PUBLICIDAD

En la Iglesia actual, ¿quién evangeliza a quién?

Christ as Redeemer of the World by Peter Paul Rubens, The Fitzwilliam Museum, Cambridge, England]
|

Por P. Jeffrey Kirby

Cuando el Señor Jesús se preparaba para ascender al Padre, dio a sus Apóstoles y a la Iglesia naciente que los rodeaba, la Gran Comisión. Les dijo con valentía: «Id, pues, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, y enseñándoles a obedecer todo lo que os he mandado. Y recordad que yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo». (Mateo 28:19-20)

Santo Tomás llegó a la India, Santiago el Mayor predicó en España y San Marcos y otros evangelizaron el norte de África. El celo apostólico era implacable. Se había dado un encargo, y un encargo iba a cumplirse.

Los primeros cristianos conocían el poder del Evangelio y la inmensa oportunidad de vida eterna que el Señor Jesús ofrecía a la humanidad. Querían proclamar el mensaje liberador del Señor a todo el mundo con la esperanza de que todos pudieran salvarse en Jesucristo.

La Iglesia primitiva sabía que tenía algo que no tenía parangón, que no tenía igual ni rival en nuestro mundo caído. Sabían que el Evangelio era una «perla de gran precio», como les dijo el Señor Jesús, y estaban dispuestos a hacer cualquier cosa para recibirlo y dar la oportunidad a otros de recibirlo. (cf. Mateo 13:45-46).

No sucumbieron al sincretismo del mundo grecorromano. Rechazaron los esfuerzos por fusionar el Evangelio de Jesucristo con los cultos mistéricos, el culto imperial o las tendencias politeístas. El Evangelio no necesitaba nada que lo legitimara o le diera credibilidad. El Evangelio se sostenía por derecho propio y con poder.

Se bautizaban las filosofías y las formas de pensar, pero sólo si podían servir al Evangelio. La unicidad del Señor Jesús y la integridad del Evangelio eran intocables. Los primeros mártires se jugaron la vida por las verdades del Evangelio.

¿Siguen teniendo los sucesores de los Apóstoles este nivel de convicción y celo? ¿Siguen considerando los líderes de la Iglesia el Evangelio como una perla preciosa?

El famoso teólogo reformado Karl Barth fue invitado a participar como observador ecuménico en el Concilio Vaticano II. Debido a su mala salud, Barth no pudo asistir. Pero más tarde visitó Roma y fue acogido por el Secretariado para la Unidad de los Cristianos del Vaticano. Presentó varias preguntas porque estaba intrigado por la visión y la metodología del Concilio. Sus preguntas y reflexiones están recogidas en su libro Ad Limina Apostolorum: Una valoración del Vaticano II.

Sobre Gaudium et Spes, Barth se pregunta: «¿Es tan cierto que el diálogo con el mundo debe anteponerse al anuncio al mundo?». Y respecto a Ad Gentes: «¿Qué relación guarda este decreto con la Constitución sobre la Iglesia, con lo relativo a la Iglesia en el mundo actual y con la Declaración sobre la libertad religiosa? Sobre la base de estos otros documentos el lector no está preparado para la magnífica tesis básica de este decreto según la cual ‘la Iglesia es misionera por su propia naturaleza’, y la misión es asunto de la Iglesia porque es la Iglesia».

Aunque cabría esperar algún desacuerdo entre la doctrina católica y un teólogo reformado, es de destacar que las preocupaciones de Barth giraban en torno a si la Iglesia estaba olvidando su mandato misionero como heraldo del Evangelio.

Las enseñanzas conciliares son un don del Espíritu Santo. Se inscriben en el vasto conjunto de la Sagrada Tradición (que incluye otros veinte concilios ecuménicos). Sin embargo, la visión global del Vaticano II y su método de adaptación al mundo se han vuelto problemáticos. Ha ido más allá de una mera propedéutica y se ha convertido en el principio central de la supuesta reforma.

La adapación ya no es un método, sino un mandato. Y el Evangelio queda subordinado a un mundo caído.

¿En qué momento reconocemos que ya nos hemos adaptado bastante al mundo? ¿Qué es exactamente lo que esperamos que el mundo caído aporte al mensaje evangélico? ¿En qué momento nos damos cuenta de que hemos dejado de evangelizar y, de hecho, estamos siendo evangelizados por el falso evangelio de un mundo en desacuerdo con la gracia de Dios?

Ciertamente, hay campos del saber -como ciertas filosofías que existieron en el mundo antiguo- que pueden ayudar a la Iglesia a comprender el Evangelio y ciertos postulados dentro del mensaje salvífico de Jesucristo. Pero, ¿hemos sido tan diligentes y austeros como nuestros antepasados a la hora de discernir lo que debe ser bautizado y admitido en el tesoro intelectual y pastoral de la Iglesia y lo que debe ser tajantemente denunciado y descartado de él?

Citando a Dietrich von Hildebrand, ¿hemos permitido un Caballo de Troya en la Ciudad de Dios?

Al Evangelio no le ayuda la aquiescencia con los movimientos sociales de discriminación inversa, las agendas políticas para el desmantelamiento de las fronteras nacionales, el intento del movimiento LGBT+ de normalizar formas de vida desordenadas -y en algunos casos desviadas-, el esfuerzo transgénero por redefinir la antropología rudimentaria y otras modas sociales y formas de pensar similares.

A pesar de la inclinación de algunos de los pastores de la Iglesia a la adaptación y el compromiso, la Iglesia de Jesucristo se mantiene en tierra firme. El Evangelio puede ser eclipsado, pero nunca vencido. Puede ser ignorado, pero nunca perdido.

La Iglesia es más débil cuando disminuye su identidad con Jesucristo, y actualmente está siendo evangelizada por un mundo caído. La Iglesia es más fuerte, sin embargo, cuando los sucesores de los Apóstoles y los discípulos dentro de ella son fieles a la Gran Comisión, ejercen el celo apostólico y anuncian audazmente el Evangelio.

La Iglesia está en su mejor momento -es irresistible- cuando evangeliza activamente el mundo y anuncia con valentía el Evangelio de Jesucristo a las naciones. Esta es su misión. Éste es el certificado de buena salud de la Iglesia

Acerca del autor:

El padre Jeffrey Kirby, Doctor en Teología, es un teólogo moral y párroco de Our Lady of Grace en Indian Land, Carolina del Sur. Es el presentador del devocional diario, The Morning Offering with Father Kirby. El padre Kirby ha escrito varios libros, entre ellos  Sanctify Them in Truth: How the Church’s Social Doctrine Address the Issues of Our Time.

Comentarios

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *