comentarios en “Qué está ocurriendo y a dónde nos dirigimos
  1. » Para tener éxito, estos esfuerzos necesitarán marginalizar a los críticos, recurrir a insultos (por ejemplo, «fariseo», «nostálgico», y «rígido») o etiquetarlos como una minoría desleal «. Nunca pensé que unos insultos de tamaño calibre me pudieran venir de un Papa por tratar de ser fiel al magisterio de siempre y no a las modas pecaminosas. Por cierto, la interpretación maltesa, la más extrema, ha sido premiada con su publicación en el periódico papal L’Osservatore Romano. Los fieles malteses se han sublevado contra tamaño atropello, bendecido por Roma. La Iglesia al revés.

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